Los sin techo, víctimas de una injusticia

Mons. Julián Barrio          Queridos diocesanos: El Día de las Personas Sin Hogar 2016, que este año se celebra el 27 de noviembre, pretende sensibilizarnos en relación con las personas que no tienen hogar.

El lema de esta campaña: “Hazme visible. Por dignidad. Nadie sin hogar”, motiva la reflexión y el compromiso. Cuando acabamos de celebrar el Año Jubilar Extraordinario de la Misericordia, hay que recordar que salir al encuentro de quien tiene necesidad de una vivienda es una «obra de misericordia», según la cual seremos juzgados por Cristo en el atardecer de la vida (cf. Mt 25, 31-46).

La casa, condición necesaria para el hombre

Hablamos de los derechos humanos y según el Manifiesto de Cáritas para esta ocasión damos por supuesto que “somos merecedores del derecho a la vida, a la libertad, a la educación y a la cultura, a la sanidad, al trabajo, a poseer una vivienda, a construir una familia, a tener relaciones sociales, a pertenecer y participar de la sociedad en que vivimos”. En este sentido, es evidente que “la casa es una condición necesaria para que el hombre pueda venir al mundo, crecer, desarrollarse, para que pueda trabajar, educar y educarse, para que los hombres puedan constituir esa unión más profunda y más fundamental que se llama familia[1]. Os recordaba el año pasado que una casa es mucho más que un simple techo, pues en la casa la persona realiza y vive su propia vida, y construye, de alguna manera, su identidad más profunda y sus relaciones con los otros.

La persona humana no es un qué sino un quién, ser único e insustituible, con una dignidad plena que le ha sido dada por Dios Creador. Las personas sin hogar son ante todo personas a las que tenemos que hacer visibles a través de nuestro acercamiento a ellas. Si no las vemos no podemos reconocernos en ellas y tomar conciencia de la dignidad que nos une e iguala como seres humanos. A veces vemos para observar pero no miramos para actuar y hacer posibles los derechos de las personas. Sólo de esta manera podemos reconocer que su dignidad es la nuestra y que nosotros también nos dignificamos como personas a través de ellas. Esto evitaría una cultura de exclusión y descarte, y nos haría pensar en el bien común de todos y para todos, “porque el ejercicio universal de la dignidad humana es posible, estamos llamados a vivir con una mirada alternativa, creadora, que es capaz de hacer posible lo imposible”.

Responsabilidad de todos

Desde las distintas Administraciones a los medios de comunicación, pasando por las diferentes organizaciones sociales, han de comprometerse para que toda persona tenga un hogar propio. Con esta preocupación las Administraciones públicas están llamadas a arbitrar “políticas adecuadas que puedan hacer frente a las situaciones de más urgente necesidad y remover los obstáculos que impiden encontrar las modalidades concretas, económicas, jurídicas y sociales, aptas a poner por obra condiciones más favorables a la solución de estos problemas”[2]. En nuestra sociedad hay muchos que no encuentran lugar en la posada del mundo. Le ocurrió al Hijo de Dios encarnado que nació en un establo y fue reclinado en un pesebre por las manos amorosas de la Virgen María, su Madre (cf. Lc 2, 7). No son pocos los que nacen, viven y mueren en la intemperie. A esto contribuyen también los desplazamientos por la guerra, por las calamidades naturales, por la injusticia o la avaricia. “La Iglesia católica en su acción caritativa y social, ha tenido siempre, desde las primeras comunidades cristianas, una predilección por los pobres, los necesitados, los desprotegidos de la sociedad. La riqueza humana y espiritual de las innumerables obras de caridad y de beneficencia creadas por la Iglesia a lo largo de su existencia, son el mejor monumento histórico de esta dedicación y amor de preferencia a los pobres”[3].

Emergencia residencial

Con frecuencia encontramos en nuestras calles a personas sin techo, víctimas de problemas personales (alcoholismo, desempleo, crisis familiar, o simple marginación social) a las que hay que proveer de una vivienda, pues difícilmente van a tener posibilidad de acceder a ella por sus posibilidades. No hay duda de que “la persona o la familia que sin culpa suya directa carece de una vivienda decente es víctima de una injusticia”. La realización integral de la persona como individuo y como miembro de una familia y de la sociedad, necesita de una vivienda adecuada. Para todos, la realidad de las personas y familias sin techo se presenta como un llamamiento a la conciencia y una exigencia a poner remedio. Los estudiosos de esta realidad nos hablan de la emergencia social y residencial en la que no se garantizan los derechos básicos de las personas más vulnerables. Tenemos ante nosotros un reto para que nadie se encuentre en situación de sin hogar, siendo sensibles al sufrimiento que supone vivir sin hogar. Como he subrayado en otras ocasiones, nadie escoge libremente vivir en la calle. Todas las personas deben tener un hogar, este es nuestro compromiso humano y cristiano.

