Santi Palacios, premio ¡Bravo! de Fotoperiodismo, agradece”toda atención que puedan recibir las personas que migran”

Hoy miércoles 25 de enero ha tenido lugar en Madrid la concesión de los Premios ¡Bravo! 2016, que concede la Comisión de Medios de Comunicación (CEMCS), en la sede de la Conferencia Episcopal (CEE) , con la presencia del presidente el cardenal Ricardo Blázquez, arzobispo de Valladolid, el cardenal Carlos Osoro, vicepresidente y arzobispo de Madrid, y el Secretario General, D. José María Gil Tamayo.

También han participado los obispos miembros de la Comisión de Medios Mons. Salvador Giménez y Mons. Joan Piris, así como el presidente de la CEMCS, Mons. Ginés Garcia.

Entre los galardonados de esta edición se encontraba Santi Palacios, en la categoria de Fotoperiodismo. Al encontrarse de viaje hacia Irak y no poder retirar su galardón, el premiado ha remitido el texto que reproducimos a continuación:

Un saludo para todos lo presentes. Me gustaría agradecer toda atención que puedan recibir las personas que migran y por ello, si no les importa, también me gustaría pedirles que hagan un ejercicio de abstracción y que, por un momento, traten de imaginar que viven en una país en el que no pueden acceder a ningún recurso, o que viven en guerra, o en cualquier lugar en el que sufren persecución, ya sea por cuestiones políticas, religiosas o de orientación sexual.

Traten de imaginar que autoridades o milicias han matado a uno de sus hijos, tal vez también a su marido o a su mujer, o han violado a una de sus hijas. Imaginen que aún tienen dos hijos pequeños a su cargo pero no tienen dinero para mantenerles, ni forma de conseguirlo. ¿Qué harían ustedes?

Lo normal sería es que todos quisieran huir, migrar para buscar un lugar seguro en el que refugiarse con sus hijos. Ahora imaginen que la única forma de hacerlo es cruzar el Sáhara, las cordilleras y mesetas de Asia Central, o todos los países de Centro América.

Imaginen saber que en el camino se van a jugar la vida y la de sus hijos, o que el riesgo de violación para las mujeres es altísimo. Imaginen, por ejemplo, que realizan la ruta migratoria africana y que logran llegar a Libia después de ver como otros mueren en el desierto. Imaginen que deben trabajar durante meses a cambio de un salario ínfimo y viviendo en condiciones miserables para poder pagar un pasaje en una patera, aunque antes de que eso suceda han sido detenidos tres veces y encerrados en cárceles que se encuentran en pleno desierto.

Ahora traten de pensar que ya ha pasado un año desde que se vieron obligados a salir de su casa y que han logrado el dinero necesario para cruzar el Mediterráneo en una pequeña lancha de plástico. Si se lo están imaginando, piensen que van a embarcar de noche, junto a 100 desconocidos. Tal vez nunca habían visto antes el mar, pero ahora les toca subir a ese pequeño trozo de plástico con sus hijos.

Es de noche, la oscuridad es total en el mar, hace frío, hay olas y dentro de la embarcación no hay espacio para moverse. Algunas personas gritan, otras lloran, otras vomitan. La gasolina se desparrama por la embarcación y al mezclarse con el agua salada que entra por la borda produce quemaduras en las piernas.

Imaginen que cuatro personas caen de la embarcación por un golpe de mar. Les escuchan gritar durante varios minutos pero nadie sabe como recuperarlos del agua. Han muerto y eso también puede sucederle a ustedes.

Imaginen que después de 7 horas en el mar tienen la suerte de ser rescatados y trasladados a Europa. Imaginen que, en ese caso, después de lo que han sufrido, se encuentran en algún país europeo, sin casa, sin dinero, sin papeles, sin forma de acceder a un trabajo ni la posibilidad de cruzar fronteras. Incluso pueden imaginar que han sido detenidos e internados en un CIE para ser deportados de regreso al país del que estaban huyendo.

Todo esto lleva años ocurriendo. Miles de personas lo sufren a diario y todos somos responsables de forma activa o pasiva; pero algunos, además, son culpables.

Muchas gracias

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