Adviento = velar. Estad atentos, Jesús viene

Mons. Francesc Pardo i Artigas           Tiempo de adviento, que significa “advenimiento” —que alguien ha venido, viene i vendrá—, las tres dimensiones de este tiempo.

De alguna manera el adviento nos permite entrar en el “túnel del tiempo” y vivir el presente, recordando el pasado y esperando el futuro, porque nos transporta al tiempo de espera del Mesías, nos lleva a nuestro día de hoy y nos señala el futuro.

Miramos la Navidad, identificándonos con la espera del Pueblo de Israel, representado por los profetas y por María. Nos preparamos para vivir intensamente la primera venida de Jesús como hombre. Por ello, contemplando su encarnación, experimentamos sus consecuencias.

– Miramos el futuro hacia aquellos momentos en que Jesús regresará glorioso al fin de los tiempos para acabar nuestra historia, la de la humanidad y salvarla definitivamente.

–   Miramos el presente, nuestro hoy, porque Jesús, que ya ha venido al mundo humanamente y volverá glorioso, viene también hoy a nuestra vida personal, a nuestra Iglesia y a nuestra sociedad.

Por eso la consigna de este tiempo de adviento es: velad y estad listos.

La liturgia del adviento y las lecturas de la Palabra de Dios, especialmente en este primer domingo, nos hacen pensar en el último día, en el retorno glorioso del Señor, pero también en cada día, porque cada día y todos los días son el último. Hoy es un último día, pues no se repetirá.

Esto es, hay que vivir conscientes de que Jesús volverá glorioso —no sabemos cómo, ni cuándo— a nuestra vida y a nuestro mundo. Es un hecho cierto y al mismo tiempo desconocido. De aquí la consigna sobre la necesidad de velar y estar listos.

Pero, ¿qué significa exactamente velar y estar listos? ¿Pensar únicamente en el momento decisivo en que Jesús volverá glorioso a nuestra vida, al final de mi vida y del mundo; o vivir el hecho de que cada momento es decisivo porque ciertamente Jesús viene a nuestro encuentro cada día?

No hacemos daño alguno, todo es normal; comemos, bebemos, trabajamos, sufrimos, vemos la televisión, pensamos en los negocios, comentamos las peripecias de los demás, organizamos fiestas… y podemos distraernos de lo esencial, que la vida tiene gusto de eternidad, que podemos vivir la vida de una forma distinta, que en nuestra existencia no podemos repetir la escena: cuando ha pasado, ya ha pasado; por ello lo que hagamos en cada momento ha de tener gusto de salvación.

Lo que hacemos hoy, orar, la Misa, el favor, el trabajo, la compasión… ya no volverá a repetirse; y es en el curso de esta vida concreta y normal que ya vivimos el encuentro con Jesús. Es en cada situación que Jesús viene a nuestro encuentro, como preludio del encuentro definitivo. Pero para ser conscientes de ello y vivirlo, es necesario velar.

Velar puede permitirnos vivir el gusto de eternidad y de salvación que tiene cada momento de la vida.

Velar y estar listos para el retorno glorioso de Jesús. Pero este velar y estar listos se juega en cada instante de la vida. Debemos estar siempre a punto para captar la venida del Señor en el curso de la vida ordinaria.

¡El adviento nos ha de hacer más conscientes de los momentos que vivimos!

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

 

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 396 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.