Adviento en una sociedad decepcionada

Mons. Agustí Cortés               Nos preguntamos desde dónde, desde qué situación, comenzamos a escuchar los mensajes de esperanza propios de Adviento.

Hablábamos de “la sociedad del cansancio”, como aquella sociedad deprimida y derrotada, que es víctima de la obsesión por el rendimiento. Sin dejar de observarla con amor y respeto, también podemos detectar otros rasgos de nuestra sociedad, como “la decepción” y “el aburrimiento”.

Hablamos de la sociedad decepcionada o incluso enfurecida. Si el cansancio era una enfermedad que mataba por exceso, como una indigestión, o como un cáncer en el que las células crecen incontroladamente, el desengaño vendría a ser una enfermedad que corroe, que degrada, como dirían los médicos, como una necrosis, en la que las células van muriendo poco a poco. Es curioso que ambas enfermedades sociales produzcan el mismo efecto: la tristeza, el derrotismo, la depresión.

¿De dónde nos viene la decepción? Se habla mucho de la decepción que sufre la gente ante la clase política. Si este hecho es verdadero, el asunto resulta grave y preocupante.

Hay que advertir, sin embargo, que hablar de los políticos como “clase”, como una especie de grupo marcado por una misma manera de actuar, no sería del todo justo. Al fin y al cabo, los políticos son como cualquiera de nosotros, son producto de nuestra misma sociedad: en todo caso, tendremos que reconocer el desengaño de nosotros mismos. Como aquél que dijo, bajo la impresión de haber constatado la crueldad y la degradación extrema que los humanos somos capaces de provocar: “me bajo de esta humanidad y de esta historia”.

Eso sí, lo propio del político, que justificaría nuestra decepción e incluso nuestra indignación, es que gran parte de nuestras vidas están en sus manos, porque nosotros les hemos hecho ese encargo. Entonces, si es manifiesta la incompetencia del político o el motivo principal o único de su trabajo es la satisfacción de su afán de poder o el enriquecerse, imponer su ideología o destruir al adversario, la decepción estará plenamente justificada.

Los políticos o la política en general no es la única fuente de decepción. El sentimiento de decepción es frecuente en el consumo, en las relaciones personales, de amistad, de compañeros, incluso de familia; en el mundo profesional, en el deporte, en las ideologías… siempre que hemos volcado ilusiones en personas o cosas, que en un momento dado no han cumplido nuestras expectativas. Decepción, indignación y rabia son un mismo sentimiento, que crece a medida que la realidad no responde a los deseos.

Conviene que revisemos si pedimos a la realidad, lo que la realidad, las cosas o las personas, no pueden dar. Alguna vez me viene a la memoria una imagen, terrible para un niño, cuando yo lo era. Un carretero, enfurecido por la ira, entre gritos y blasfemias, azotaba con su látigo a un caballo, que no lograba subir una cuesta empinada arrastrando el carro repleto hasta arriba de graba. El animal chorreaba sangre por su espalda y espuma por la boca. No podía desviar la mirada de aquel espectáculo. Era para pensar que si el carretero, aceptando la limitación del pobre animal, hubiese vaciado la mitad de la grava, habría podido subir, para después bajar a recoger la otra mitad…

El Adviento es tiempo de la esperanza serena. No de ambiciones, de ilusiones entusiastas, deseos y proyectos. La esperanza que suscitó Dios en el pueblo de Israel, y quiere despertar entre nosotros, acepta sencillamente los límites de la realidad, de las cosas, las ideas, las personas, de nosotros mismos.

El hecho de que Dios cuente con nuestras manos, no quiere decir que la historia y el futuro no estén siempre y indefectiblemente en las suyas.

 

Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia.Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998.El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat.En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades.En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.