Orientaciones pastorales para el uso del misal romano (I)

Queridos diocesanos:

El Misal: fuente y alimento de la vida espiritual

La Iglesia vive de la Eucaristía. La Eucaristía es el manantial y la mesa donde el sacerdote y los fieles alimentan su espiritualidad.. “De la Liturgia, sobre todo de la Eucaristía, mana hacia nosotros la gracia  como de su fuente y se obtiene con la máxima eficacia aquella santificación de los hombres en Cristo y aquella glorificación de Dios, a la cual las demás obras de la Iglesia tienden como a su fin” (Vaticano II, Sacrosanctum Concilium, 10).

Esta verdad no expresa solamente una experiencia cotidiana de fe, sino que encierra en síntesis el núcleo del misterio de la Iglesia. Con razón ha proclamado el Concilio Vaticano II que el Sacrificio eucarístico es “fuente y cima de toda la vida cristiana” (Lumen Gentium, 11). “La sagrada Eucaristía, en efecto, contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua y Pan de Vida, que da la vida a los hombres por medio del Espíritu Santo” (Juan Pablo II, Ecclesia de Eucharistia, 1). Por tanto la mirada de la Iglesia se dirige continuamente a su Señor, presente en el Sacramento del altar, en el cual descubre la plena manifestación de su inmenso amor.

La naturaleza sacramental de la fe alcanza su máxima expresión en la Eucaristía, que es el precioso alimento para la fe, el encuentro con Cristo presente realmente con el acto supremo de amor, el don de sí mismo, que genera vida. En la Eucaristía confluyen los dos ejes por los que discurre el camino de la fe. Por una parte: el eje de la historia: la Eucaristía es un acto de memoria, actualización del misterio, en el cual el pasado, como acontecimiento de muerte y resurrección, muestra su capacidad de abrir al futuro, de anticipar la plenitud final. La liturgia nos lo recuerda con su hodie, el “hoy” de los misterios de la salvación. Por otra parte, confluye en ella también el eje que lleva de lo visible a lo invisible. En la Eucaristía aprendemos a ver la profundidad de la realidad. El pan y el vino se transforman en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, que se hace presente en su camino pascual hacia el Padre: este movimiento nos introduce, en cuerpo y alma, en el movimiento de toda la creación hacia su plenitud en Dios (cfr. Francisco, Lumen Fidei, 44).

El presidente de la celebración eucarística

El sacerdote que preside la Eucaristía en la persona de Cristo es parte de la sacramentalidad litúrgica, es decir, es responsable de un modo de presencia del Señor que se visibiliza y se manifiesta en la palabra, en los gestos y en toda la persona del que “hace las veces de Cristo” ya desde el saludo inicial de la celebración (IGMR 27; 50). El presidente de la Eucaristía es un “instrumento vivo de Cristo” (Presbyterorum Ordinis, 12) en la transmisión de la Palabra y en la comunicación de sus dones. El sacerdote “cuando celebra la Eucaristía, debe servir a Dios y al pueblo con dignidad y con humildad, e insinuar a los fieles, en el mismo modo de comportarse y de anunciar las divinas palabras, la presencia viva de Cristo” (IGMR, 93).

Al sacerdote se le dijo el día de la ordenación cuando el obispo le entregaba el pan y el cáliz: “recibe la ofrenda del pueblo santo para presentarla a Dios. Considera lo que realizas e imita lo que conmemoras, y conforma tu vida con el misterio de la cruz de Cristo”. Estas palabras contienen una llamada a los sacerdotes a vivir la celebración del Sacrificio eucarístico con una profunda espiritualidad, conscientes del don que han recibido, procurando que la Eucaristía sea en verdad el centro y el fundamento de la jornada y de todas  las actividades pastorales del sacerdote (cfr. PO, 5; 18). De ahí que la liturgia, en cuanto ejercicio del sacerdocio de Jesucristo (cfr. SC, 7), constituya el ámbito en el que los sacerdotes han de tener particular conciencia de que son ministros de Cristo y dispensadores de los misterios de Dios (cfr. 1 Cor 4, 1).

Fidelidad a las normas litúrgicas

Esta actitud ayudará a los sacerdotes a observar las normas litúrgicas con especial amor y respeto, en la certeza de que esta fidelidad redundará en bien de los fieles, los cuales tienen derecho a participar en las celebraciones tal como las quiere la Iglesia, y no según los gustos personales de cada sacerdote como tampoco según particularismos rituales no aprobados o expresiones de grupos, que tienden a cerrarse a la universalidad del pueblo de Dios (Cfr. Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, 59). No en vano las normas del Misal que regulan especialmente la celebración de la Eucaristía son expresión y garantía de eclesialidad, testimonio de amor hacia el Misterio eucarístico y medio de ayuda eficaz en orden a la participación de los fieles, puesto que el arte de celebrar es la mejor premisa para una activa participación.

Con mi afecto y bendición,

+ Vicente Jiménez Zamora
Arzobispo de Zaragoza

Mons. Vicente Jiménez Zamora
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Mons. D. Vicente Jiménez Zamora nace en Ágreda (Soria) el 28 de enero de 1944. Fue ordenado sacerdote diocesano de Osma-Soria el 29 de junio de 1968. Es licenciado en Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, en Teología Moral por la Pontificia Universidad Lateranense de Roma y en Filosofía por la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino de Roma. CARGOS PASTORALES Su ministerio sacerdotal y episcopal está unido a su diócesis natal, en la que durante años impartió clases de Religión en Institutos Públicos y en la Escuela Universitaria de Enfermería, además fue profesor de Filosofía y de Teología en el Seminario Diocesano. También desempeñó los cargos de delegado diocesano del Clero (1982-1995); Vicario Episcopal de Pastoral (1988-1993); Vicario Episcopal para la aplicación del Sínodo (1998-2004) y Vicario General (2001-2004). Fue, desde 1990 hasta su nombramiento episcopal,abad-presidente del Cabildo de la Concatedral de Soria. El 12 de diciembre de 2003 fue elegido por el colegio de consultores administrador diocesano de Osma-Soria, sede de la que fue nombrado obispo el 21 de mayo de 2004. Ese mismo año, el 17 de julio, recibió la ordenación episcopal. El 27 de julio de 2007 fue nombrado Obispo de Santander y tomó posesión el 9 de septiembre de 2007. Desde el 21 de diciembre de 2014 es Arzobispo de Zaragoza, tras hacerse público el nombramiento el día 12 del mismo mes. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro del Comité Ejecutivo desde el 14 de marzo de 2017. Además, ha sido miembro de las Comisiones Episcopales para la Doctrina de la Fe (2007-2008) y Pastoral Social (2008-2011). Desde 2011 era presidente de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada, tras ser reelegido para el cargo el 13 de marzo de 2014. El sábado 29 de marzo de 2014 la Santa Sede hizo público su nombramiento como miembro de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.