El camino desde el Bautismo hasta la Cruz

Mons. José Manue Lorca       IV domingo de Navidad. No apaguéis las luces de la Navidad. Hemos vivido días estupendos y llenos de ternura, porque el Nacimiento de Nuestro Señor nos ha traído aires nuevos y renovados para seguir adelante con el empeño de hacer la voluntad de Dios a pesar de las dificultades.

En Navidad Jesús nos enseñó a saber aceptar medios pobres y sencillos, pero nuestra vida está en las manos de Dios y guiada por Él. Ciertamente que los comienzos han sido humildes desde un pequeño pesebre oculto, pero apuntan a la eternidad, a llenar el corazón de la humanidad de paz y de esperanza. Hemos contemplado la gloria de Dios hecho hombre, nacido de la Virgen María por obra del Espíritu Santo, en toda su potencia.

Esta verdad sobre el Mesías que viene en el poder del Espíritu Santo encuentra su confirmación durante el Bautismo de Jesús en el Jordán, porque a partir de este momento histórico, Jesús da comienzo a su actividad mesiánica. En los domingos siguientes, la liturgia nos urgirá a estar alerta y mantener encendidas las lámparas, porque las vamos a necesitar para el camino. La Palabra del Señor nos guiará en el sendero y nos dará la luz y el criterio para avanzar sin hacer caso a los cantos de las sirenas, que señalan rutas falsas para la perdición. Prestad atención a la voz de Dios, que se comunicará con nosotros por medio de palabras y de signos.

Un gran signo que nos hará más cercano el corazón misericordioso de Dios va a ser este año de la Vera Cruz, cuya actividad jubilar se inaugura hoy en Caravaca de la Cruz, Diócesis de Cartagena. Si alguien se preguntara por qué la cruz de Cristo es signo de excelencia, la respuesta a este interrogante nos la ofrece una vez más la Palabra de Dios, la tenemos en el Evangelio de San Juan: “Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga la vida eterna” (Jn 3,16). La Cruz nos está hablando a lo más hondo del corazón de amor, perdón, misericordia, reconciliación, vida… y el protagonista de esta historia de salvación es Jesucristo. Dios Padre ha dado a su Hijo unigénito por la salvación del mundo, entregándolo a la muerte de cruz por los pecados del mundo, por amor: “¡Tanto amó Dios al mundo!”. El amor sigue siendo la explicación definitiva de la redención mediante la cruz. Es la única respuesta a la pregunta ‘¿por qué?’.

Hoy iniciamos el Año Jubilar de Caravaca de la Cruz, un año de gracia concedido por el Papa San Juan Pablo II para cada siete años con el don de la indulgencia plenaria. Ya conocen que las indulgencias permiten remitir la pena temporal, gracias a los méritos de valor infinito de Nuestro Señor Jesucristo, Redentor del género humano, y los méritos de la Santísima Virgen María y de todos los santos, que dimanan sobreabundantemente de los de Jesús. El pecador perdonado puede necesitar una purificación ulterior, es decir, puede ser deudor de una pena temporal que ha de satisfacer en la vida terrena o en la otra vida, en el purgatorio. La indulgencia permite remitir aquella pena temporal.

En Caravaca de la Cruz te espera la oportunidad de una vida nueva. Venga, nos ponemos en camino de la gracia y la paz del corazón.

Mons. José Manuel Lorca
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Mons. D. José Manuel Lorca Planes nació en la localidad murciana de Espinardo, diócesis de Cartagena, el 18 de octubre de 1949. Curso los estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor "San Fulgencio“ de Murcia. Es licenciado en Teología Bíblica por la Facultad de Teología de Granada. Recibió la ordenación sacerdotal el 29 de junio de 1975. Recibió la ordenación episcopal en Teruel el 6 de marzo de 2004. Nombrado Obispo de Cartagena el 18 de julio de 2009, tomó posesión el 1 de agosto de ese mismo año. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades.