¿Existe el pecado?

Mons. Francisco Pérez          Estamos embaucados por una serie de ideologías que manifiestan un sentimiento prepotente en el que se afirma que el pecado es una palabra ancestral y pasada de moda.

Ya el filósofo Russell decía que el pecado es una palabra que debería borrarse del diccionario. Además se pretende demostrar esta ausencia del pecado de una forma malversada y maliciosa cuando por otra parte, cada día, se propugna un “justicialismo” matizado, hasta el extremo, ante los desmanes que vienen propiciados por la falta de sentido ético o moral de la vida tanto personal como social.

Se pretende poner una barrera para detener los desvíos que llegan hasta situaciones insospechadas y no se logra porque hay gran falta de claridad de mente y desviación del corazón. La Palabra de Dios nos habla con mucha franqueza: “Si decimos que no tenemos pecado nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, fiel y justo es Dios para perdonarnos y limpiarnos de toda iniquidad” (1Jn 1,8). Si alguien tiene sano el “olfato del alma”, sentirá cómo huelen mal los pecados y así lo viven aquellos que han seguido al buen olor que proporciona el seguimiento a Jesucristo.

La Iglesia que es Madre y Maestra nos acompaña permanentemente cuando reflexiona sobre el mal y nos advierte: “La figura de este mundo está afeada por el pecado” (Concilio Vaticano II, G.S. 49). No obstante como nos recuerda San Pablo: “Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia” (Rom 5, 20). Pero para hacer su obra, nos recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica, la gracia debe descubrir el pecado para convertir nuestro corazón y conferirnos “la justicia para la vida eterna por Jesucristo nuestro Señor” (Rom 5,20-21). Como un médico que descubre la herida antes de curarla, Dios, mediante su palabra y su espíritu, proyecta una luz viva sobre el pecado y nos ofrece la medicina de la misericordia.

Ya San Agustín advertía y afirmaba con mucha finura espiritual y apoyándose en su experiencia personal: “No tengáis en poco esas faltas a las que ya quizás os habéis acostumbrado. La costumbre lleva a que no se aprecie la gravedad del pecado. Lo que se endurece pierde la sensibilidad. Lo que se halla en estado de putrefacción no duele, no porque esté sano, sino porque está muerto. Si al pincharnos en algún sitio nos duele, es que esa parte está sana y ofrece posibilidad de curación. Si no nos duele es que ya está muerto: hay que amputarla” (Sermón 17). Muchas veces se oye decir que el pecado ya ha pasado de moda y que hoy el progreso ha eliminado tal concepto. Y yo me pregunto: ¿Es progreso el alto porcenteaje de corrupción moral que existe? ¿Es progreso eliminar la vida en el seno de la madre? ¿Es progreso vivir a espaldas de los mandamientos de la ley de Dios? ¿Es progreso considerar que uno es dueño de su vida y pueda hacer lo que le venga en gana? ¿Es progreso la violencia en sus varios y diversos matices?

Fue el Papa Pío XII quien afirmó: “Quizás el mayor pecado del mundo de hoy consista en el hecho de que los hombres han comenzado a perder el sentido del pecado” (Radiomensaje al VIII Congreso Catequético de los EE.UU., 26 de octubre de 1946). La insensibilidad ante tal forma de vivir y pensar provoca mayores males. No nos engañemos queriendo manejar la vida según nuestros criterios. El pecado, sigue afirmando el Catecismo, es una falta contra la razón, la verdad, la conciencia recta; es faltar al amor verdadero para con Dios y para con el prójimo, a causa de un apego perverso a ciertos bienes. Hiere la naturaleza del hombre y atenta contra la solidaridad humana. Por lo tanto el pecado va contra el humanismo auténtico y se convierte en un antihumanismo. El pecado existe y sólo viene vencido por el amor misericordioso de Dios, basta que uno se deje curar.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).