Jesucristo en el centro de la Navidad

Mons. Julián López             Queridos diocesanos: ¡Feliz y santa Navidad a todos y a cada uno!

A vuestras familias y personas queridas, a los pequeños y a los mayores, a los que sois felices y a los que lo pasáis mal por algún motivo. ¡Que Jesús, nuestro redentor y amigo, os visite y os colme de alegría y de esperanza, sea cual sea vuestra condición personal o religiosa! Es Navidad. Cada uno tiene en estas fechas la sensibilidad a flor de piel por muchos motivos. Esta es mi convicción: “En Cristo están encerrados todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento… mi espíritu está con vosotros, alegrándome de veros en vuestro puesto y firmes en vuestra fe…  proceded unidos a él, arraigados y edificados en él, afianzados en la fe que os enseñaron y rebosando agradecimiento” (Col 2,3ss.5).

No quisiera que mis palabras distrajeran a unos o molestaran a otros. Cada uno sabe al llegar estas celebraciones cómo comportarse. Deseo, sí, que no se olvide lo que está en el origen de estas fiestas porque lo saben hasta los niños más pequeños, aunque reconozco que mucha gente prefiere apelar al solsticio de invierno en la noche más larga del año, para motivar la Navidad y justificar la fiesta. Olvidando, curiosamente, que la Navidad se celebra también en los países del hemisferio sur, donde sucede lo contrario que en el hemisferio norte en lo que al sol se refiere. Luego este no es el principal apoyo de la Navidad. Por otra parte no sabemos tampoco en qué época concreta del año nació Jesucristo cuyo nacimiento celebramos. A los evangelistas se les debió olvidar este dato, síntoma de que no era decisivo para los primeros cristianos. Para estos y para los creyentes actuales lo esencial es que el Hijo de Dios se hizo hombre y “habitó entre nosotros y hemos contemplado su gloria” (Jn 1,14)

Sin embargo los evangelistas sí tomaron nota de que nació en un establo porque no hubo lugar en la posada para María en avanzado estado de gestación, y para el bueno de José, su esposo. Como advirtieron también otros detalles: que el Niño fue envuelto en pañales y recostado en un pesebre, que llegaron unos pastores avisados por un ángel y que se volvieron muy contentos después de ver al Niño y a su madre, y que se oyó un canto que decía: “Gloria Dios en el cielo y en la tierra paz…” (cf. Lc 2,8-20).

¡Asombroso dentro de la sencillez y ternura del relato! Porque aquel hecho, al parecer insignificante, fue realmente un acontecimiento que cambió el curso de la historia humana. Aquello fue el comienzo del pueblo cristiano, de nuestro propio comienzo como hijos de Dios que nos reconocemos creyentes en Jesucristo por encima de tantas divisiones entre los hombres basadas en el color de la piel y en otros motivos más bien de separación que de encuentro. Es más, aquel nacimiento desencadenó una ola gigante que sigue transformando mentes y corazones, haciendo superar odios y enfrentamientos y ofreciendo una visión transcendente de la dignidad humana que nos iguala en el ideal y nos exige respetar, proteger y ayudar a toda persona sea cual sea su origen o condición, viendo en cada ser humano a un hijo de Dios y tratándolo con amor.

En el centro de la Navidad está Jesucristo para que, quienes nos llamamos sus discípulos, nos esforcemos en hacer realidad la concordia propia de los hijos del mismo Padre que nos adoptó como herederos para hacernos semejantes a su Hijo que, con este fin, se hizo semejante en todo a nosotros excepto en el pecado. De nuevo: ¡Feliz Navidad!

 

+ Julián López,

Obispo de León

Mons. Julián López
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Mons. D. Julián López Martín nace en Toro (Zamora) el 21 de abril de l945. Estudió en el Seminario Diocesano de Zamora y en el P. Instituto de San Anselmo de Roma, donde obtuvo el doctorado en Teología Litúrgica en 1975, como alumno del P. Colegio Español y del Centro Español de Estudios Eclesiásticos anexo a la Iglesia Nacional Española de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Zamora el 30 de junio de 1.968. CARGOS PASTORALES Fue coadjutor de Villarín de Campos y cura ecónomo de Otero de Sariegos (1968-1970), coadjutor de la parroquia de Cristo Rey en Zamora (1973-1989) y, desde 1978, canónigo Prefecto de Sagrada Liturgia de la Catedral de Zamora y delegado diocesano de Pastoral Litúrgica, miembro del Consejo Presbiteral y del Colegio de Consultores desde 1984. Ha sido también consiliario diocesano del Movimiento Familiar Cristiano (1976-1986) y consiliario de la Zona Noroeste de este Movimiento (1980-1983). Profesor de Religión en el Instituto "Claudio Moyano" (1975-1976) y en la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado en Zamora (1981-1983). Ha sido director del Centro Teológico Diocesano "San Ildefonso" y de la Cátedra "Juan Pablo II" (1984-1992); delegado diocesano para el IV Centenario de la Muerte de Santa Teresa de Jesús (1980-1982); Año de la Redención (1983-1984); Año Mariano Universal (1987-1988); V Centenario (1992) y Congreso Eucarístico de Sevilla (1993). Profesor de Liturgia y Sacramentos de la Universidad Pontificia de Salamanca (1975-1981 y 1988-1994), ha sido también Presidente de la Asociación Española de Profesores de Liturgia (1992-1995), habiendo impartido clases en las Facultades de Teología de Burgos (1977-1988) y de Barcelona (1984-1989). El 15 de julio de 1994 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo por el Papa Juan Pablo II, tomando posesión el 25 de agosto del mismo año. Cargo que desempeñó hasta su nombramiento como Obispo de León el día 19 de marzo de 2002, tomando posesión el 28 de abril. El 6 de julio de 2010 Benedicto XVI le nombró miembro de la congregación para el Culto Divino de la Santa Sede. En la CEE ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de 1996 a 1999. De 1993 a 2002 formó parte de la Comisión de Liturgia y desde 2002 a 2011 fue Presidente de dicha Comisión. Desde 2011 es miembro de ella