Unidad de los cristianos

Mons. Jaume Pujol          La unidad de los cristianos, tema al que dedicamos una semana de oración cada año por estas fechas, es un viejo anhelo que no cambia. Lo que sí cambia es la actitud con la que se afronta, sobre todo desde el Concilio Vaticano II y a impulsos del movimiento ecuménico.

Los últimos papas han tomado este reto como una prioridad de sus pontificados. Pablo VI se preguntó: «¿Cómo podemos anunciar de manera creíble el mensaje de paz que viene de Cristo si entre nosotros continúan habiendo rivalidades y contenciosos?».

El Papa Francisco aborda el desafío con un lenguaje nuevo y rotundo. Con ocasión de su encuentro con el patriarca de Constantinopla Bartolomé I en Estambul en 2014, dijo: «La comunión plena no significa sumisión de uno al otro ni absorción, sino acogida de todos los dones que Dios ha dado a cada uno». Y aún: «La Iglesia Católica no pretende imponer ninguna exigencia excepto la de profesar la fe común y que estemos dispuestos a buscar juntos».

Son conocidas las razones históricas y políticas que determinaron la fractura de la Iglesia de Jesucristo. La separación entre católicos y ortodoxos se remonta a 1054, es decir a mil años, y la escisión con los protestantes viene de hace cinco siglos.

El 31 de octubre de 1517 Martin Lutero clavó supuestamente sus famosas 95 tesis en la puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg. Esta leyenda –parece demostrado que no fue así– perdura hasta hoy. Es un símbolo de cómo se mezcla lo legendario con lo real. Lo cierto es que durante siglos ha habido una incomprensión y mutuo rechazo que dificultaba avanzar.

Con ocasión del encuentro de Lund (Suecia) propiciado por el Papa con los luteranos con motivo de los 500 años de la Reforma, Francisco ha expuesto algunas ideas sugerentes. Como ejemplos: No confundir unidad con uniformidad; la unidad no pasa por renunciar a una historia de fe; es un don, no el resultado de esfuerzos diplomáticos; se logrará si se avanza en el amor y en el servicio a los más necesitados.

En este tiempo en la que los países reciben a cientos de miles de inmigrantes y refugiados, la ocasión para prestar este servicio es clara, y aquí no hay que distinguir entre religiones de los que llegan ni de quienes prestan estos auxilios. En esta coyuntura, avanzar en la unidad se traduce en ayudar al prójimo como si fuera el mismo Jesús. Es el mejor camino para la unión entre nosotros.

 

† Jaume Pujol Balcells

Arzobispo metropolitano de Tarragona y primado
Mons. Jaume Pujol
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Nace en Guissona (Lleida), el 8 de febrero de 1944. Cursó los estudios primarios en los colegios de las Dominicas de la Anunciata y de los Hermanos Maristas de Guissona. Amplió sus estudios en Pamplona, Barcelona y Roma. Realizó el doctorado en Ciencias de la Educación en Roma, donde cursó estudios filosóficos y teológicos. Es doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, en Madrid, el 5 de agosto de 1973, incardinado en la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei.CARGOS PASTORALESFue profesor ordinario de Pedagogía Religiosa en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desde el año 1976 y hasta su consagración episcopal, dirigió el Departamento de Pastoral y Catequesis, y desde el 1997, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, los dos de la misma Universidad.Ocupó distintos cargos en la Facultad de Teología: director de estudios, director del Servicio de Promoción y Asistencia a los Alumnos, secretario, director de la revista Cauces de Intercomunicación (Instituto Superior de Ciencias Religiosas), dirigida a profesores de religión.Durante sus años en Pamplon dirigió cursos de titulación, formación y perfeccionamiento de catequistas, profesores de religión y educadores de la fe, y tesis de licenciatura y de doctorado. Su trabajo de investigación se ha centrado en temas de didáctica y catequesis; ha publicado 23 libros y 60 artículos en revistas científicas, obras colectivas, etc. También ha desarrollado otras tareas docentes y pastorales con jóvenes, sacerdotes, etc.El día 15 de junio de 2004 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Tarragona, archidiócesis metropolitana y primada, responsabilidad que, hasta hoy, conlleva la presidencia de la Conferencia Episcopal Tarraconense, que integran los obispos de la provincia eclesiástica Tarraconense y los de la provincia eclesiástica de Barcelona. El día 19 de septiembre de 2004, en la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona, fue consagrado obispo y tomó posesión canónica de la archidiócesis. El día 29 de junio de 2005 recibía el palio de manos del Papa Benedicto XVI, en la basílica de San Pedro del Vaticano.OTROS DATOS DE INTERÉSEn la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y Seminarios y Universidades. Cargo que desempeña desde 2004.Además, ha sido miembro de la Comisión Permanente entre 2004 y 2009.