La gracia de Dios es imprescindible

Mons. Francisco Pérez            Una de las razones fundamentales que hacen posible la vida y el ejercicio de la experiencia cristiana, es el don de la gracia.

La gracia de Dios es imprescindible para la salud espiritual y para las obras que se llevan a cabo. Hay una serie de peligros que están afectando a muchos y que impiden visibilizar la acción de Dios. Tanto el voluntarismo como una falsa solidaridad empañan y obstruyen lo más sagrado que está en la intimidad de la persona. Nada de lo que realizamos tendría sentido si ponemos en el centro nuestras propias fuerzas. Sólo tiene sentido cuando nos vemos envueltos en la vida de Dios que es una llamada a la vida sobrenatural que sobrepasa las capacidades de la inteligencia y las fuerzas de la voluntad humana y depende enteramente de la iniciativa gratuita de Dios.

La gracia tiene muchas vertientes que nos incorporan a la vida divina: La gracia santificante, la gracia actual, la gracia carismática, la gracia de estado y la gracia especial. Tal vez oímos decir muchas veces que la santidad está hecha para personas excepcionales y que nada tienen que ver con la gente normal e involucrada en las realidades de la sociedad. Todo lo contrario, la gracia santificante la tienen aquellas personas bautizadas que la reciben como un don y como un regalo sobrenatural y a través de la cual nos transformamos en hijos de Dios y herederos del Cielo. Pero lamentablemente cuando cometemos un pecado mortal (es decir algún acto o alguna obra que rompe con el amor de Dios expresado en los Diez Mandamientos) perdemos esta gracia. Y ¿cómo se recupera? A través del sacramento de la confesión que es la presencia viva de la misericordia de Dios que limpia nuestros pecados.

Para poder vivir en gracia y para que ésta brille como luz en nuestra vida es importante orar frecuentemente. Hace pocos días hice una visita a una mujer de 102 años. Lo que más me impresionó fue su rostro transformado cuando rezábamos y ella comentaba después: “He nacido por amor de Dios, he vivido gozosa en su amor y deseo morir en sus brazos de amor”. Cuando se dice, con superficialidad, que no se tiene tiempo para rezar, esto indica que la vida se deteriora en lo más importante que la misma tiene: el amor. Si no rezamos nos convertimos como zombis que corren por la vida sin meta ni horizonte. La oración es un momento de amistad profunda con Dios que nos dignifica y humaniza. Y la oración se funde en los sacramentos que actualizan la intimidad con Jesucristo.

Bien podemos decir que “vivir en gracia de Dios” no es cuestión de pura imposición o de voluntarismo adornado de pietismo. La oración nos recrea y alienta en el camino concreto de cada día. La participación en la Misa dominical, escuchar con gozo la Palabra de Dios, leer libros que nos acerquen a Dios, evitar todas las ocasiones de pecado, cumplir nuestro deber de cada día y ayudar a los más necesitados provoca un gozo que nada ni nadie nos puede vender.

Además de la gracia santificante se da la gracia actual que es la ayuda que Dios concede en los momentos oportunos para que seamos capaces de cumplir bien lo que debemos realizar: hablando bien y con misericordia de los demás, soportando con valentía los momentos de adversidad y dificultad, apreciando y agradeciendo a los que nos ayudan, consolando al atribulado y dando gracias por la vida. Esta gracia actual es como un empuje que Dios nos otorga para llevarnos por el camino de la santificación. Es hacer de lo cotidiano un permanente sabor dulce de amor cuya fuente está en Dios.

Muchas son las gracias que el Espíritu Santo concede en su Iglesia. Pensemos en tantos santos que han recibido la gracia carismática y han realizado muchísimas obras de misericordia. Últimamente hemos comprobado el bien inmenso que hizo, en su vida, Santa Teresa de Calcuta. Y así podemos hablar de muchos que conocemos o no conocemos que han seguido con fidelidad esta gracia carismática. Hay otras muchas gracias como la gracia de estado que es una ayuda especial que Dios concede a quienes se les ha confiado una responsabilidad o cargo por el bien que se hace a los demás. Y finalmente también existen gracias muy extraordinarias como gracia especial que es aquella que concede el don de hacer milagros o de pronunciar nuevas lenguas. ¡Qué grande es Dios que nos concede tantos regalos que se llaman los dones de la gracia!

+ Francisco Pérez González
Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).