¡Feliz Navidad!

Mons. Amadeo Rodríguez        Tengo que empezar diciendo que, al desearos una Feliz Navidad, no quiero hacerlo como si fuera un autómata que en estos días le dice a todos lo mismo, sólo porque es lo correcto.

Aunque pudiera dar la impresión, por el medio en que me dirijo a todos vosotros, que mi felicitación no es más que un deseo genérico, os puedo asegurar que en lo que escribo estoy manifestando mis más profundos sentimientos.

Estoy convencido de que me estáis leyendo hombres, mujeres, familias, mayores, enfermos, niños… Sé también que cada uno de vosotros lleva en el corazón una necesidad, una ilusión, una esperanza, y quizás también una frustración o una pena. Pues bien, para todos, allí donde os encontréis y sea cual sea vuestra situación, vaya mi felicitación navideña más sincera y personalizada.

No obstante, reconozco también que no soy un mago que pueda hacer que mis palabras tengan un efecto inmediato. ¡Ya me gustaría poder haceros felices a todos! Si mi felicitación en estos días navideños tiene fuerza y mucho valor es porque os la ofrezco en nombre de quien ha venido de Dios a traer la felicidad a la tierra; os digo Feliz Navidad  en nombre de Jesucristo, que nació en Belén para hacerse uno de los nuestros y traer la salvación y la felicidad a todos.

Os felicito como un amigo entre amigos, como un ser humano que experimenta, como todos vosotros, un deseo de felicidad y de paz en su corazón. A eso hay que añadirle que mi felicitación navideña es la de un cristiano, la de quien vive de la fe y sabe, por experiencia, que la Navidad es el acontecimiento que ilusiona a cualquier corazón, por muy herido que pueda encontrarse. Decir Feliz Navidad es reconocer un misterio de amor; el increíble misterio de poder ver a Dios en la humilde condición de Niño recién nacido, no precisamente en las mejores condiciones que pudieran imaginarse, sino pobre y frágil. Por ser como Dios ha querido que sea este misterio, es por lo que os puedo decir que no hay ninguna situación humana, por muy difícil que sea, en la que no pueda sentir que la Navidad llega a nuestra vida con el amor y la felicidad de Belén.

Si la Navidad es para todos, decir Feliz Navidad es compartir lo que cada uno lleva dentro, es un mensaje que quiere contagiar. La Navidad pretende, y muchas veces lo consigue, romper nuestro aislamiento, si esa fuera nuestra situación; porque decir Feliz Navidad es dejar de pensar sólo en uno mismo y ponerse a disposición de los otros. Por eso, no hay mejor modo de felicitar la Navidad que decirle a los demás: cuenta conmigo para lo que necesites, aquí estoy yo que, por amor de Dios, tengo lo que andas buscando. Ojalá en estos días navideños todos encontraran en nosotros, en nuestra caridad activa, la solución los problemas que sienten en su cuerpo y en su alma.

En mi felicitación navideña como vuestro Obispo, me gustaría que no sólo os llegaran y contagiaran mis mejores deseos; también quisiera que se creara, en torno a estos buenos deseos míos, una complicidad diocesana, de tal modo que todos cuantos estamos felices porque creemos que Jesús ha nacido para nuestro bien, trabajáramos por el bien de los demás.

Esto siempre será posible, si le ponemos corazón a nuestra mirada al Portal de Belén, en el que encontraremos a Jesús, María y José, una familia humana, en la que ha entrado el gozo divino, una familia en la que se inspira y se enriquece la nuestra; porque toda familia humana es un proyecto divino que se realiza en el amor humano.

Os felicita vuestro Obispo Amadeo en esta primera Navidad que comparte con vosotros. Os deseo a todos una muy Feliz, Santa y Solidaria Navidad.

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

Mons. Amadeo Rodríguez
Acerca de Mons. Amadeo Rodríguez 168 Articles
Mons. Amadeo Rodríguez Magro nació el 12 de marzo de 1946 en San Jorge de Alor (Badajoz). Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Badajoz, del que luego sería formador. Recibió la ordenación sacerdotal el 14 de junio de 1970. Su primer destino pastoral fue de coadjutor de la parroquia emeritense de San Francisco de Sales (1970-1974), de la que posteriormente sería párroco (1977-1983). Tras obtener la licenciatura en Ciencias de la Educación (sección Catequética) en la Universidad Pontificia Salesiana de Roma (1983-1986), D. Amadeo fue nombrado por su Obispo, D. Antonio Montero, vicario episcopal de Evangelización y director de la Secretaría Diocesana de Catequesis (1986-1997), siendo también designado vicario territorial de Mérida, Albuquerque y Almendralejo; y finalmente vicario general (1996-2003). Fue además secretario general del Sínodo Pacense (1988-1992) y secretario de la conferencia de Obispos de la Provincia Eclesiástica de Mérida-Badajoz (1994-2003). En 1996 fue nombrado canónigo de la Catedral de Badajoz, cuyo cabildo presidió de 2002 a 2003. Realizó su labor docente como profesor en el Seminario, en el Centro Superior de Estudios Teológicos, en la escuela diocesana de Teología para Laicos (1986-2003) y de Doctrina Católica y su Pedagogía en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura (1987-2003). También formó parte del consejo asesor de la Subcomisión Episcopal de Catequesis de la Conferencia Episcopal Española. El 3 de julio de 2003 San Juan Pablo II le nombra obispo de Plasencia y recibe la ordenación episcopal en la Catedral de Plasencia el 31 de agosto de 2003. En la Conferencia Episcopal Española es el vicepresidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y presidente de la Subcomisión Episcopal de Catequesis desde 2014, de la que ya era miembro desde 2003. También ha formado parte de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias de 2005 a 2011. El 9 de abril de 2016 se hizo público su nombramiento como obispo de Jaén. Tomó posesión de su cargo el día 21 de mayo de 2016.