«La alegría del Adviento»

Mons. Juan José Omella             El próximo jueves celebra la Iglesia la solemnidad de la Inmaculada Concepción, cuando estamos a medio camino de la preparación para la fiesta de Navidad.

La Iglesia tiene el corazón puesto en esta fiesta y por eso se ha esforzado en mantenerla como fiesta laboral, a pesar de que la proximidad con la fiesta civil de la Constitución provoque que tengamos dos fiestas en una misma semana, cosa que no facilita la continuidad laboral que se reclama como factor que favorece la productividad y el bien común.

Querría recordar las razones que tiene la Iglesia para querer mantener esta fiesta también como fiesta en el calendario laboral, cuando ha cedido en otras fiestas que han sido trasladadas al domingo, como la celebración de Corpus Christi. Hay unas razones históricas, como la posición tradicional de nuestro país –en especial de la Corona de Aragón–, siempre defensor del dogma de la Inmaculada Concepción en el curso de la larga controversia que enfrentó a dominicos y franciscanos; nuestro Ramon Llull fue uno de los grandes defensores de este dogma. La controversia terminó con la declaración de la concepción inmaculada de santa María, proclamada como verdad de fe por el papa Pío IX en el año 1854.

El obispo Pere Tena, eminente estudioso de la liturgia cristiana, decía en un artículo publicado el año 2002, que “es bueno acentuar de entrada que cuando hablamos de la Concepción Inmaculada de María no hablamos de lo que se denominaconcepción activa, es decir, del hecho que María concibió virginalmente al Hijo de Dios hecho hombre, sino de la concepción pasiva, es decir, que María fue concebida llena de gracia desde el primer instante de su existencia, por voluntad amorosa de Dios. Es por lo tanto un hecho de salvación, no simplemente una idea. Alguna vez hablamos de la Concepción Inmaculada de María como si celebrásemos un dogma, y lo es, ciertamente, un dogma; pero un dogma como tal no es motivo de celebración, sino de adhesión en la fe a aquello que expresa. Lo que es motivo de celebración en la liturgia son los acontecimientos”.

El acontecimiento que celebramos en esta fiesta es que María fue concebida libre del peso del pecado que marca desde el inicio la vida de todos los hombres y mujeres. Por eso, en catalán a María se la denomina simplemente como la Purísima y su fiesta tiene lugar en Adviento. Es una feliz coincidencia porque, como decía el papa Pablo VI en su exhortación sobre el culto mariano, el tiempo de Adviento es el tiempo mariano por excelencia. Y también lo reafirma el reciente Directorio sobre la piedad popular y la liturgia.

Es prácticamente inevitable, en la solemnidad de la Inmaculada Concepción de santa María, evocar la poesía que Joan Maragall dedicó a la nit de la Puríssima. El Adviento es un tiempo que invita a la contemplación de las promesas de Dios que alimentan la esperanza. El gran poeta catalán nos invita a esta contemplación: “A la nit de desembre ella davalla, i l’aire es tempera i el món calla. Davalla silenciosa… Oh quina nit tan clara i tan formosa!”.

Y añadía nuestro poeta:

“Neix l’hivern cantant les glòries

d’una verge amb mantell blau

que al sentí’s plena de gràcia

baixa els ulls, junta les mans,

i es posa a adorar a Déu

en son ventre virginal…

Caieu fulles, caieu fulles,

Que ja s’acosta Nadal.”

Hermanos, feliz domingo de Adviento a todos.

+ Juan José Omella Omella

Arzobispo de Barcelona

Card. Juan Jose Omella
Acerca de Card. Juan Jose Omella 328 Articles
Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.