P. Danila, sacerdote ortodoxo: "Los sacerdotes católicos miran cada vez más hacia Oriente en materia de literatura"

En 2009, Mons. Gerardo Melgar Viciosa firmó junto al Obispo Ortodoxo rumano para España y Portugal, Mons. Timotei Lauran, el convenio por el que se cedía para uso de la Iglesia Ortodoxa rumana la ermita de la Virgen del Mirón en la ciudad de Soria. Ahora hablamos con el P. Gabriel Danila, sacerdote a cargo de la parroquia ortodoxa rumana en Soria dedicada a San Antimo de Iberia.

P. Gabriel, muchas gracias por atendernos, como siempre, con el corazón abierto. Vamos a empezar por su procedencia…

Nací en Rumanía, en una ciudad industrial de Transilvania, en una familia pudiente que no tenía mucho que ver con la Iglesia. Mis padres sólo iban a la iglesia por la Pascua de Resurrección. Pero mi abuela paterna era creyente y fue la que me inculcó la fe en nuestro Señor y la persona que más influyó en mi vida cristiana. Me enseñó a rezar, a ir a la iglesia, cada noche antes de dormir me leía las Santas Escrituras, del Antiguo Testamento sobre todo, y empezó a gustarme esta vida que descubría en la Biblia. Empecé a ir a la iglesia con ella y a entender lo que significa la fe cristiana. A los 14 años elegí ir a un colegio teológico. Mi padre quería hacerme mecánico, en nuestra familia era una tradición de padre a hijo, pero yo elegí la Teología. Fue un poco triste para mi padre aunque después se acostumbró a la idea. Al final, en 2012 fui ordenado como sacerdote.

La Ordenación y la venida a España, todo muy seguido ¿verdad?

En realidad me ordené para venir a España. Yo había venido un par de veces a Pamplona. Unos amigos me llamaron un día y me dijeron que hacía falta un sacerdote para una ciudad de España y pensaban en mí. Yo les dije muy rotundamente que no. Insistieron mucho pero dije que no. Era y soy un gran patriota, no quería irme de mi país. En ese momento trabajaba como chófer, no pensaba ordenarme como sacerdote tan pronto, prefería ordenarme primero unos años como diácono. Pero por la mañana me desperté con una pregunta: “¿Por qué no?”. Fue algo dentro de mí que me decía: “Vete, vete…”. Así que vine y fui ordenado directamente para la parroquia de Soria. Fue algo muy difícil: el peso del sacerdocio y, además, ejercerlo en un país de mayoría católica. Dos cosas extrañas para mí.

Los católicos, por lo general, no conocemos mucho de la Iglesia Ortodoxa.

En Rumanía, cuando hablamos de la Iglesia Católica y la Ortodoxa, decimos que somos Iglesias hermanas porque hemos vivido mil años en común, más de la mitad de nuestro pasado. También tenemos diferencias. Además de las de los cuatro “puntos florentinos” creo que la gran diferencia es la vida diaria: nuestra influencia bizantina, que no la da necesariamente la fe, las costumbres del pueblo, la simbología. Esto se ve en la Santa Liturgia. La Liturgia católica es una reminiscencia de la ortodoxa, son sólo fragmentos de ella. En la Iglesia Ortodoxa los símbolos y la vida diaria se han conservado mejor desde la separación en 1054. Estamos más arraigados a los primeros años, a los Santos Padres, aunque ahora veo con mucha alegría que los sacerdotes católicos miran cada vez más hacia el Oriente en materia de literatura. Creo que con el Papa Francisco va a ser un poco más fácil conocer la Bizantinología, de la que es un gran conocedor.

Las Iglesias Ortodoxas son Iglesias nacionales…

Aunque se llamen Iglesia Ortodoxa rumana, rusa, griega… aunque tengan autocefalia y su propio Patriarca, esto es sólo jurídico y administrativo, en la fe no hay diferencias. El Símbolo de la fe (Credo), la Santa Liturgia, los sacramentos y los otros servicios litúrgicos son los mismos. La autocefalia fue más por el deseo de libertad de cada pueblo; en Rumanía surgió pocos años después de independizarse del Imperio Otomano. De todos modos, en la Iglesia Ortodoxa las decisiones se toman por Concilio y tenemos un Patriarca Ecuménico, Bartolomé I, Patriarca de Constantinopla. Todos representamos a la misma Iglesia, la Iglesia Ortodoxa.

¿Cómo es su parroquia aquí en Soria?

Es bastante pequeña. En la provincia hay unos mil rumanos, algunos de otras confesiones, ortodoxos unos 800. En Soria capital viven sobre 400. Hay un grupo de 30 ó 35 que vienen todos los domingos a la iglesia, otros ocasionalmente y otros sólo en la Pascua de Resurrección o la Navidad, cuando podemos llegar a unas 200 personas en el Mirón. Damos las gracias a los católicos por dejarnos el templo para el culto y para celebrar la Santa Liturgia. Pese a ser una comunidad muy pequeña, toda persona necesita y tiene derecho a la asistencia espiritual.

Hace ahora cuatro años desde su llegada a Soria ¿cómo ha sido este tiempo?

Cuando llegué a finales de 2012 junto a mi esposa Ana Camelia era más fácil [en la Iglesia Ortodoxa los sacerdotes han de casarse antes de ordenarse]. Ahora tenemos tres hijos: Andrei, Alexandra y Teodora. La comunidad es pequeña y el sostenimiento no es fácil pero los fieles son muy cariñosos y trabajadores, nos apoyan mucho. Son muy queridos y valorados por los españoles con los que trabajan y conviven.

Desde luego. Muchas gracias, querido P. Gabriel, por su testimonio de vida. Y por su expresión, en un español ya casi perfecto…

Esto significa ser extranjero; creo que lo más difícil es no poder expresar lo que quieres con exactitud.

Pero sí transmite lo más importante. Recuerdo cómo nos conmovió su primera predicación (con intérprete) en la Semana de oración por la unidad de los cristianos en 2013.

Sí pero, como pasa con los idiomas, en las homilías hay tantas cosas que no se pueden expresar… la Palabra de Dios es una palabra viva que se descubre cada día.

Demos gracias a Dios por poder ir descubriéndola juntos y seguir caminando, conociéndonos, amándonos, sintiéndonos verdaderos hermanos.

(Maite Eguiazabal – Iglesia en Soria)

 

 

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