Año Nuevo, tiempo para mejorar

Mons. Julián Ruiz Martorell            Queridos hermanos en el Señor: Os deseo gracia y paz. Comenzamos un nuevo año y escuchamos la exhortación del libro del Eclesiastés: “Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo: Tiempo de nacer, tiempo de morir; tiempo de plantar, tiempo de arrancar; tiempo de matar, tiempo de sanar; tiempo de destruir, tiempo de construir; tiempo de llorar, tiempo de reír; tiempo de hacer duelo, tiempo de bailar; tiempo de arrojar piedras, tiempo de recogerlas; tiempo de abrazar, tiempo de desprenderse; tiempo de buscar, tiempo de perder; tiempo de guardar, tiempo de arrojar; tiempo de rasgar, tiempo de coser; tiempo de callar, tiempo de hablar; tiempo de amar, tiempo de odiar; tiempo de guerra, tiempo de paz” (Ecl 3,1-8).

Todos buscamos la felicidad. Unos a otros nos deseamos sinceramente un año feliz. Pero, tal vez, buscamos la felicidad donde no se encuentra. Pensamos que seremos más felices cuando consigamos tener más, adquirir más poder, acumular más saber, controlar más ámbitos y acaparar más competencias. Pero las cosas no nos aseguran más que efímeros fragmentos de felicidad. Tampoco podemos confundir la felicidad con el placer, el disfrute ocasional o convulsivo y el descontrol.

El tiempo será realmente una oportunidad para mejorar cuando vivamos desde nuevos criterios, desde una perspectiva distinta, estableciendo unos sólidos cimientos y caminando en la dirección adecuada.

Comenzaremos a ser felices cuando vivamos las bienaventuranzas; es decir, cuando seamos pobres de espíritu, cuando seamos mansos, cuando lloremos al compartir el llanto de los más desfavorecidos, cuando tengamos hambre y sed de justicia, cuando seamos misericordiosos, cuando seamos limpios de corazón, cuando trabajemos por la paz, cuando seamos perseguidos por causa de la justicia, cuando nos insulten, nos persigan y nos calumnien de cualquier modo por causa de Jesús.

El tiempo no se mide solamente por su duración, sino también por su intensidad. Hay momentos largos y tediosos e instantes de especial significado y alegría. Hay momentos idénticos en su extensión, pero muy diferentes por su valor. Hay secuencias temporales que se repiten continuamente y hay oportunidades únicas, ocasiones propicias, momentos favorables.

Comenzamos el nuevo año invocando la bendición de Dios, porque sabemos que el “decir bien” que procede de Dios es eficaz y realiza lo que pronuncia. Escuchamos la antigua y siempre nueva fórmula de bendición: “El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz” (Num 6,24-26).

No damos comienzo a un nuevo año como una aburrida repetición de un conocido ciclo. Delante de nosotros tenemos una oportunidad inédita, marcada con el sello del amor de Dios. Reconocemos que la historia tiene un centro: el Señor Jesucristo que vive entre nosotros. Descubrimos que la historia tiene un fin: el Reino de Dios Padre, Reino de amor y libertad, de justicia y de paz, de fraternidad y de gracia. Y agradecemos que la historia tiene una fuerza que la mueve: el impulso del Espíritu Santo, que nos orienta para seguir caminando. El Espíritu Santo actúa en nuestros corazones, nos libera de nuestras esclavitudes, rompe nuestras cerrazones, ilumina nuestros pasos, y nos otorga la fuerza de la verdad y del amor.

Contamos con la maternal protección de María, a quien invocamos con el título de “Madre de Dios”. Ella nos susurra: “Jesús te ama. Jesús te llama. Jesús te busca. Jesús te espera”. Por ello miramos al futuro con esperanza y gozosa serenidad.

¡Feliz Año Nuevo!

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

+  Julián Ruiz Martorell,

Obispo de Huesca y de Jaca

Mons. Julián Ruiz Martorell
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D. Julián RUIZ MARTORELL nació en Cuenca el 19 de enero de 1957. Desde pequeño vive en Zaragoza. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza, siendo alumno del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 24 de octubre de 1981. Encargos pastorales desempeñados: 1981-1983: Ecónomo de Plasencia de Jalón y Encargado de Bardallur; 1983: Encargado de Bárboles, Pleitas y Oitura; 1983-1988: Durante sus estudios en Roma, Capellán de las Religiosas "Battistine"; 1988-1993: Adscrito a la Parroquia de Santa Rafaela María, en Zaragoza; 1991-2005: Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar"; 1994-2010: Capellán de la comunidad religiosa del Colegio Teresiano del Pilar; 1998-2005: Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón; 1999-2005: Director del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín"; 2007-2010: Delegado de Culto y Pastoral de El Pilar. Fue nombrado obispo de Huesca y de Jaca el 30 de diciembre de 2010. En ese momento desempeñaba los siguientes cargos y tareas: Profesor de Sagrada Escritura del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (1988), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar" (1988) y del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín" (1988); Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral (1993); Miembro del Consejo Presbiteral (1998); Canónigo de la Catedral Basílica "Nuestra Señora del Pilar" de Zaragoza (2004); Miembro del Colegio de Consultores (2005) y Secretario del Consejo Presbiteral; y Vicario General de la Archidiócesis (2009). Fue ordenado obispo en la S. I. Catedral de Huesca el 5 de marzo de 2011. Tomó posesión de la diócesis de Jaca al día siguiente en la S. I. Catedral de esta diócesis.