Jornada Mundial de las Migraciones

Mons. Francesc Pardo i Artigas            Hoy, la Iglesia celebra esta jornada, y lo hace en un momento en el que  el hecho de las migraciones es complejo y urgente, y pone a prueba nuestra humanidad y nuestro cristianismo.

Recordemos que el Mediterráneo se está convirtiendo en un gran cementerio, y los campos de refugiados a las puertas de nuestra Europa nos interpelan de forma permanente. Breve resumen de una conversación en la que se manifiestan diversas actitudes.

Deteniendo la inmigración a las puertas de Europa estamos perdiendo los valores que nos han configurado. Los gobiernos son los primeros responsables, pero también gran parte de la ciudadanía, ya que no aceptamos rebajas en nuestro estado del bienestar

–  No podemos acoger a más inmigrantes, ni a los “normales”, ni a los que buscan refugio, porque los servicios públicos están saturados y no disponemos de más recursos.

– ¡Ah!, y también hay que pensar en la seguridad de las personas. Los últimos atentados nos obligan a ser prudentes.

– ¿Y por qué no se quedan en su tierra? Deberíamos aceptar únicamente la mano de obra necesaria para nuestro país.

– Nosotros ya estamos dispuestos. Caritas, Cruz Roja, voluntarios, ayuntamientos… estamos preparados… pero no les dejan venir.

La conversación manifiesta algunas de las cuestiones que se plantean en relación con esta realidad, que afecta a miles de personas en todo el mundo. Se impone una reflexión, ni que sea muy sintética, desde la Doctrina Social de la Iglesia.

–  Emigrar es un derecho fundamental e inalienable de las personas en razón de su dignidad. Toda persona tiene el derecho a emigrar en búsqueda de condiciones dignas para ella y su familia.

–  El derecho de las personas a emigrar implica el deber moral de las sociedades y los estados de acoger a los inmigrantes. Ello no impide que se hayan de regular los flujos migratorios. Las autoridades han de ejercer su responsabilidad atendiendo los derechos de los inmigrantes y las posibilidades reales de acogida.

–  Toda persona tiene derecho a disponer en su tierra o país de unas condiciones de vida dignas. Tener que emigrar para vivir es una injusticia. He aquí la responsabilidad de la comunidad internacional de favorecer el desarrollo de los países más necesitados. Más aún si la inmigración es consecuencia de guerras o de conflictos políticos. En esta situación la búsqueda de la paz es prioritaria. Debe lucharse siempre contra las causas que provocan la inmigración forzada.

–   Los inmigrantes son personas, y como tales han de ser reconocidos y tratados. Su dignidad humana reclama el reconocimiento de los derechos  y deberes fundamentales de toda persona, sea “nacional”, sea “extranjera”. Los inmigrantes tienen derechos y deberes porque son personas, no porque se les concedan.

–  Entre tales derechos hay que pensar en el trato en igualdad de condiciones, un trabajo y un sueldo dignos, la reagrupación familiar, los servicios de educación y de salud, el derecho a conservar la propia identidad….

–    Pero, al mismo tiempo, los inmigrantes tienen deberes: colaborar en la realización del bien común; el derecho al trabajo y a la búsqueda del mismo; cumplir las leyes; integrarse en la vida social y ser responsables de la convivencia; y respetar y valorar la identidad cultural, religiosa e histórica de la sociedad que les acoge.

El beato Papa Pablo VI, escribía: “Es deber de todos, y especialmente de los cristianos, trabajar con energía para instaurar la fraternidad universal… No podemos invocar a Dios, Padre de todos, si nos negamos a comportarnos fraternalmente con los demás”.

Acoger a los inmigrantes es cosa de todos. ¿Con qué actitud trato a los que ya están junto a mi casa, y cómo trataré a los que vendrán?

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
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Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.