Marta Calavera, virgen consagrada: “Nuestra vida de oración, de caridad o de apostolado va unida al trabajo profesional”

En Aragón residen cinco vírgenes consagradas, un orden de la Iglesia que comenzó en los albores del cristianismo y que resurge después del concilio Vaticano II.

Es la forma de consagración más antigua en la Historia de la Iglesia. En los primeros siglos del cristianismo algunas mujeres solteras decidían consagrarse al Señor en virginidad entregando su vida y su persona al servicio de la Iglesia. Inicialmente lo hicieron de forma privada y después públicamente siendo consagradas por su obispo en un rito solemne. Vivían en sus casas y de su trabajo y llevaban una vida de piedad, oración y con obras de caridad y apostolado.

Marta Calavera, que trabaja en el obispado de Barbastro en servicios de economía y administración, ha concedido una entrevista para Iglesia en Aragón.

El orden de las vírgenes consagradas ha evolucionado a lo largo de la historia…

A partir del siglo IV se inician los monasterios y las mujeres que querían consagrarse a Dios ingresaban en ellos y encontraban así más seguridad para su propia vida. Así fue cómo, poco a poco, fue desapareciendo el modo de vida del orden de las vírgenes hasta su revalorización en el siglo XX por medio del concilio Vaticano II.

¿Y actualmente?

Nuestra vocación se integra en la propia Iglesia diocesana y en comunión con el obispo de la diócesis de cuya jurisdicción dependemos.

¿Cuál es el centro de la vida de una virgen consagrada?

Nuestro ministerio es principalmente la oración. El día de nuestra consagración, que preside el obispo, nos entrega, junto al anillo esponsal, el libro de la Liturgia de las Horas para rezar la oración de la Iglesia, especialmente Laudes y Vísperas. En nuestra vida dentro del orden de vírgenes cualquier forma de caridad y apostolado es aceptada y todo en el servicio concreto que pueda encomendarnos el obispo.

¿Cómo las conociste y descubriste que ese era tu camino?

A través de una experiencia religiosa que hice con Hermanas de la Caridad de Santa Ana, en Vilafranca del Penedés, conocí la existencia de esta forma de consagración. Me hablaron del encuentro anual que habían tenido allí algunas de las que pertenecían en aquel momento en España al orden de vírgenes. Me interesé por este nuevo modo de consagración y después de un adecuado discernimiento comprendí que podía aceptar para mi vida esta llamada del Señor.

La vida de una virgen consagrada, ¿cómo es?

No somos religiosas ya que no pertenecemos a una congregación y no tenemos fundador ni constituciones propias. Manifestamos nuestra consagración en medio del mundo y viviendo de nuestro trabajo profesional. Unida al trabajo va nuestra vida de oración, de caridad o de apostolado. Podemos vivir asociadas, aunque manteniendo nuestra individualidad.

¿Y tu vida profesional?

Estudié Derecho en la Universidad de Zaragoza, trabajé como Secretaria-Interventora en la Administración Local y ahora trabajo en las oficinas del Obispado de la diócesis de Barbastro-Monzón, en servicios de economía y administración. En cuanto a actividades pastorales colaboro en las Delegaciones de Pastoral de la Salud y de Medios de Comunicación.

¿Cuántas vírgenes consagradas hay en Aragón?

Residiendo en Aragón, hay tres de la diócesis de Zaragoza, una de la de Tarazona y yo de Barbastro-Monzón. En España somos doscientas vírgenes consagradas. Tenemos un encuentro nacional al año cada vez en diferentes diócesis. 

(Rocío Álvarez – Iglesia en Aragón)

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