Como María y José, esperamos al Señor con amor, alegría y llenos de gratitud

Mons. Gerardo Melgar          Queridos amigos: Estamos ya concluyendo este tiempo litúrgico del Adviento. Un tiempo de espera y de esperanza del Salvador.

Un Salvador que quiere encarnarse en cada uno de nosotros, que quiere ser salvador nuestro, que quiere que nosotros le abramos nuestro corazón y le recibamos en nuestra vida.

María lo esperó con el corazón lleno de amor de madre, como toda madre que espera a ese hijo deseado en el que ha pensado tantas veces durante los nueve meses de embarazo.

También nosotros hemos de esperarlo con amor, porque amor con amor se paga. Él se ha encarnado por amor y quiere que le dejemos entrar en nuestra vida y en nuestro corazón para demostrarnos el gran amor que él nos tiene.

El amor a Él nos pide ocupar un puesto importante en nuestra vida y en nuestro corazón. Nos pide también que lo amemos a través del amor a los demás. Nuestro amor a Él y a los hermanos será la mejor manera de prepararnos y esperar que el Señor fije su tienda en la vida de cada uno de nosotros.

A imitación de María y José debemos esperar al Señor que quiere venir a nuestra casa con verdadera alegría. Ante un acontecimiento importante y bueno para nosotros, se produce en nuestro corazón esa sensación de sentirnos bien, de estar alegres por ello.

La venida de Cristo a la vida y al corazón de cada uno de nosotros es el mejor acontecimiento que podría producirse para nosotros. Por ello, nuestra actitud ante el Hijo de Dios que quiere hacerse un hueco importante en nosotros, que quiere hacerse realidad en nuestra vida, también debemos sentirnos verdaderamente alegres y contentos de que el Señor lo haya querido así.

María manifestó su alegría con el cántico del Magníficat: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador, porque ha hecho en mí maravillas».

En nosotros, el Hijo de Dios que se encarna, va a producir la más grande de las maravillas: que con su nacimiento lleguemos a ser también nosotros hijos de Dios. Este es un motivo más que suficiente para sentirnos alegres y que nuestra alegría la manifestemos también a los demás, lo mismo que ella hizo a su prima Isabel.

El mundo nuestro es un mundo triste, un mundo insatisfecho, un mundo que ha equivocado el tiro y, en vez de admitir a Dios en su seno, se ha ido tras otros dioses que no dan la felicidad ni la alegría. Nosotros hemos de ser testigos de esta alegría, precisamente, en este mundo así, porque los creyentes tenemos motivos auténticos para estar alegres y manifestar dicha alegría en nuestra vida y con nuestra vida a los demás.

María lo esperó con el corazón lleno de gratitud. Ella sabía que, todo lo que en ella se había producido, había sido obra de Dios y no de su mérito ni valía personal, por eso dirá también en el canto del Magníficat: «Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones, porque el poderoso ha hecho obras grandes por mí, su nombre es santo».

Lo que Dios ha hecho con nosotros no es obra nuestra, ha sido un don, un puro regalo de Dios. Todo lo que somos y tenemos no es fruto de nuestra valía, sino puro don de Dios. Él nos ha perdonado, nos ha hecho hijos suyos, nos ha redimido derramando su sangre por nosotros. Somos obra de Dios.

Nuestra actitud ante un Dios que nos regala todo lo que somos y tenemos no puede ser otra que la gratitud, el estar agradecidos, porque a pesar de nuestros pecados, a pesar de nuestra pequeñez, el poderoso ha hecho y está haciendo continuamente maravillas en favor nuestro.

Por eso tenemos que esperar la llegada de Jesús a nosotros con gratitud, con el corazón lleno de agradecimiento, porque se hizo hombre por nosotros y quiere llegar hoy a nuestro corazón por puro amor a nosotros.

+ Gerardo Melgar

Obispo de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.