Preparad los caminos del Señor

Mons. Antonio Cañizares             Adviento es tiempo de esperanza; pero no se espera a Dios con los brazos cruzados. “Preparad el camino del Señor”.

Es la voz de Juan Bautista, profeta y testigo de Jesús, siervo del Mesías siervo, esclavo que sirve a su Señor, desatando la correa y llevando las sandalias, y le confiesa como el Ungido. El Bautista forjó su personalidad en el desierto que es escuela de Dios; como los auténticos profetas de Jesús, Juan se forma durante años en la austeridad no fingida, en la penitencia, en la oración, en el silencio abierto a la escucha de la palabra de Dios, en la asimilación vital de las Sagradas Escrituras.

El Evangelista anticipa en labios de Juan el Precursor las palabras de Jesús “Convertíos, que llega el Reino de los cielos”. Convertíos, es decir, cambiad de vida, que está cerca Jesús, volved a Dios porque Él se ha vuelto a nosotros, viene a nosotros, se hace presente. Venir el Reino de los Cielos quiere decir que Dios ha de ser el centro de nuestra vida humana ya en la tierra. “Convertíos”, porque la vida que llevamos no es camino recto para el encuentro con Dios. Convertirse es volverse de cara a Dios, de cara a la Verdad y no de espaldas a la Verdad. Cuanto más uno camina de espaldas a la Verdad, más se aleja de ella. Cuando el hombre camina en dirección contraria a Dios o le da su espalda, cuando se olvida de Dios, que es la referencia absoluta de su vida, inmediatamente se produce una quiebra honda de humanidad, como la que estamos atravesando en los tiempos que vivimos.

Esta conversión, para preparar los caminos al Señor, reclama de nosotros cristianos que seamos en verdad cristianos, es decir, que lo seamos con mayor claridad y coherencia, que estemos entusiasmados con nuestra vocación cristiana, dispuestos a vivir la vida personal, familiar y social de acuerdo con el Evangelio de Cristo y la doctrina de la Iglesia, sin temor a ser criticados por los poderes de este mundo, capaces de presentar los contenidos de la salvación de Dios y hacerla operativa en las actuaciones y relaciones de la vida social concreta y verdadero. Que seamos cristianos fervorosos que viven intensamente su fe y su vida espiritual, su consagración bautismal, en estrecha y gozosa comunión eclesial.

Escuchamos esta llamada de Juan, en este Adviento concreto de 2016. Violencia, terrorismo, guerra, injusticia, países enteros que son marginados, amenaza a la vida desde su concepción, debilitamiento cuando no ruptura de la familia y de su verdad, quiebra moral donde no hay nada bueno o malo sino lo que a cada uno le parece y decida que sea bueno según su propia subjetividad, sociedad de consumo y de disfrute a costa de lo que sea en la que rigen criterios totalmente contrarios a los de Dios, dominada por un espíritu que no es el de Dios. Divisiones internas, incluso, en la Iglesia.

Juan Bautista, la Iglesia en este tiempo de Adviento, el Señor, nos invitan a una sincera conversión para poder recibir el Reino que nos trae Jesucristo, que no es otra cosa que la inmensa misericordia del Padre. El envío que el Padre hace de su Hijo al mundo es la manifestación y la esencia misma del amor, es la manifestación de la inmensa bondad y del amor de Dios a los hombres. El Mesías, Hijo de Dios vive, viene a nosotros ungido y dominado por el Espíritu de Dios, Espíritu de sabiduría, de ciencia de Dios, de piedad y de temor del Señor. Con este Espíritu viene a implantar el derecho y la justicia en la tierra, y a traer e implantar la paz, la verdadera convivencia entre las gentes. Dios nos llama en este Adviento a convertirnos, a dejar que El actúe en nosotros por su Espíritu, a dejarnos conducir por el mismo Jesucristo y establecer la verdadera convivencia y concordia entre los hombres, inseparable de la implantación de la justicia. Dios nos llama a los hombres a entrar en comunión con Él, a que volviéndonos a Él, fundamentándonos en su Hijo Jesucristo, estemos de acuerdo unos con otros, vivamos en la concordia, eliminemos las barreras que impiden el diálogo y las relaciones con los demás, nos acojamos unos a otros, vivamos en comunión.

