Marcos Lobato, vicario general en Astorga durante 37 años: "Sin oración y sin misa dominical, la fe decae"

El 4 de enero toda la diócesis de Astorga rendía homenaje al sacerdote D. Marcos Lobato Martínez, su Vicario General durante 37 años. Un día después, el hasta entonces director del Colegio Diocesano San Ignacio y delegado de liturgia D. José Luis Castro tomaba posesión como nuevo Vicario General de la diócesis.

La publicación Día 7 repasa en una entrevista las casi cuatro décadas en las que D. Marcos Lobato ha sido el vicario general de los tres últimos obispos de la diócesis.

37 años como Vicario General es mucho tiempo. ¿Qué balance hace usted de toda esta gran etapa?

R.: No es frecuente que un Vicario General esté tantos años en este oficio. Las circunstancias aquí han aconsejado a los distintos obispos que me nombraran y me confirmaran y han pasado 37 años. Ha sido una etapa de grandes cambios culturales y eclesiales en la Iglesia que han afectado también, como no, a nuestra diócesis.

Durante estos años se han puesto en funcionamiento organismos creados por el Concilio Vaticano II, por documentos posteriores al Concilio como por ejemplo, el Consejo Pastoral Diocesano, la renovación del Consejo Presbiteral, la creación del Fondo de Sustentación del Clero… son instituciones que están en el propio Código de Derecho Canónico.

También se crearon en estos años los Centros de Atención Pastoral, cuya filosofía y normativa redacté en un folleto que tiene plena actualidad y que los rige actualmente. Se hizo una normativa sobre cementerios, que está siendo imitada por otras diócesis, el Directorio para la Iniciación Cristiana, que lleva funcionando varios años y que nuestro obispo Mons. Juan Antonio Menéndez Fernández ha avalado en su totalidad. Desde el año 2000 se confecciona la Agenda Pastoral que es muy útil para los sacerdotes; los Planes y Programas pastorales. Se restructuraron los arciprestazgos pasando de 24 a 10.

Hasta hace tres años el Vicario General, en mi caso, tenía que responsabilizarse de todas estas tareas anteriormente citadas, pero con el nombramiento de Vicario de Pastoral me aliviaron mucho el trabajo. Aunque se resume muy fácilmente es un trabajo difícil que exige tensión. Pero doy gracias al Señor por lo que se ha hecho.

Ha sido Vicario General con tres obispos, Mons. Antonio Briva, Mons. Camilo Lorenzo y Mons. Juan Antonio Menéndez, ¿qué destacaría de cada uno de ellos?

Hago común a los tres la confianza y la amistad que me han dado. A la que yo he intentado corresponder, entendido como un deber de oficio de Vicario. Creo que los tres obispos con los que he trabajado según su carácter y preferencias personales se han desvivido por la diócesis.

Mons. Antonio Briva que venía de Cataluña y se aclimató costándole al principio, porque él era un hombre intelectual. Había sido Rector del Seminario de Barcelona y la pastoral rural a él le era desconocida. Pero pronto se hizo con la diócesis. Sufrí mucho con su muerte inesperada que me conmovió profundamente. Por inesperada y por el afecto que le tenía y me tenía. Con su muerte tuve que asumir la diócesis durante un año como Administrador Diocesano.

Mons. Camilo Lorenzo, todo sencillez, un sacerdote de recia vida espiritual. Para mi, modélico en vida de oración y de sacrificio. Él marcó el camino a seguir en nuestra Diócesis en los años que estuvo. Recorrió varias veces todas las parroquias.

Y por último el regalo que nos ha hecho el Señor con D. Juan Antonio. Yo le conocía de muchos años en su etapa como Vicario General de Oviedo. Las primeras palabras que le dije cuando me llamó para comunicarme su nombramiento fueron: “El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres”. Y después de un año con él yo repetiría estas mismas palabras, porque estamos alegres: sacerdotes, fieles… por su cercanía, alegría, optimismo…

Recientemente ha reunido a los sacerdotes diocesanos por edades para presentarles su segunda Carta Pastoral que ha escrito en el año que lleva como Obispo de Astorga. Preciosa Carta que merece la pena leer detenidamente y que puede ser una especie de vademécum para los sacerdotes en estos años que vivimos.

