Clausuramos el Año de la Misericordia

Mons. Celso Morga           Queridos fieles, el 8 de diciembre, solemnidad de la Inmaculada Concepción, del año pasado, el Santo Padre abría el Año Santo de la Misericordia. El domingo pasado, domingo de Cristo Rey, lo cerraba en Roma, si bien en Nuestra Archidiócesis lo hacemos este sábado, 26 de noviembre.

Cuando el Papa Francisco anunció un Jubileo extraordinario que tendría en el centro la misericordia de Dios, afirmó: “Estoy convencido que toda la Iglesia, que tiene tanta necesidad de recibir misericordia, porque somos pecadores, podrá encontrar en este Jubileo la alegría para redescubrir y hacer más fecunda la misericordia de Dios, con la cual todos estamos llamados a dar consolación a cada hombre y a cada mujer de nuestro tiempo. No olvidemos que Dios perdona todo, y Dios perdona siempre. No nos cansemos de pedir perdón. Confiemos este año desde ahora a la Madre de la Misericordia, para que dirija a nosotros su mirada y vele sobre nuestro camino: Nuestro camino penitencial, nuestro camino con el corazón abierto, durante un año a recibir la indulgencia de Dios, a recibir la misericordia de Dios”.

En este tiempo hemos puesto en lugar destacado la Misericordia de Dios, que nos creó por amor y por amor nos salva. Han tenido un protagonismo especial aquellos que el Papa Francisco llama los descartados y que son los preferidos del Señor.

En Mérida-Badajoz designé varios templos para obtener las indulgencias jubilares. A día de hoy sabemos que han sido muchos miles de personas las que han peregrinado a estos templos.

Paralelamente decidí que nuestra Archidiócesis asumiera tres proyectos solidarios: Proyecto de creación de una escuela secundaria en Kanyandavu (Zimbabwe), Proyecto Agroecología y alternativas de desarrollo ante los cambios climáticos en Ahuachapán (El Salvador) y Proyecto de vivienda de convivencia y autogestión en la ciudad de Badajoz.

La clausura del Año Jubilar en nuestra iglesia particular la hacemos mirando el ejemplo de dos de los nuestros: don Rafael Sánchez y don Luis Zambrano, que en el transcurso de este Año de la Misericordia fueron declarados “Venerables” por el Papa Francisco: don Rafael el pasado 8 de julio, y don Luis Zambrano, el 11 de octubre. Esto significa que están más cerca de alcanzar la condición de “beatos”, que culmina con la de “santos”. Para ello se requiere la certificación de un prodigio extraordinario, un milagro, por mediación de ellos, por lo que es momento de que encomendemos nuestras necesidades a su intercesión.

Ambos son modelos para todos nosotros, pero especialmente para el presbiterio, para los sacerdotes de la Archidiócesis, que encuentran en estos dos hermanos un ejemplo, un testimonio de renovación e impulso para su vida sacerdotal, de celo apostólico, de entrega al Señor.

Muchos de vosotros conocisteis a estos sacerdotes y sabéis de sus carismas variados pero enriquecedores para los que los trataron y para toda la Iglesia. De don Rafael destaca su amor a Dios manifestado en su entrega a los necesitados, una vida de oración intensa y ascética, el cuidado a los enfermos del Hospital Provincial, en el que pasó casi toda su vida sacerdotal.

Del regalo que supuso don Luis Zambrano para nuestra Iglesia dan fe las mujeres consagradas en el Instituto Secular Hogar de Nazaret, que este fontanés fundara en Ribera del Fresno la Navidad del año 1935, y que llega a nuestros días con la actualidad propia del Evangelio hecho vida.

Se da la particularidad de que ambos sacerdotes mantuvieron una buena amistad hasta el punto de que don Luis Zambrano administró el sacramento de la Unción de Enfermos a don Rafael unos días antes de fallecer, hecho que aconteció el 8 de agosto de 1973.

Convencido de que la vida de estos hombres de nuestro tiempo ilumina la nuestra, damos gracias a Dios por el fruto ya palpable del Año de la Misericordia que, a buen seguro, se proyectará en el futuro de la Iglesia.

+ Celso Morga

Arzobispo de Mérida-Badajoz

Mons. Celso Morga Iruzubieta
Acerca de Mons. Celso Morga Iruzubieta 63 Articles
Mons. Celso Morga Iruzubieta nació en Huércanos, La Rioja, el 28 de enero de 1948. Completó sus estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Logroño y fue ordenado sacerdote el 24 de junio de 1972. Posteriormente, cursó la licenciatura en Derecho Canónico en la Universidad de Navarra, donde obtuvo el Doctorado en 1978.morga_iruzubieta_celso Más tarde desarrolló su labor pastoral en diversas parroquias de La Rioja y fue vicario judicial adjunto del Tribunal Diocesano entre 1974 y 1980. Ese año se trasladó a Córdoba (Argentina) para impartir la docencia de Derecho Canónico en el Seminario Archidiocesano. También ejerció de juez en el Tribunal Eclesiástico y de capellán de un colegio religioso. A su regreso a España en 1984, le nombraron párroco de San Miguel, en Logroño, y en 1987 fue llamado a Roma para trabajar en la Congregación para el Clero, el dicasterio vaticano que se ocupa de los asuntos que se refieren a la vida y ministerio de 400.000 sacerdotes católicos en todo el mundo. Allí ha trabajado de jefe de Sección y, desde noviembre de 2009, de subsecretario, cargo que ha ocupado hasta su nombramiento de secretario y Arzobispo titular de Alba Marítima, siendo ordenado obispo por el Papa Benedicto XVI en la Basílica de San Pedro el día 5 de febrero de 2011. Además de su responsabilidad en la Curia Romana, Mons. Celso Morga ha desarrollado una intensa labor pastoral en diversas parroquias de la capital italiana, entre ellas la parroquia de los Santos Protomártires Romanos. Es autor de algunos libros de teología espiritual y ha publicado varios trabajos sobre la vida y el ministerio de los sacerdotes, en L’Osservatore Romano y otras revistas. En la Conferencia Episcopal Española es miembro, desde noviembre de 2014, de la Comisión Episcopal del Clero.