He aquí a Dios; he aquí al hombre

Mons. José Ignacio Munilla           Lo que el ser humano puede decir de Dios es poca cosa. La distancia entre nosotros y Él es infinita, de modo que nuestras palabras no pasan de ser un mero balbuceo, una pequeña aproximación.

En realidad, si nos atrevemos a hablar de Dios, y confiamos en hacerlo con propiedad, es porque Él nos ha hablado primero.

En el ámbito de nuestra fe cristiana utilizamos el término “revelación” para referirnos a la decisión de Dios que, impulsado por su amor, ha optado por darse a conocer al hombre de un modo cercano. Jesucristo se muestra como el revelador del Padre; como la culminación del proceso de Revelación iniciado en Abraham. El evangelio de San Juan recoge de labios de Jesucristo las siguiente palabras: “A vosotros no os llamo ya siervos; porque un siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer a vosotros” (Jn 15, 15).

En efecto, pienso que, en nuestro actual entorno cultural, la frontera entre la creencia y la increencia no se encuentra tanto en la afirmación o negación de la existencia de Dios (como fue el caso de la batalla cultural de la segunda mitad del siglo XX), cuanto en el reconocimiento o en el rechazo de la Revelación de Dios en Jesucristo. El elemento definitivo que determina nuestra opción religiosa es el hecho de si Dios ha hablado; si se nos ha mostrado; si se ha dado a conocer… En el misterio de Belén, la fe cristiana descubre que el amor de Dios es comunicativo, hasta el punto que se revela como “palabra”: “La Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros” (Jn 1, 13).

Pues bien, ¿cuál es el contenido de esa Revelación? Parecería lógico suponer que la Revelación nos descubre cómo es Dios, y cuáles son sus designios… Pero, aun siendo esto así, indudablemente, existe un aspecto que caracteriza de forma especial la Revelación cristiana, y que fue muy subrayado por San Juan Pablo II: “Cristo revela el hombre al mismo hombre” (Redemptor Hominis nº 10). Es decir, el hombre resulta ser, para sí mismo, un ser incomprensible, necesitado de encontrar un “sentido” desde el que pueda hallar fuerzas para afrontar diariamente la batalla de la vida, en pro de un mundo más justo y solidario. Y es que, la mayor pobreza de nuestros días es la falta de sentido, ya que no se puede entregar la vida cuando se desconoce su razón de ser. Solo cuando sabemos quiénes somos, solamente cuando conocemos que venimos del Amor y que al Amor volvemos, es cuando podemos alcanzar nuestra realización personal, dando lo mejor de nosotros mismos con desinterés y alegría. En definitiva, el cristianismo no solo nos revela la vocación trascendente del hombre, sino que, al mismo tiempo, “humaniza” la vida presente. ¡Cuanto más divinos, más humanos; y cuanto más humanos, más divinos! Al contemplar el portal de Belén, bien podemos exclamar: “He aquí a Dios; he aquí al hombre”.

En estas Navidades celebramos el 50 aniversario de la constitución de CÁRITAS en nuestra Diócesis de San Sebastián. La Iglesia desarrolla su vocación en torno a tres pilares que se inspiran en las virtudes teologales (fe, esperanza y caridad): Predicación de la Palabra de Dios, celebración de los sacramentos, y puesta en práctica del mandamiento del amor al prójimo, en la realidad social en la que estamos insertos. Con nuestras luces y nuestras sombras, pienso que en esta historia reciente de nuestra Iglesia, hay suficiente claridad como para que quienes buscan a Dios puedan encontrarlo; de la misma forma que existen suficientes miserias como para que quienes optan por la desafección, se sientan justificados. ¡Ojalá busquemos la luz, porque, a buen seguro, será lo que encontremos!

Por lo que respecta a nuestra sociedad guipuzcoana, pienso que en estos 50 años de historia, a pesar de no pocas contradicciones, han acontecido notables avances en lo que se refiere a su conciencia humanitaria, relativizando el influjo de las ideologías políticas, que tanto nos enfrentaron anteriormente. Anoto un detalle que me parece muy significativo: ¿nos hemos percatado de cómo los periódicos van dedicando cada vez más espacio en sus páginas (portada incluida) a las causas sociales en favor de los más débiles? Las interminables discusiones y enfrentamientos políticos que llenaban las páginas de los diarios en décadas anteriores, han cedido una buena parte de su espacio a la causa del hombre… ¡Bonita diferencia, si comparamos cómo se envenenaron antaño las relaciones sociales desde posicionamientos políticos obsesivos y viscerales, con la sensibilización actual por las causas humanitarias en las que pueden confluir distintas sensibilidades políticas!

En lo que a nosotros respecta y como Iglesia diocesana, este 50 aniversario nos brinda la oportunidad de dar gracias a nuestro Señor Jesús por habernos revelado la vocación al amor a Dios y al prójimo, llamándonos a colaborar en la tarea de acercar el mundo a Dios, y a Dios al mundo. En segundo lugar, pedimos perdón a ese Dios hecho niño y a todos aquellos ante los que no hayamos dado el testimonio y la respuesta que cabría esperar de los creyentes en Jesús. Pero, por encima de todo, queremos renovar ante quien hoy nace en Belén, nuestra firme determinación de seguirle y servirle en fidelidad y humildad, haciendo de su Evangelio nuestra identidad y nuestra hoja de ruta.

Lo más grande que le ha acontecido a la humanidad en toda su historia ha sido la llegada de Dios en Jesucristo. ¡Felicidades por ello a todos! Eguberri on eta Urteberri on denontzat!

+ José Ignacio Munilla Aguirre

Obispo de San Sebastián

Mons. José Ignacio Munilla
Acerca de Mons. José Ignacio Munilla 43 Articles
Mons. D. José Ignacio Munilla Aguirre nace en San Sebastián el 13 de noviembre de 1961. Inició los estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor de Toledo y los concluyó en San Sebastián. Obtuvo la licenciatura en Teología, especialización en Espiritualidad, en la Facultad de Teología del Norte de España, sede de Burgos. Fue ordenado sacerdote en San Sebastián el 29 de junio de 1986.CARGOS PASTORALESHa desempeñado el ministerio pastoral en Zumárraga: en los años 1986-1990 ha sido vicario parroquial en la Parroquia de la Asunción y en 1990 es párroco de El Salvador. Es también miembro del Consejo Presbiteral.El 24 de junio de 2006 fue nombrado Obispo Palencia y tomó posesión de la diócesis el 4 10 de septiembre de 2006.El 21 de noviembre de 2009 fue nombrado Obispo de San Sebastián,tomando posesión de la diócesis el 9 de enero de 2010.En la reunión plenaria del Consejo de Conferencias Episcopales Europeas (CCEE)que se celebró en Saint Gallen, Suiza, del 27 al al 30 de septiembre de 2012, fue nombrado presidente de la Comisión de Comunicaciones Sociales de los obispos europeos.OTROS DATOS DE INTERÉSEn la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social desde la Asamblea Plenaria de marzo de 2017. Cargo que desempeña desde 2011. Durante el trienio 2005-2008 fue miembro de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada. Desde 2008 y hasta 2013 fue miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar (Subcomisión de Juventud).