El Vicario General participa en la potestad administrativa episcopal sobre toda la diócesis, es sin duda un cargo de gran responsabilidad. Explíquenos brevemente cuáles son las funciones de un Vicario General.

El Vicario General es un ejecutor de actos administrativos que se realizan en el despacho. Frecuentemente o casi diariamente se comunica con el obispo para informarle de hechos, de personas, de acontecimientos…

En mi despacho hay muchas consultas de sacerdotes y de fieles, porque también los diocesanos tienen todo el derecho, muchas veces yo diría como recurso, ante conflictos que puede haber en las parroquias o con algún sacerdote. Tienen el recurso de dirigirse al Vicario General, cosa que algunas veces no es bien entendido. Y en esa comunicación casi diaria con el Obispo debe hacerle sugerencias de tipo pastoral, de determinaciones que hay que dar, que hay que hacer, y recibir del obispo también orientaciones. Hasta hace tres años en nuestra diócesis ha sido el impulsor, muchas veces redactor, de documentos, estatutos, a los distintos organismos de la diócesis.

¿Seguirá sirviendo a la diócesis de Astorga en algún otro cargo que el Obispo le encomiende?

Lo que sí sabe el Obispo es que yo estoy disponible para lo que él mande. He intentado ser fiel a la promesa de obediencia que un 29 de junio del año 1963 cuando el obispo, en ese momento D. Marcelo, en un momento del rito de la ordenación sacerdotal se dirige al candidato y D. Marcos Lobato junto al Obispo Mons. Juan Antonio Menéndez le pregunta: “¿prometes obediencia a mí y a mis sucesores?”, Yo dije aquel día: prometo. Por eso voy a intentar ser fiel a lo que el obispo me mande en adelante.

El sacerdote José Luis Castro le sucederá en el cargo. ¿Cómo lo animaría para afrontar este nuevo reto que se le ha encomendado?

Yo regresaría con la memoria al rito de la ordenación sacerdotal en la que el obispo dice: “Dios que comenzó en ti la obra buena, él mismo la llevará a término”. Si es así, yo le diría: “confía en Dios. Trata con el señor en la oración diaria. Que es fuente de fortaleza para afrontar momentos difíciles que hay también en este oficio de Vicario General”. Y luego, desde esa confianza en Dios, confiar en los organismos diocesanos en los que se reflexiona y se toman decisiones e insistiría: “siéntete muy cercano al Obispo”. Y concretaría: “cuida también de la persona del obispo, que se sienta querido y que se sienta apoyado”. Los obispos están más solos de lo que creemos, necesitan también del apoyo, de la cercanía, de la alegría, de momentos lúdicos con él. Para que como hombre no se sienta solo.

¿Qué mensaje le enviaría a los diocesanos?

Lo primero que le pediría a los diocesanos es que recen por la fidelidad y santidad de los sacerdotes. Que recuperen también la alegría, yo diría, el orgullo de tener en la parroquia o en la familia un sacerdote. Hace años para las familias era muy importante el tener un hijo, un hermano o un amigo sacerdote. Hoy quizá se ha perdido, yo diría, este orgullo. También diría que sin oración y sin Misa dominical la fe decae y, donde no se celebra la eucaristía, desaparece la fe, se agrieta la vida cristiana. Estamos viviendo momentos difíciles por la escasez de sacerdotes. Acostumbrados a tener Misa en todas las parroquias, hoy hay que buscar la parroquia en la que se celebra. Hay que mortificarse, salir de la propia parroquia, asistir a la más cercana. Hay que buscar el alimento espiritual donde esté. Porque sin fe, sin vida cristiana, sin oración, sin Misa dominical se adueñan de nosotros los enemigos de Dios y se convertirán en ocupas de nuestra mente y de nuestro corazón.

(Diócesis de Astorga)

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