Tiempo de Adviento

Mons. Antonio Cañizares            El domingo pasado iniciamos el tiempo de Adviento. Este tiempo significa expectativa, preparación, deseo, esperanza de la presencia en el mundo de Aquel que viene a traer la misericordia y la paz.

Ha quedado abierta la puerta del Adviento y se nos invita a cruzar sus umbrales una vez más para proclamar ante nuestro mundo que la esperanza, desde que el Hijo de Dios se ha hecho hombre, está en Él, en Jesucristo. Por eso nuestra mirada, como cruzando el umbral de la esperanza, se dirige a Jesucristo, aliento único para la esperanza que no se marchita, a pesar de tantos acontecimientos y situaciones humanas que estamos viviendo y que parecen invitarnos al desaliento: violencia, terrorismo, guerra, muchedumbre inmensa de gentes y de pueblos bajo la opresión, muertes de inocentes, víctimas ingentes de la droga y del inhumano y cruel tráfico de droga, miles y miles de refugiados que buscan el Occidente como tierra de salvación, muchísimos perecen en el intento tragados por las aguas de Mediterráneo que se ha convertido en su sepultura, en la fosa común para tantos… Ante tanto dolor y sufrimiento gritamos: ¡Que se acabe tanta violencia, tanto terrorismo, que en modo alguno tiene ninguna justificación, y merece todo rechazo, como Dios mismo lo rechaza, y envía a su Hijo al mundo para establecer el amor, la paz, la dignidad e inviolabilidad de todo ser humano!

Vivimos situaciones de oscuridad y de tiniebla envolventes. En medio de estos signos sombríos hoy resulta difícil la esperanza y confiar en las palabras que a lo largo de este tiempo litúrgico escucharemos, por ejemplo aquellas del Profeta Isaías: “De la espadas se forjarán arados y de las lanzas podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo”. ¿Cómo confiar en ellas cuando vemos cómo las armas de la guerra, de la injusticia y de la violencia siguen destruyendo las vidas? Por eso precisamente ponemos nuestra mirada en Jesucristo. Y por lo mismo, desde esta situación en la que nos encontramos, partimos pasando esta puerta única que nos abre a la esperanza viva.

La llamada es a caminar a la luz del Señor, a dejar las obras de las tinieblas y a pertrecharnos de las armas de la luz, de Cristo mismo, que es Luz que viene a iluminar la oscuridad de nuestro mundo. En este mundo, en este momento, los cristianos estamos llamados a caminar con nuestra mirada fija en el Evangelio de Cristo, en Cristo mismo, Evangelio vivo de Dios, Aquel en el que han encontrado el último y definitivo cumplimiento las promesas de Dios.

En Él, en efecto, encuentran solución los graves problemas que pesan sobre la humanidad de todos los tiempos, también de los nuestros. En Él se halla la verdadera respuesta a los grandes interrogantes que nos planteamos ante tantos acontecimientos que ponen de manifiesto la sinrazón de los mismos. En Él, el hombre, ante la grande y profunda quiebra de humanidad y moralidad que padecemos, encuentra el sentido y la verdad que libera y nos lleva a retornar a lo más genuino y grande del ser humano. Él es la Luz, Él nos trae la paz, Él viene a reunir a los hijos de Dios dispersos y enfrentados, Él ha venido a traer la salvación, no la condenación, ha venido a servir, no a ser servido, y a dar su vida en rescate por todos, para que tengamos vida, vida plena, vida eterna. Él es Dios con Nosotros, Dios con los hombres.

La esperanza del mundo descansa en Cristo. En Él las expectativas de la humanidad hallan un fundamento real y firme. Nos ha revelado que Dios es Amor y nos ha hecho posible acceder a ese Amor, verlo, tocarlo, vivir de Él. Ésta es la Buena Noticia que se nos anuncia en el Adviento. Éste es el Evangelio que se nos entrega para que lo acojamos en el Adviento de este año, con todas las circunstancias que nos rodean: Dios se ha manifestado, se ha hecho visible, tangible. Y se ha manifestado como amor infinito e incondicional por el hombre y por la vida del hombre.

Dios, el Misterio que da consistencia a todas las cosas, ¡se ha revelado como amigo de los hombres! ¡Dios ama a los hombres, nos ama a cada uno de nosotros, tal y como somos, con todo el peso de miseria y pecado que llevamos en nuestro corazón! Quien vive de este Amor y misericordia, compasión sin límites de Dios, que en Jesucristo se nos ha hecho visible y palpable, no puede permanecer dormido y aletargado, sino que emprende el camino, la peregrinación del amor a los hombres.

