Papa Francisco: «Ser cristiano, ante todo, es dar testimonio de Jesús»

Dar “testimonio de Jesús”, con ejemplos de vida cristiana, acciones concretas y sin “habladurías”. Lo manifestó el Papa Franciso, al visitar el tercer domingo día 15 de enero por la tarde, la Parroquia de Santa María en Setteville, en el ayuntamiento de Guidonia, en la diócesis de Roma. El Pontífice, que ya había visitado este barrio en el año 2014, reanudó así sus visitas a las parroquias romanas, tras la pausa durante el Año Santo Extraordinario de la Misericordia, en que Francisco tuvo numerosas actividades relacionadas con el Jubileo y sus peregrinos.

Esta visita comenzó con el encuentro que el Obispo de Roma mantuvo con el vice párroco, afectado desde hace dos años por una grave forma de esclerosis lateral amiotrófica, tal como leemos en el informe de nuestra colega Giada Aquilino:

Un encuentro privado, caracterizado sobre todo por la oración, fue el que mantuvo el Papa Francisco con el Padre Giuseppe Berardino,  vice párroco de Santa María en Setteville, quien a causa de su enfermedad ha perdido la posibilidad de moverse autónomamente. El Papa Bergoglio pudo ver el signo de su testimonio y el fruto de su obra en esta Parroquia ya a partir de su encuentro con los chicos y chicas que acaban de recibir el Sacramento de la Confirmación, y cuya preparación comenzaron hace cinco años con el Padre Giuseppe.

El Pontífice, acompañado por el Párroco, Luigi Tedoldi, invitó a los jóvenes a plantear preguntas y a dar el testimonio de su presencia en la Parroquia, que  – dijo – “es una gracia del Señor”, frente a los chicos que se alejan de la Iglesia después de la Confirmación. De ahí que Francisco haya observado que suele ser considerado el “Sacramento del adiós”. Mientras con los niños el Papa se detuvo a considerar el significado del testimonio como “ejemplo de vida”:

“Yo puedo hablar del Señor, pero si yo con mi vida no hablo dando testimonio, ¡no sirve! ‘Pero, Padre, yo soy cristiano, y hablo del Señor. ‘Sí, pero tú eres un cristiano-papagayo; sólo de aquí: palabras, palabras, palabras’. ¿Te acuerdas de esa canción…? No, ustedes no, son jóvenes… ¿Sí? ‘Palabras, palabras, palabras’… Y nada más. El testimonio cristiano se hace con la palabra, con el corazón y con las manos”.

El Santo Padre también exhortó a escuchar, a salir al encuentro del otro, a pedir perdón y a perdonar, a realizar obras de misericordia con los enfermos, los presidiarios y los pobres. Y a tener fe, viviéndola y demostrando, con los hechos, lo importante que es esto:

“No se debe explicar. Escuchen bien esto: si tú tienes un amigo, una amiga que no cree, tú no debes decir: ‘Pero, tú debes creer por esto, por esto, por esto’… y explicarle todas las cosas. ¡Esto no se debe hacer! Esto se llama proselitismo, y nosotros los cristianos no debemos hacer proselitismo. ¿Qué cosa se debe hacer? Si yo no puedo explicar, ¿qué cosa debo hacer? Vivir de tal manera que sean él o ella los que me pregunten: ‘¿Por qué tú vives así? ¿Por qué tú has hecho esto’? Y allí sí, explicar”.

El Papa los invitó a hablar y a servirse del ejemplo de los abuelos, que “custodian la familia”: son nuestra “memoria” – les dijo – nuestra “sabiduría”, a la vez que subrayó que también son “amigos”.

Por otra parte, durante su encuentro con los colaboradores de la pastoral, Francisco recordó cuando en Buenos Aires hacía catequesis “con una película”: por ejemplo, invitando a mirar un filme japonés, de Kurosawa, “Rapsodia en agosto”, para explicar el diálogo entre abuelos y nietos. Y ante la pregunta de un parroquiano, respondió que no vio la película dedicada a su vida. Mientras, en cambio, contó que a veces caminó “en la oscuridad” de la fe: hay días – explicó el Papa –  en lo que “no se ve”, pero después, con la ayuda del Señor, se vuelve a ver.

En cuanto, por ejemplo, ante una calamidad, el Pontífice se refirió a los trece niños nacidos después del terremoto que afectó el Centro de Italia y a los que bautizó en la capilla de la Casa de Santa Marta el sábado 14 de enero. Y relató que un padre perdió a su esposa durante el sismo, por lo que exhortó a los parroquianos a “respetar esa oscuridad del alma”. Porque después será el Señor quien despertará la fe. “La fe – dijo – es un don del Señor. A nosotros nos corresponde custodiarlo… Y agrego que no se estudia para tener fe: la fe se recibe como un regalo”.

Mientras el encontrarse con los enfermos, el Papa se detuvo a reflexionar – al igual que en otras ocasiones – acerca del sufrimiento, incluyendo el causado por los “niños con problemas”:

“Hay cosas que no se pueden explicar, pero que suceden: la vida es así; la vida es así. Jesús ha querido estar cerca de nosotros incluso con su dolor, con su pasión, con sus propios sufrimientos, y Jesús está cerca de todos ustedes”.

Con los padres de los 45 niños bautizados en esta Parroquia en el curso del último año, Francisco se detuvo a subrayar la “alegría de la vida que va adelante”, típica de los pequeños. Y volvió a proponer los consejos que suele dar a las parejas: que jamás los niños vean “pelear” a su mamá y su papá; y que jamás terminen la jornada sin “haber hecho las paces”. Además, tras haber confesado a cuatro personas, en la homilía de la Misa el Obispo de Roma volvió a invitar a dar testimonio de Cristo:

“Hay tantos cristianos que confiesan que Jesús es Dios; hay tantos sacerdotes que confiesan que Jesús es Dios, tantos obispos… pero todos ¿dan testimonio de Jesús? ¿O ser cristiano es como un modo de vivir, como ser partidario de un equipo? ‘Pero, sí, soy cristiano – casi…’. O como tener como filosofía: ‘Yo cumplo estos mandamientos, soy cristiano, debo hacer esto’… Ser cristiano, ante todo, es dar testimonio de Jesús”.

Y una parroquia – prosiguió diciendo el Papa – es “incapaz” de dar testimonio si en su propio interior se insinúan las “habladurías”. De ahí que haya puesto el ejemplo de los Apóstoles, que también traicionaron a Jesús, pero que jamás  – dijo – “hablaban mal” unos de otros:

“¿Quieren una parroquia perfecta? Nada de habladurías. Nada. Si tú tienes algo contra alguien, ve a decírselo en su cara o díselo al párroco; pero no entre ustedes. Éste es el signo de que el Espíritu Santo está en una parroquia. Los demás pecados, todos los tenemos. Hay una colección de pecados: uno toma este, otro toma aquel, todos somos pecadores. Pero lo que destruye, como la carcoma, a una comunidad son las habladurías”.

Antes de despedirse de Guidonia, el Santo Padre saludó a los fieles que, durante varias horas, lo habían esperado fuera de la iglesia. Y les dejó una tarea: que el suyo – les dijo Francisco – sea un “barrio de paz”.

(María Fernanda Bernasconi – RV).

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