Adviento: esperar

Mons. Francesc Pardo i Artigas           Durante el adviento nos ponemos en la piel de aquellos profetas de Israel que esperaban y hablaban con anhelo  de la venida del Mesías, el Libertador, el Salvador, pero sobretodo nos fijamos en María, su madre, Santa María de la esperanza.

Constato que hoy muchas personas viven faltas de esperanza. Vivimos en una sociedad necesitada de esperanza. Algún autor ha podido decir que “el siglo XX ha resultado ser un inmenso cementerio de esperanzas” y,  si no lo evitamos, también lo será en el siglo XXI.

La ausencia de sentido, la ausencia del amor, la experiencia del sufrimiento y del fracaso, y no tener los medios necesarios para vivir con dignidad, son algunos de los factores que roban la esperanza.

A título de inventario, algunas consideraciones que muestra la falta de esperanza:

– Cuando la persona vive satisfecha con lo que ha conseguido, pero no espera nada de ella misma, ni de la vida, ni de los demás. “Se va viviendo…”, sin ninguna perspectiva.

– Cuando la persona está cansada, porque la vida se le hace pesada y aburrida. Poco a poco se vuelve indiferente a todo y a todos, y perezoso. Se pregunta: ¿Qué me queda de tanto esfuerzo, del trabajo, de gastar la vida?

– Cuando la persona no encuentra gusto en nada. Cada día se siente más incapaz de saborear la belleza, la bondad, la riqueza de la vida. No es capaz de ver el lado positivo de la existencia. La tristeza y el mal humor se cobijan en su corazón.

–  Cuando la persona solo piensa en sí misma, en su seguridad, en su bienestar, en su dinero y sus posesiones… no contempla a nadie más ni nada más, y se vuelve más y más insensible y superficial.

– Cuando Dios se ha convertido en el gran ausente ¿Quién puede fundamentar el cumplimiento de los deseos más profundos de vida, de amor, de felicidad? Porque el silencio sobre Dios arrastra el silencio sobre el porqué y hacia dónde va la vida. El silencio sobre Dios arrastra el silencio sobre el hombre.

El adviento nos estimula a la esperanza. ¿Qué y por qué podemos esperar? ¿Qué o a quién podemos esperar? El adviento nos invita a esperar la manifestación o la venida de Jesucristo, el Salvador, a nosotros y a nuestro mundo, para transformar y modelar nuestra vida cambiando radicalmente las situaciones de desamor, de injusticia, de falta de sentido, de egoísmo, de violencia, de miedo. Al propio tiempo, es esperanza en el futuro de plenitud y felicidad que Dios nos ha prometido más allá de la historia, cuando Él nos acogerá como hijos e hijas.

¿Por qué? Pues sencillamente porque debemos hallar el fundamento en la encarnación, muerte y resurrección de Jesucristo, y no tanto en nuestras posibilidades humanas. Porque Jesucristo ha compartido nuestra humanidad y ha vencido el pecado, el mal y la muerte.

La esperanza en “el cielo” en forma alguna nos ha de alejar de la tierra y del compromiso de amarla y transformarla, antes al contrario. Esta lucha o compromiso se realiza en las responsabilidades familiares, eclesiales, sociales y en la proclamación del Evangelio; en los servicios más humildes, en la actitud hacia los demás: desde la acogida, ofreciendo alimentos, vivienda, ayudando a salir de la marginación, educando, hasta conseguir estructuras sociales y políticas más justas.

Durante el adviento reavivemos la virtud de la esperanza.

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
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Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña.Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany.El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.