Cayendo de rodillas lo adoraron (Mt 2, 11)

Mons. Enrique Benavent           Con el ciclo de la Epifanía del Señor y la fiesta del bautismo en el Jordán finaliza el tiempo litúrgico de la Navidad.

Hoy les invito a reflexionar sobre el episodio de la llegada de los magos a Belén. No me detendré en las cuestiones relativas a la historicidad o al cómo y cuándo sucedió este acontecimiento. Quiero que nos fijemos en la actitud de aquellos magos que nos puede ayudar a vivir religiosamente estos días.

En el relato que nos transmite el evangelio de Mateo (2, 1-12), nos encontramos con tres grupos de personajes, que reaccionan de forma muy distinta ante la noticia del nacimiento del “rey de los judíos” (Mt 2, 2). En primer lugar está Herodes quien, al escuchar la noticia “se sobresaltó y toda Jerusalén con él” (Mt 2, 3). Es la reacción de quien está tan aferrado a lo suyo, en este caso al poder, que vive la llegada del Mesías como una amenaza para sus intereses. Para defenderlos intentará eliminar a Jesús y lo hará sin ningún escrúpulo, provocando un baño de sangre inocente. Jesús no utilizará las armas del poder para establecer su reino, pero aquellos que absolutizan su poder o sus riquezas, saben que la persona del Señor y su palabra constituyen una amenaza. El Evangelio cuestiona la idolatría del poder o del dinero.

El segundo grupo está formado por “los sumos sacerdotes y los escribas del país” (Mt 2, 4). Son los sabios de Israel, los conocedores de la Escritura. A ellos se dirige Herodes para saber dónde tenía que nacer el Mesías. Su respuesta es la correcta: “En Belén de Judea” (Mt 2, 5). Sorprende también su reacción: habían dedicado su vida a estudiar las profecías; las interpretaban correctamente; pertenecían al pueblo que esperaba desde hacía siglos al mesías; eran personas religiosas; indicaron a aquellos magos que habían venido desde lejos el camino para encontrar a Cristo; y ellos, que estaban cerca, se quedaron en casa. No manifestaron el más mínimo interés por saber qué había pasado ni quién era aquel niño. La suya era una fe muerta.

Finalmente están los magos. No pertenecían al pueblo de las promesas, pero la estrella que habían visto les hablaba de Dios y se pusieron en camino para ir a su encuentro. Podemos imaginar las dificultades del viaje, los momentos de desorientación, la incertidumbre sobre el resultado de un esfuerzo tan grande… y sin embargo, perseveraron en su búsqueda, preguntaron hasta encontrar a Jesús. Y ese esfuerzo valió la pena: “se llenaron de inmensa alegría” (Mt 2, 10), una alegría que no sintieron ni Herodes en su sobresalto, ni los sumos sacerdotes y escribas en su indiferencia.

Al ver al niño, “cayendo de rodillas lo adoraron” (Mt 2, 11). A pesar de su sabiduría, se hicieron humildes ante Él, reconocieron su grandeza y su divinidad. Adoraron a Jesús, porque no adoraban ni el poder, ni la sabiduría, ni tampoco a sí mismos. Puede adorar a Cristo aquel que no se adora a sí mismo.

El episodio de los magos nos enseña que, muchas veces, aquellos que aparentemente están cerca, en realidad están lejos. Y al contrario: los que parece que están alejados, en realidad pueden estar cerca del Señor. ¿No nos puede ocurrir hoy lo mismo?

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

Mons. Enrique Benavent Vidal
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Nació el 25 de abril de 1959 en Quatretonda (Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Moncada (Valencia), asistiendo a las clases de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” donde consiguió la Licenciatura en Teología (1986). Es Doctor en Teología (1993) por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos de Juan Pablo II el 8 de noviembre de 1982, durante su primera Visita Apostólica a España. CARGOS PASTORALES En su ministerio sacerdotal ha desempeñado los cargos de: coadjutor de la Parroquia de San Roque y San Sebastián de Alcoy (provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia) y profesor de Religión en el Instituto, de 1982 a 1985; formador en el Seminario Mayor de Moncada (Valencia) y profesor de Síntesis Teológica para los Diáconos, de 1985 a 1990; y Delegado Episcopal de Pastoral Vocacional, de 1993 a 1997. Durante tres años, de 1990 a 1993, se trasladó a Roma para cursar los estudios de doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana. Es profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia”, desde 1993; profesor en la Sección de Valencia del Pontifico Instituto “Juan Pablo II” para Estudios sobre Matrimonio y Familia, desde 1994; Director del Colegio Mayor “S. Juan de Ribera” de Burjassot-Valencia, desde 1999; Decano-Presidente de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia, desde 2004, y Director de la Sección Diócesis de la misma Facultad, desde 2001; además, desde 2003, es miembro del Consejo Presbiteral. Fue nombrado Obispo Auxiliar de Valencia el 8 de noviembre de 2004. El 17 de mayo de 2013 el Papa Francisco le nombró Obispo de Tortosa. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE, desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y desde 2005 de la de Seminarios y Universidades.