Os saluda con todo afecto y bendice en el Señor,

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela

 

[1] JUAN PABLO II, Carta al Presidente de la Pontificia Comisión “Iustitia et Pax”, 8 de diciembre de 1987.

[2] Ibid.

[3] Comisión Justicia et Pax, ¿Qué has hecho con tu hermano sin techo? La Iglesia ante la carencia de vivienda,27 de diciembre 1987, 2.

Mons. Julián Barrio Barrio
Acerca de Mons. Julián Barrio Barrio 144 Articles
D. Julián Barrio Barrio preside la Iglesia Compostelana desde el día 25 de febrero de 1996, fecha en que tomó posesión de la Sede para la que había sido nombrado por el Papa Juan Pablo II el día 5 de enero del mismo año. Cuando este evento se produjo, llevaba ya dos años con nosotros. Había llegado desde la Iglesia hermana de Astorga el día 7 de febrero de 1993 en pleno Año Jubilar, siendo consagrado en nuestra Catedral como Obispo Titular de Sasabe y Auxiliar de su antecesor. Desde octubre de 1994 hasta su nombramiento gobernó la archidiócesis como Administrador Diocesano. Nació en Manganeses de la Polvorosa, provincia de Zamora y Diócesis de Astorga, el 15 de Agosto de 1946. Cursó los estudios de Humanidades y de Filosofía en el Seminario Diocesano de Astorga. Distinciones: - Medalla de Honor de la Universidad en la Licenciatura de Historia de la Iglesia en la Facultad de Historia de la Universidad Pontificia Gregoriana (1974). - Medalla de Oro en el Doctorado en la Facultad de Historia de la Iglesia de la Universidad Pontificia Gregoriana (1976). - Medalla de Oro de la Ciudad de Santiago y Título de Hijo Adoptivo. - Caballero de la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén. Miembro de la Confraternidad de Nosa Señora da Conceçao. - Capellán Gran Cruz Conventual “Ad honores” de la S. O. Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén de Rodas y de Malta. - Medalla de oro del Concello de Vila de Cruces. Premio de Santa Bona de la Ciudad de Pisa (Italia). Títulos Académicos: Es Licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca (1971), Doctor en Historia de la Iglesia por la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma (1976) y Licenciado en Filosofía y Letras, Sección de Geografía e Historia, por la Universidad de Oviedo (1979). Publicaciones: - Félix Torres Amat (1772-1847), Un Obispo reformador, Roma 1977. - La Junta de ancianos de la iglesia de Gibraltar: Anthologica Annua. - Aportación para un epistolario de Félix Torres Amat: Anthologica Annua. - Proceso a un clérigo doceañista: Astorica. - 25 Años de Postconcilio en el Seminario: 25 Años de Ministerio episcopal en la Iglesia Apostólica de Astorga, Astorga 1993. - La formación de los sacerdotes del mañana, (1989). - Peregrinar en Espíritu y en verdad. Escritos Jacobeos (2004). - Peregrinando en esperanza. Lectura creyente de la realidad actual (2007). Cargos: - Bibliotecario del Instituto Histórico Español, anejo a la Iglesia Nacional Española de Santiago y Montserrat en Roma, de donde fue Becario. - Secretario de Estudios y Vice-Rector del Seminario Mayor Diocesano de Astorga (1978-1980). - Rector del Seminario Mayor Diocesano y Director del Centro de Estudios Eclesiásticos del Seminario de Astorga (1980-1992). - Profesor de Historia Eclesiástica en el Seminario Mayor y de Historia de España en 3º de BUP y de Contemporánea en COU en el Seminario Menor (1980-1992). - Profesor de la UNED en la sección delegada de Valdeorras en A RUA PETIN (1991-1993). - Miembro del Consejo Nacional de Rectores de Seminarios (1982-1985). - Miembro del Consejo de Consultores del Obispo de Astorga. - Secretario del Consejo Pastoral Diocesano de la diócesis de Astorga (1991-1992). - Nombramiento de Obispo Auxiliar de Santiago de Compostela el 31 de Diciembre de 1992. Ordenación episcopal el 7 de Febrero de 1993. Responsable de la sección de los Seminarios Mayores en la Comisión Episcopal de Seminario y Universidades de la Conferencia Episcopal Española. - Obispo Administrador Diocesano de la Archidiócesis de Santiago desde octubre de 1994. - Nombrado Arzobispo de Santiago de Compostela el 5 de enero de 1996, de cuya Sede toma posesión el 25 de febrero. - Presidente de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la Conferencia Episcopal Española (1999-2005). - Miembro de la Permanente de la Conferencia Episcopal Española (Marzo 1999…). - Presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar (Marzo 2005-2011). - Miembro del Comité ejecutivo de la Conferencia Episcopal Española (2011…).