Mónica Campos: "Educar y cuidar a la familia es educar y cuidar el corazón de la persona"

Mónica Campos es la coordinadora del Centro de Orientación Familiar (COF) de la diócesis de Valladolid. El pasado 30 de diciembre, con el lema “Vivir la alegría del amor en la familia”, tuvo lugar la Jornada de la Sagrada Familia. La publicación quincenal Iglesia en Valladolid le ha realizado una entrevista.

El COF Diocesano ha celebrado su octavo cumpleaños. ¿Cuál es el balance?

Muy positivo. Ha ido creciendo la tarea, se han ido incorporando nuevos voluntarios y colaboradores. Se ha ido definiendo un poco más también el sentido de nuestra labor, a la vez que se va dando a conocer este servicio diocesano dentro de las parroquias o de los colegios.

¿Qué ha cambiado en las familias y matrimonios en estos años, que además han sido de crisis económica?

Los cambios más significativos tienen que ver con la situación económica, que a la vez crea inestabilidad dentro de las familias. También se dan realidades que comenzaron a gestarse hace unos años: Esos nuevos modelos de familia, dentro de toda una nueva construcción cultural, que se está trasmitiendo desde los más peque- ños en los colegios. Esto hace que tengamos necesidad de definir cada vez más cuál es el valor y el sentido del matrimonio y de la familia.

El COF ha ido ampliando su campo de actuación y abarca diferentes aspectos de la asistencia, la acogida y promoción de la vida y la formación, ¿por qué es imprescindible proteger a las familias?

El valor de la familia es enorme, y más en la sociedad de hoy en día. Cuidar a la familia es cuidar a la persona, destruir a la familia es destruir a la persona. Es donde uno aprende a comunicarse, aprende los valores que construyen lo que es la persona, lo que es el respeto, lo que es aprender a perdonar… Es decir: Educar a la familia es educar el corazón de la persona. Por eso entendemos que si cuidamos a la familia, no es que cuidemos a la sociedad, cuidamos el núcleo de la sociedad que es la persona.

De las enseñanzas de la exhortación Amoris Laetitia, ¿con cuál se queda?

Con el capítulo cuatro. Es una carta de caridad en la que el Papa parece que nos está espiando por un agujerito y que es capaz de reconocer cada una de las dificultades de los matrimonios. A mí me parece que nos dice una palabra de padre. Es decir, nos dice lo que necesitamos, nos corrige también, a la vez que nos alienta. Es firme y claro. Pone una ternura y una mirada de esperanza a lo que es la vida del matrimonio y nos invita a querernos cada día más y mejor.

Ha ayudado a evitar separaciones o abortos, ha enseñado a jóvenes la importancia de la sexualidad y les ha preparado para el sacramento del matrimonio, ¿qué aspectos de su trabajo considera más gratificantes?

Lo más bonito del trabajo en el COF es la sensación de acompañar y ser acompañados. Es decir, que nosotros no somos los que salvamos a nadie, sino que entramos en relación con las personas, las familias, y en esta posibilidad de encuentro personal hacemos un recorrido en el que todos aprendemos. Yo soy consciente de haber recibido mucho de las familias que han pasado por aquí. Ayudarlas o acompañarlas me ha ayudado a mi a crecer profesionalmente, pero sobre todo humanamente, y a tomar conciencia también, viendo sufrir a otros, de tantos motivos que uno tiene por los que dar gracias.

¿Qué papel juegan los voluntarios en la labor del COF de Valladolid?

Son uno de sus pilares. Son colaboradores inestimables, sobre todo en el servicio de ayuda a la vida y, a la vez, son un milagro porque la verdad es que han ido apareciendo de una forma que no nos podíamos imaginar al principio.

El COF trabaja en colaboración con las parroquias de la diócesis. ¿Cómo reciben las iniciativas?

Cuando el COF se inauguró quisimos trasmitir a los sacerdotes —creo que así lo han entendido— que somos una ayuda fundamentalmente para ellos, porque el sacerdote en su parroquia tiene muchísimas familias, con muchísimas dificultades y muchas necesidades, y a veces se sentían un poco limitados. Ahora saben que pueden derivarnos a los matrimonios que tienen dificultades en su relación o en la educación con los hijos, a las personas que han perdido un ser querido…

Hay muchos servicios para los que los sacerdotes han encontrado en el COF un apoyo que necesitaban. A la vez, hay una demanda clara en todo el ámbito de la formación, tanto desde las parroquias como desde los centros educativos.

(Teresa Lapuerta – Archidiócesis de Valladolid)

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