Démonos cuenta, al comenzar este Adviento, del momento que vivimos; el momento es apremiante. Es preciso estar despiertos, ser lúcidos, porque la salvación, Cristo, el amor misericordioso de Dios está cerca de nosotros, llega a nosotros si lo acogemos. Por eso el Adviento que comienza, como todo el año, ha de ser un abrir de par en par las puertas a este amor misericordioso de Dios, un abrir enteramente nuestra mente y nuestro corazón, nuestra voluntad y nuestro deseo, nuestras personas, al Dios con nosotros, vivo y verdadero, para acogerle en lo más profundo de nuestro ser y convertirnos de verdad a Él. Necesitamos permanecer vigilantes con la luz de la fe y de la caridad encendida. Necesitamos abrirnos a Jesucristo y así ser abiertos y acogedores sin reservas de la bondad de Dios, Salvador y Padre nuestro, y a su amor a los hombres, que se nos ha manifestado en el acontecimiento que celebramos en la Navidad. El Adviento de este año debería resaltar y llevar a realidad viva, “reavivar”, la caridad, en su doble faceta de amor a Dios y a los hermanos, que tiene en Dios, que es amor, su fuente y su meta. En realidad, nuestra experiencia de lo que Dios ha hecho en nosotros nos lleva a desear apasionadamente y a trabajar porque la forma de vida de todos los hombres y de todos los pueblos sea la amistad, por encima de las barreras y de las divisiones que por el pecado tendemos siempre a crear entre nosotros, de mil formas y con mil razones. Esa amistad es una realidad posible. Es una amistad que se abre y se extiende continuamente, que reconoce la verdad y el bien de que es portadora toda persona y toda cultura, que aprecia la razón y la libertad de todos, que facilita la búsqueda libre y honesta del bien común, y la cooperación de todos a ese bien. Esa amistad es posible, lo sabemos, si todos nos acercamos al Dios de la misericordia, amigo de los hombres.

+ Antonio Cañizares Llovera
Arzobispo de Valencia

Card. Antonio Canizares
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Emmo. y Rvmo. Sr. Antonio CAÑIZARES LLOVERAEl Cardenal Antonio Cañizares, nombrado el 28 de agosto de 2014 por el papa Francisco arzobispo de Valencia, nació en la localidad valenciana de Utiel el 15 de octubre de 1945. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Valencia y en la Universidad Pontificia de Salamanca, en la que obtuvo el doctorado en Teología, con especialidad en Catequética. Fue ordenado sacerdote el 21 de junio de 1970.Los primeros años de su ministerio sacerdotal los desarrolló en Valencia. Después se trasladó a Madrid donde se dedicó especialmente a la docencia. Fue profesor de Teología de la Palabra en la Universidad Pontificia de Salamanca, entre 1972 y 1992; profesor de Teología Fundamental en el Seminario Conciliar de Madrid, entre 1974 y 1992; y profesor, desde 1975, del Instituto Superior de Ciencias Religiosas y Catequesis, del que también fue director, entre 1978 y 1986. Ese año, el Instituto pasó a denominarse «San Dámaso» y el Cardenal Cañizares continuó siendo su máximo responsable, hasta 1992. Además, fue coadjutor de la parroquia de "San Gerardo", de Madrid, entre 1973 y 1992. Entre 1985 y 1992 fue director del Secretariado de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española.Creado Cardenal en marzo de 2006El papa Juan Pablo II le nombró Obispo de Ávila el 6 de marzo de 1992. Recibió la ordenación episcopal el 25 de abril de ese mismo año. El 1 de febrero de 1997 tomó posesión de la diócesis de Granada. Entre enero y octubre de 1998 fue Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena. El 24 de octubre de 2002 fue nombrado Arzobispo de Toledo, sede de la que tomó posesión el 15 de diciembre de ese mismo año. Fue creado Cardenal por el Papa Benedicto XVI en el Consistorio Ordinario Público, el primero de su Pontificado, el 24 de marzo de 2006.Cargos desempeñados en la CEE y en la Santa SedeEn la Conferencia Episcopal Española ha sido vicepresidente (2005-2008), miembro del Comité Ejecutivo (2005-2008), miembro de la Comisión Permanente (1999-2008), presidente de la Subcomisión Episcopal de Universidades (1996-1999) y de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis (1999-2005).El Papa Juan Pablo II lo nombró miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe el 10 de noviembre de 1995. El 6 de mayo de 2006, el Papa Benedicto XVI le asignó esta misma Congregación, ya como Cardenal. También como Cardenal, el Papa le nombró, el 8 de abril de 2006, miembro de la Comisión Pontificia “Ecclesia Dei”.El Cardenal Cañizares ha sido fundador y primer Presidente de la Asociación Española de Catequetas, miembro del Equipo Europeo de Catequesis y director de la revista Teología y Catequesis.Es miembro de la Real Academia de la Historia desde el 24 de febrero de 2008.Igualmente, el Papa nombró al Cardenal Cañizares Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en diciembre de 2008.De otro lado, el cardenal fue nombrado en 2010 “Doctor Honoris Causa” por la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir” (UCV) Nombrado Arzobispo de Valencia el 28 de agosto de 2014.Tomó posesión de la Archidiócesis el 4 de octubre de 2014