Volver a Dios, convertirse a Él: ese es el secreto del momento que vivimos. Porque Dios es misericordioso y fiel, encuentra alegría en recuperar lo perdido y hacer revivir lo que se había muerto. Defiende con justicia al desamparado, con equidad da sentencia al pobre. Libra al pobre que clama y al afligido que no tiene protector, se apiada del pobre y del indigente y salva la vida de los pobres. Dios promete y da el perdón y el corazón nuevo. Dios nos ama con amor eterno y por eso viene en su Hijo y nos reconstruye; arranca de nuestra carne el corazón de piedra y nos da un corazón nuevo. Nos infunde su Espíritu y hace que caminemos según sus preceptos y pongamos por obra sus mandamientos.

Vivir el Adviento es preparar los caminos del Señor, es convertirse a Él, es seguir y hacer las obras de Dios, como Dios actúa.

+ Antonio Cañizares Llovera
Arzobispo de Valencia

Card. Antonio Canizares
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Emmo. y Rvmo. Sr. Antonio CAÑIZARES LLOVERAEl Cardenal Antonio Cañizares, nombrado el 28 de agosto de 2014 por el papa Francisco arzobispo de Valencia, nació en la localidad valenciana de Utiel el 15 de octubre de 1945. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Valencia y en la Universidad Pontificia de Salamanca, en la que obtuvo el doctorado en Teología, con especialidad en Catequética. Fue ordenado sacerdote el 21 de junio de 1970.Los primeros años de su ministerio sacerdotal los desarrolló en Valencia. Después se trasladó a Madrid donde se dedicó especialmente a la docencia. Fue profesor de Teología de la Palabra en la Universidad Pontificia de Salamanca, entre 1972 y 1992; profesor de Teología Fundamental en el Seminario Conciliar de Madrid, entre 1974 y 1992; y profesor, desde 1975, del Instituto Superior de Ciencias Religiosas y Catequesis, del que también fue director, entre 1978 y 1986. Ese año, el Instituto pasó a denominarse «San Dámaso» y el Cardenal Cañizares continuó siendo su máximo responsable, hasta 1992. Además, fue coadjutor de la parroquia de "San Gerardo", de Madrid, entre 1973 y 1992. Entre 1985 y 1992 fue director del Secretariado de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española.Creado Cardenal en marzo de 2006El papa Juan Pablo II le nombró Obispo de Ávila el 6 de marzo de 1992. Recibió la ordenación episcopal el 25 de abril de ese mismo año. El 1 de febrero de 1997 tomó posesión de la diócesis de Granada. Entre enero y octubre de 1998 fue Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena. El 24 de octubre de 2002 fue nombrado Arzobispo de Toledo, sede de la que tomó posesión el 15 de diciembre de ese mismo año. Fue creado Cardenal por el Papa Benedicto XVI en el Consistorio Ordinario Público, el primero de su Pontificado, el 24 de marzo de 2006.Cargos desempeñados en la CEE y en la Santa SedeEn la Conferencia Episcopal Española ha sido vicepresidente (2005-2008), miembro del Comité Ejecutivo (2005-2008), miembro de la Comisión Permanente (1999-2008), presidente de la Subcomisión Episcopal de Universidades (1996-1999) y de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis (1999-2005).El Papa Juan Pablo II lo nombró miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe el 10 de noviembre de 1995. El 6 de mayo de 2006, el Papa Benedicto XVI le asignó esta misma Congregación, ya como Cardenal. También como Cardenal, el Papa le nombró, el 8 de abril de 2006, miembro de la Comisión Pontificia “Ecclesia Dei”.El Cardenal Cañizares ha sido fundador y primer Presidente de la Asociación Española de Catequetas, miembro del Equipo Europeo de Catequesis y director de la revista Teología y Catequesis.Es miembro de la Real Academia de la Historia desde el 24 de febrero de 2008.Igualmente, el Papa nombró al Cardenal Cañizares Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en diciembre de 2008.De otro lado, el cardenal fue nombrado en 2010 “Doctor Honoris Causa” por la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir” (UCV) Nombrado Arzobispo de Valencia el 28 de agosto de 2014.Tomó posesión de la Archidiócesis el 4 de octubre de 2014