La Biblia, el alma y el centro de la vida cristiana, para Santiago Guijarro

Santiago Guijarro es catedrático de Nuevo Testamento en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca (UPSA). Aprovechando que estuvo en Albacete impartiendo un curso de profesores de religión hablamos con este experto biblista.

¿Qué importancia tiene el estudio de la Biblia?

El estudio de la Biblia —la Palabra de Dios— es muy importante, no solo ahora, sino en toda la historia de la Iglesia.

Dentro de la Biblia, cobran una especial importancia los Evangelios, que tienen un lugar central, como se expresa en la liturgia: Cuando se proclama el Evangelio nos ponemos en pie para dar a entender, no solo respeto, sino también la importancia que esa Palabra tiene para nuestra vida.

De modo que, yo creo, que el volver de manera regular a la Palabra de Dios para cualquier agente de pastoral es siempre una ocasión de refrescar, de volver a las fuentes, de conocer mejor las raíces de nuestra fe y —por tanto— una ocasión de sentirse más animado y más estimulado en la tarea que desempeñan.

¿Le damos a la Palabra de Dios la importancia que tiene?

En la Iglesia Católica, durante mucho tiempo, a causa de las divisiones que la interpretación de la Biblia generó en la época del Renacimiento y la Reforma Protestante, la Biblia estuvo —de alguna manera— sustraída de la lectura a los fieles.

Dentro de las comunidades católicas, hay todavía una sensación de que la Biblia es una referencia que tenemos que tratar con cuidado y que junto a ella tenemos que poner otras cosas.

Es verdad, pero creo que poco a poco hemos ido dando pasos para que la Biblia vaya siendo verdaderamente —como dice el Concilio Vaticano II— el alma de la vida cristiana, el centro de la vida cristiana.

Y ahora, ¿En qué situación nos encontramos respecto al conocimiento de la Biblia?

Nos encontramos en una fase de recuperación del texto bíblico: A mediados del siglo pasado se hicieron muchas traducciones de la Biblia.

Después viene el momento de la Pastoral Bíblica que constituía una especie de prioridad, porque realmente no la teníamos.

De ahí, estamos pasando en este momento a lo que la exhortación post sinodal Verbum Donimi ha definido como la ‘animación bíblica de toda la pastoral’, —es decir— que deja de ser una pastoral más entre tantas.

Estamos dando un paso para entender que la pastoral y toda la vida de la Iglesia debe estar animada por el conocimiento, la meditación, la vivencia, de la Palabra de Dios. Yo creo que —desde el punto de vista pastoral— estamos en esta transición, que de una u otra forma está haciendo que la Palabra de Dios sea la que inspire nuestra vida, nuestras acciones, nuestras programaciones.

¿Cuál es el centro de la Escritura?

Dice San Jerónimo que desconocer las Escrituras es desconocer a Cristo. Todas las Escrituras hablan de Cristo, todos los libros sagrados. Ciertamente los Evangelios son los que están centrados en la figura de Jesús y lo están de una manera muy peculiar.

¿Cuál es esa manera?

Los Evangelios han conservado recuerdos guardados y transmitidos en las primeras comunidades a cerca de la persona de Jesús, de lo que Jesús dijo e hizo. Contienen la memoria de esos acontecimientos de una manera que nos hacer descubrir, no aspectos parciales de Jesús, sino toda la persona de Jesús.

¿Cuáles son sus principales elementos?

Hay dos elementos enormemente importantes: Uno es que los recuerdos sobre Jesús acabaron conservándose en la Iglesia en una manera particular que es la forma de la biografía: la forma de relato de una vida. Una biografía que es distinta de las biografías que nosotros conocemos hoy, pero que tiene todos los rasgos de las biografías antiguas.

Eso quiere decir que lo que a ellos les interesaba, por encima de todo, era conservar y recordar el misterio de la persona de Jesús. Por eso —en los Evangelios— la pregunta central es «¿Quién decís vosotros que soy yo?»; y no «¿Qué he dicho o qué he hecho?’». Lo importante es la pregunta «¿Quién soy?».

¿Y el segundo?

Los Evangelios, nacieron en distintos momentos. Han sido reunidos —cuatro de ellos— dentro del Canon. Es decir, la Iglesia no ha conservado solo un Evangelio, como hacían a veces las primeras comunidades cristianas, sino cuatro.

Esto nos hacer ver que los Evangelios son testimonio de un misterio que está más allá de ellos, porque si uno de ellos lo contuviera, sería suficiente con haber transmitido uno.

El hecho de que necesitemos cuatro visiones, cuatro relatos sobre Jesús, da a entender que ninguno es completo, que se tienen que completar unos a otros y, en definitiva, que aquello de lo que hablan, que es el misterio de Jesús, de la persona de Jesús, está más allá de ellos, de manera que se puede decir que ellos, como todas las Escrituras, son un camino para encontrar al Señor.

¿El estudio de la Biblia está reservado a los teólogos, o es para todos?

Sin duda, el estudio de la Biblia es apasionante y puede llenar la vida del cristiano a distintos niveles. El conocimiento de las Escrituras es algo para todos los cristianos.

(Diócesis de Albacete)

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