Minutos de teléfono para los presos de Zuera

Que los reclusos del Centro Penitenciario de Zuera puedan felicitar a sus seres queridos durante estos días de Navidad.

Ese es el objetivo de una iniciativa solidaria promovida por la pastoral penitenciaria de Aragón, que en Zaragoza puede materializarse, hasta el 6 de enero, mediante la entrega de un donativo de 5 euros o más en la delegación de Pastoral Penitenciaria o en las oficinas de la Administración Diocesana, ambas situadas en la Casa de la Iglesia (plaza de la Seo, 6); en la parroquia de Santa Gema (calle Sagrada Familia, 2) o en la parroquia de Nuestra Señora de la Paz (plaza de Alcobendas, 1). ¿Sabes lo que supone una llamada telefónica en la cárcel? Aquí te lo explican dos presos de Zuera:

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“Pasar la vida sin sentir la voz y el cariño de los tuyos hace las cosas muy difíciles”

Sólo los que estamos aquí, sabemos lo que representa una tarjeta de teléfono en el Centro Penitenciario. Algunos no tienen problema para conseguir cuantas quieran porque tienen el apoyo de una familia que les ayuda, pero otros no tenemos de dónde sacarlas, a menos que alguna vez un compañero te deje hacer una llamada con la suya. En la cárcel hay mucha indigencia.

Algunos trabajan y reciben un pequeño sueldo; pero tampoco allí hay trabajo para todos.

Sin tarjeta no hay llamadas a la familia, ni al abogado, ni a quien te pueda solventar algún problema en un momento determinado… Es tu conexión con el mundo.

Parece mentira; pero , después de la libertad, tal vez sea el mejor regalo que podemos hacer a un preso.  Se puede vivir sin muchas cosas; pero pasar la vida sin sentir nunca la voz y el cariño de los tuyos hace todas las cosas muy difíciles.  Y en estos días de Navidad, qué duro se nos hace no poder estar con nuestras familias… Y ni siquiera poder hablar con ellos y demostrarles que, a pesar de todo, les recordamos y les queremos.

Cuando cada año, por estas fechas, Telefónica, a través de la Pastoral Penitenciaria, nos proporciona tarjetas para llamar a nuestras familias, no saben bien el favor que nos hacen y la alegría que nos dan.

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Regalar esperanza

 

Me había encontrado una tarjeta de teléfono nueva, a la salida del módulo. Pensé preguntar: “¿Quién ha perdido una tarjeta?”. Luego me di cuenta que era como preguntar en el mercado central quién había perdido un billete de 50 euros. Cien manos se hubieran levantado diciendo que era suyo.

Era un día de suerte. Ya disponía de saldo para tres o cuatro llamadas.

Cuando entramos a comer, un compañero se sentó no muy lejos de donde estaba yo. Mostraba cara de preocupación y tristeza.

– ¿Te pasa algo?

– Que he perdido la tarjeta que compré esta mañana… Y estaba sin estrenar.

– Toma. Seguro que es ésta.

– ¡No jodas!, dijo con una enorme cara de sorpresa.

– Me la he encontrado a la salida del módulo.

– ¡Justo! Cuando me han sacado para ir al abogado. Gracias, tío.

Al terminar de comer, me dio las gracias nuevamente. Dijo:

– Ni en el mejor de mis sueños podría imaginar que esa tarjeta volviera a mis manos.

Vi que le chispeaban los ojos con un brillo de agradecimiento; pero es que yo, aunque me había quedado sin tarjeta, no recordaba haberme sentido tan bien en mucho tiempo.

(Archidiócesis de Zaragoza)

Agencia SIC
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