Alegría y solidaridad en Navidad

Mons. Jaume Pujol                En 1843 Charles Dickens visitó a su hermana en Manchester y aprovechó esos días para encontrarse con representantes de organizaciones de caridad que ayudaban a las clases más desposeídas en esa ciudad industrial.

Como periodista que era, además de escritor, pensaba publicar un reportaje denunciando la extrema pobreza que albergan las ciudades y la explotación de los niños en el mercado laboral. Pero un amigo le convenció para que escribiera una pieza literaria, en vez de un artículo, y en una semana se inventó el «Cuento de Navidad».

El éxito fue rotundo. Inmortalizó a Scrooge, un anciano avaro que aborrecía la Navidad y la alegría callejera que se vivía en estas fechas. Un hombre que recibe la visita de los fantasmas de la Navidad pasada, presente y futura, visión que le hace cambiar de vida y arrepentirse de haber sido insolidario.

Como en tantos personajes de Dickens, el modelo existe realmente, aunque en grado menos dramático. Hay poca gente que aborrezca la Navidad, pero sí hay mucha que no la vive con pleno sentido de lo que se celebra: el nacimiento de Jesucristo, el mayor acontecimiento de la historia humana.

Está muy bien que se coloquen luces en las calles, que los escaparates de las tiendas ofrezcan la posibilidad de hacernos regalos unos a otros, pero la alegría de la Navidad tiene un contenido espiritual que los cristianos debemos tener presente. Es el momento de mirarnos a nuestro interior, y a la vez de mirar a las personas que nos rodean, que son nuestros hermanos.

La solidaridad es el segundo nombre de la Navidad. Es bonito ver cómo las familias celebran estas fiestas, como se organizan comidas de empresa con compañeros de trabajo. Esto no debe hacernos olvidar a quienes no tienen nada porque no llegan a fin de mes y no pueden hacer unos mínimos gastos extras.

También debemos tener en la memoria a tantas personas que son víctimas de la guerra en lugares como Irak y Siria, donde ir a misa es en ocasiones un acto heroico porque supone desafiar peligros mortales. Y, por supuesto, nuestras Navidades han de ser solidarias con los refugiados.

Recordemos que María y José no encontraron posada para que naciera Jesús, y que los tres tuvieron que refugiarse en Egipto cuando Herodes determinó la matanza de inocentes. ¡Cuántos niños vagan ahora con sus padres o sin ellos por los países en conflicto, o incluso por Europa tratando de encontrar un lugar seguro!

Que a todos ellos los tengamos muy presentes en esta Navidad ya cercana.

+ Jaume Pujol Bacells

Arzobispo de Tarragona y primado

Mons. Jaume Pujol
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Nace en Guissona (Lleida), el 8 de febrero de 1944. Cursó los estudios primarios en los colegios de las Dominicas de la Anunciata y de los Hermanos Maristas de Guissona. Amplió sus estudios en Pamplona, Barcelona y Roma. Realizó el doctorado en Ciencias de la Educación en Roma, donde cursó estudios filosóficos y teológicos. Es doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, en Madrid, el 5 de agosto de 1973, incardinado en la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. CARGOS PASTORALES Fue profesor ordinario de Pedagogía Religiosa en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desde el año 1976 y hasta su consagración episcopal, dirigió el Departamento de Pastoral y Catequesis, y desde el 1997, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, los dos de la misma Universidad. Ocupó distintos cargos en la Facultad de Teología: director de estudios, director del Servicio de Promoción y Asistencia a los Alumnos, secretario, director de la revista Cauces de Intercomunicación (Instituto Superior de Ciencias Religiosas), dirigida a profesores de religión. Durante sus años en Pamplon dirigió cursos de titulación, formación y perfeccionamiento de catequistas, profesores de religión y educadores de la fe, y tesis de licenciatura y de doctorado. Su trabajo de investigación se ha centrado en temas de didáctica y catequesis; ha publicado 23 libros y 60 artículos en revistas científicas, obras colectivas, etc. También ha desarrollado otras tareas docentes y pastorales con jóvenes, sacerdotes, etc. El día 15 de junio de 2004 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Tarragona, archidiócesis metropolitana y primada, responsabilidad que, hasta hoy, conlleva la presidencia de la Conferencia Episcopal Tarraconense, que integran los obispos de la provincia eclesiástica Tarraconense y los de la provincia eclesiástica de Barcelona. El día 19 de septiembre de 2004, en la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona, fue consagrado obispo y tomó posesión canónica de la archidiócesis. El día 29 de junio de 2005 recibía el palio de manos del Papa Benedicto XVI, en la basílica de San Pedro del Vaticano. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y Seminarios y Universidades. Cargo que desempeña desde 2004. Además, ha sido miembro de la Comisión Permanente entre 2004 y 2009.