Adviento. Tiempo de María

Mons. Jesús Murgui            Estos días pasados, al celebrar la entrañable festividad de la Inmaculada Concepción, un año más, la Iglesia se identifica con el «sí» de María, que oíamos en el Evangelio de la Anunciación, deseando vivir como ella y con ella, las actitudes cristianas del Adviento, la esperanza, la vigilancia, la alegría, el deseo de Dios, la humildad y especialmente el silencio.

A lo largo de estos días nos sentimos atraídos por el silencio vivido por María y deseamos ir preparándonos a entrar en ese ámbito en el que ella se preparó con ternura para su Hijo, ayudándonos con su entrañable actitud a acercarnos y a tocar de nuevo el misterio de la Encarnación del Señor.

Rompe este silencio el cántico del Magníficat, salido de la fe profunda de María en la Visitación y en él se vislumbra su experiencia creyente personal, el éxtasis que sale de su mismo corazón.

María, allí, nos sigue enseñando lo que es contemplar con ojos de fe la propia pequeñez, así como la predilección de Dios por los humildes, los pobres. El Magníficat, su canto, revela la espiritualidad de los fieles que como María entoncesse reconocían pobres, no sólo por su alejamiento de cualquier tipo de idolatría de la riqueza y del poder, sino también por la profunda humildad de su corazón, rechazando cualquier tentación de orgullo o autosuficiencia.

A este respecto comenta Benedicto XVI: «El primer movimiento del Magníficat (cfr.Lc1, 46-50) es una especie de voz solista que se eleva hacia el cielo para llegar hasta el Señor. Escuchamos precisamente la voz de la Virgen que habla así de su Salvador, que ha hecho obras grandes en su alma y en su cuerpo. En efecto, conviene notar que el cántico está compuesto en la primera persona: Mi alma… Mi espíritu…. Mi Salvador… Me felicitarán… Ha hecho obras grandes por mí… Así pues, el alma de la oración es la celebración de la gracia divina, que ha irrumpido en el corazón y la existencia de María, convirtiéndola en la Madre del Señor» (Audiencia General 15.II.2006).

Este testimonio personal de María, sin embargo, no es solitario e intimista, puramente individualista, porque la Virgen Madre es consciente que tiene una misión que desempeñar y de que su historia personal se inserta en la historia de la salvación de todos los hombres. Así con su alabanza se hace portavoz de todos los creyentes, que, en su Hijo Jesucristo, encuentran la misericordia de Dios.

Así, sigue comentando Benedicto XVI: «En este punto se desarrolla el segundo movimiento poético y espiritual del Magníficat (cfr.v.51-55). Tiene una índole más coral, como si a la voz de María se unierala de la comunidad de los fieles que celebran las sorprendentes elecciones de Dios, tantas acciones que el Señor realiza de modo permanente en la historia: Hace proezas, dispersa a los soberbios, derriba del trono a los poderosos, enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes, a los ricos despide vacíos, auxilia a Israel. En estas siete acciones divinas es evidente el estilo en el que el Señor de la historia inspira su comportamiento: se pone de parte de los últimos. Su proyecto a menudo está oculto bajo el terreno opaco de las vicisitudes humanas, en las que triunfan los soberbios, los poderosos y los ricos. Con todo, está previsto que su fuerza secreta se revele al final, para mostrar quienes son los verdaderos predilectos de Dios: los que le temen, fieles a su palabra, los humildes, los que tienen hambre, es decir, la comunidad del Pueblo de Dios que, como María, está formada por los que son pobres, puros y sencillos de corazón» (Ibid.). Mirando a María, escuchándola y aprendiendo de ella, vivamos el verdadero espíritu de Adviento, sintámonos animados a prepararnos como Ella a la venida del Señor, bien despiertos, en actitud orante y cantando la misericordia de nuestro buen Dios.

Que el Señor os conceda una serena espera, llena del deseo de su Venida.

Paz y bendición a todos.

+ Jesús Murgui Soriano

Obispo de Orihuela-Alicante

Mons. Jesús Murgui Soriano
Acerca de Mons. Jesús Murgui Soriano 135 Artículos
Mons. D. Jesús Murgui Soriano nace en Valencia el 17 de abril de 1946. Recibió la ordenación sacerdotal el 21 de septiembre de 1969 y obispo desde el 11 de mayo de 1996. Estudió en el Seminario Metroplitano de Moncada (Valencia) y está licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca y doctorado en esta misma materia por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma.CARGOS PASTORALESFue coadjutor entre 1969 y 1973 y párroco, en distintas parroquias de la archidiócesis de Valencia, entre 1973 y 1993, año en que es nombrado Vicario Episcopal. Fue Consiliario diocesano del Movimiento Junior entre 1973 y 1979 y Consiliario diocesano de jóvenes de Acción Católica de 1975 a 1979.Fue nombrado Obispo auxiliar de Valencia el 25 de marzo de 1996, recibiendo la ordenación episcopal el 11 de mayo de ese mismo año. Entre diciembre de 1999 y abril de 2001 fue Administrador Apostólico de Menorca.El 29 de diciembre de 2003 fue nombrado Obispo de Mallorca, sede de la que tomó posesión el 21 de febrero de 2004. El 27 de julio de 2012 se hizo público su nombramiento como Obispo de Orihuela-Alicante. El sábado 29 de septiembre de 2012, tomó posesión de la nueva diócesis.OTROS DATOS DE INTERÉSEn la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Liturgia desde marzo de 2017. Cargo que desempeña desde el año 2005. Anteriormente, ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral desde 1996 a 1999 y de la Comisión Episcopal del Clero desde 1999 a 2005.