Adviento

Mons. César Franco          La Iglesia comienza el año litúrgico con una significativa palabra: Adviento. Quiere decir llegada, venida. Es el anuncio de una presencia que afecta decisivamente a la vida del hombre: la presencia del Señor que viene.

El tiempo de Adviento dura sólo cuatro semanas. Debería durar más, porque cuanto más se espera más se ama, y más se alegra el corazón con la llegada del Amado. ¡Ven, Señor Jesús, decimos todos los días en la eucaristía cuando el sacerdote acaba de consagrar el pan y el vino! Ven, no tardes más. Todo hombre vive de esta espera.

El cardenal Ratzinger ha comparado al hombre con el niño que siente miedo al tener que atravesar un bosque en una noche oscura, aunque le digan que no corre peligro. No teme por nada concreto, sino que «experimenta oscuramente el riesgo, la dificultad, el aspecto trágico de la existencia. Sólo una voz humana podría consolarle, sólo la mano de un hombre cariñoso podría alejar esa angustia que le asalta como una pesadilla. Existe una angustia —la angustia auténtica, que radica en lo más íntimo de nuestra soledad— que no puede ser superada por el entendimiento, sino exclusivamente por la presencia de un amante». El Adviento es el anuncio de esa voz en la noche, de la mano cariñosa de alguien, de la presencia de un Amante, que se llama Cristo. Sí, Cristo viene. Vino en la carne, no deja de venir cada día a nosotros, vendrá con gloria al final de los tiempos. Su venida tiene que ver con nuestra soledad.

El hombre experimenta, cuando vive sin distraerse o somnoliento, la soledad. Es la más fiel compañera del hombre desde que nace hasta que muere. Como resulta molesta, el hombre intenta olvidarse de ella mediante todo tipo de comparsas que le hagan olvidar su destino. No nos gusta estar solos, huimos del silencio, nos fabricamos divertimentos de todo tipo, para no tener que pensar. Y dejamos de esperar a quien puede llenar nuestra soledad y acompañarnos en el paso por la vida: el mismo Dios.

En este primer domingo de Adviento, la Iglesia nos lee la exhortación de san Pablo a los cristianos de Roma: «Reconociendo el momento en que vivís, ya es hora de despertaros del sueño, porque ahora la salvación está más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe. La noche está avanzada, el día está cerca, dejemos, pues las obras de las tinieblas y pongámonos las armas de la luz. Andemos como en pleno día, con dignidad. Nada de comilonas y borracheras, nada de lujuria y desenfreno, nada de riñas y envidias. Revestíos más bien del Señor Jesucristo, y no deis pábulo a la carne siguiendo sus deseos». Estas palabras convirtieron a san Agustín y le sacaron del sueño y de la distracción en que había sumergido su vida. Lo despertaron violentamente y lo arrancaron de la noche. Vio la luz del día, la de Cristo, Sol del Oriente, que se levantaba para iluminar las tinieblas de muerte en que Agustín y todos los hombres yaceríamos para siempre si no nos hubiera visitado Dios.

El hombre no camina solo, ni atraviesa en soledad las cañadas oscuras de la vida. Dios ha pronunciado una palabra salida del silencio: se llama Jesús, el Salvador. Dios ha dado la mano al hombre para que atraviese seguro, aunque sea de noche, el bosque de la vida. Dios es el Amante que esperábamos para saber que no estamos arrojados a la existencia, sin sentido, sin meta, sin compañía. Dios viene, porque ha escuchado el gemido de nuestra soledad y se ha compadecido del hombre que había perdido la esperanza, cuando fue lanzado fuera del paraíso. Esto es el Adviento, hermosa palabra que nos recuerda que la medida de nuestra soledad ha sido colmada por la presencia de aquel que viene como Enmanuel, «el Dios con nosotros».

 

+ César Franco

Obispo de Segovia

Mons. César Franco Martínez
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Mons. D. César Augusto Franco nació el 16 de diciembre de 1948 en Piñuecar (Madrid). Fue ordenado sacerdote el 20 de mayo de 1973. Es licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1978. Diplomado en Ciencias Bíblicas por la Escuela Bíblica y Arqueología de Jerusalén en 1980. Es también Doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1983. CARGOS PASTORALES Fue Vicario Parroquial de las parroquias San Casimiro (1973), Santa Rosalía (1973-1975) y Ntra. Sra. de los Dolores(1975-1978/1981-1986). Capellán de las Hijas de la Caridad en el Colegio San Fernando (1980-1981); Secretario del Consejo Presbiteral de Madrid (1986 y 1994) y Consiliario diocesano de Acción Católica General y Capellán de la Escuela de Caminos y de la Facultad de Derecho (1986-1995). Fue Rector del Oratorio Santo niño del Remedio (1993 -1995) y Vicario Episcopal de la Vicarçia VII (antigua VIII) de Madrid (1995-1996). El 14 de mayo de 1996 fue nombrado Obispo Auxiliar de Madrid y Titular de Ursona, recibiendo la ordenación episcopal el 29 de junio del mismo año. Desde 1997 a 2011 fue Consiliario Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas y ha sido el Coordinador general de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid 2011. Desde noviembre de 2012 hasta su nombramiento como Obispo de Segovia fue Deán de la Catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid. En su actividad docente, ha impartido cursos sobre Biblia en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad Eclesiástica “San Dámaso”. El 12 de noviembre de 2014 se hizo público su nombramiento como obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 20 de diciembre del mismo año. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 2014, tras ser de nuevo elegido para este cargo el 14 de marzo de 2017. Ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Liturgia (1996-1999), de Enseñanza y Catequesis (1996-2008), de Apostolado Seglar (1999-2002) y de Relaciones Interconfesionales (2008-2014).