Hijo de Dios… hijos e hijas de Dios

Mons. Francesc Pardo i Artigas             Hoy celebramos la fiesta del Bautismo del Señor, que culmina el tiempo litúrgico de Navidad y Reyes. ¿Cuál es el sentido de esta fiesta para nosotros?

Es la continuación de lo que hemos celebrado estos días de Navidad y Reyes. Pero hoy ya no contemplamos a Jesús niño, sino a un hombre adulto que inicia su misión pública, y que por ello primero se acerca al río Jordán para ser bautizado por Juan.

El Bautismo de Jesús por medio de Juan es un hecho de revelación, de manifestación de quien es aquel hombre. Por ello esta fiesta es también “epifanía” o “revelación” de Jesús.

Los evangelistas, al narrar este hecho, desean responder a una pregunta: ¿Quién es este hombre, el tal Jesús de Nazaret, que a partir de ahora comenzará a hablar, enseñar, sanar, perdonar…?

El testimonio de Dios Padre y del Espíritu dan la respuesta: “Éste es mi Hijo, en quien me complazco”.

Nosotros también hemos sido bautizados, no con el bautismo de Juan, sino en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Nuestro bautismo también manifiesta o “revela” quienes somos, cuál es nuestra misión, qué hemos de hacer y qué podemos esperar.

Algunas notas en relación a nuestro bautismo:

También aquel día, bautizados en nombre de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, se dijo de cada uno de nosotros: eres mi hijo / eres mi hija. Nuestro reto o nuestra respuesta es que cada día se nos pudiera decir: “En ti me he complacido”.

  Nuestra misión es la de vivir como hijos e hijas de Dios. Por ello es necesario estar disponibles para que Jesús nos vaya configurando mediante los sacramentos y la plegaria. Por ello debemos conocer a Jesucristo para que sus actitudes, prioridades e intereses sean los nuestros, hoy, en este nuestro tiempo.

   Por eso mismo, es necesario que vivamos como miembros de la gran familia de Jesús, la Iglesia, ya sea para recibir la gracia de Dios y la ayuda de los hermanos como para seguir viviendo —en nuestro mundo, en nuestro entorno— la presencia y la acción del Señor. Como Iglesia vivimos, celebramos, crecemos y testimoniamos nuestra condición de bautizados.

   Y no olvidemos que ser bautizado, ser hijo o hija de Dios, es la mayor dignidad o el título más importante que se puede tener en este mundo.

Pienso, al mismo tiempo, en dudas o interrogantes entorno al bautismo, sobretodo el de los niños, porque es bueno observar que, en los últimos años, jóvenes y adultos han redescubierto por diversos motivos el sentido del bautismo recibiéndolo tras un tiempo de catecumenado.

He escuchado a muchos abuelos y familiares preocupados porque sus hijos no tienen deseo alguno de bautizar a los nietos. En reuniones preparatorias del bautismo o en conversaciones personales, algunos padres preguntan: “Bautizar, ¿para qué?”, ¿Acaso no se crece y se vive igual bautizado o no? Nosotros queremos seguir la tradición ya que hemos sido bautizados de pequeños, pero lo vemos como un acto social. Ya se bautizará cuando sea mayor, si así lo desea…”.

Podría seguir reproduciendo conversaciones similares, pero dejo que seáis vosotros quienes les actualicéis desde vuestras propias vivencias.

Únicamente ayudar a que os formuléis unas preguntas: ¿Queréis ofrecer a vuestro hijo o hija todo lo que esté en vuestras manos para que viva de verdad? ¿Esperaréis a que sea libre para ofrecerle regalos?

Estamos bautizados, somos cristianos para saborear y ofrecer de forma palpable la salvación de Dios. En definitiva, para ser felices.

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
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Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.