Clausura del Año de la Misericordia

Mons. Vicente Jiménez            Queridos Diocesanos: En la solemnidad de Jesucristo Rey del Universo clausuramos el Año Jubilar de la Misericordia.

El Santo Padre Francisco celebraba la apertura para toda la Iglesia el 8 de diciembre de 2015, solemnidad de la Inmaculada Virgen María, con la apertura de la Puerta Santa en la Basílica de San Pedro en el Vaticano. En nuestra Diócesis de Zaragoza, en sintonía con las Iglesias particulares, inaugurábamos el Año Santo De la Misericordia, el día 13 de diciembre, III domingo de Adviento, con una solemne liturgia en las Catedrales del Pilar y de la Seo.

Celebraremos la clausura del Año de la Misericordia, el domingo 20 de noviembre de 2016, en la Basílica de Nuestra Señora del Pilar, a las cinco de la trade.

Jesucristo, Rey del Universo

El Año de la Misericordia tiene un digno final en la fiesta de Jesucristo, Rey del Universo, porque la realeza de Jesucristo se manifiesta principalmente en la cruz, misterio de amor y de misericordia. El crucificado es el Rey de los judíos. “Vexilla regis prodeunt”, cantamos en un himno litúrgico: “las insignias del rey avanzan; refulge el misterio de la cruz, en que la Vida padeció la muerte y con su muerte nos dio la vida”.

En la cruz levantada sobre el Calvario se manifiesta el corazón eterno de Dios, ya que el Padre en su Hijo Jesús “nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados” (1 Jn 4, 10). Por eso comprendemos que la historia verdadera está dominada por Cristo, no con las armas del miedo, sino con el signo del amor y de la misericordia.: “Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí” (Jn  12, 32). Jesús reina desde un madero, el “madero de la cruz”. Dios reina desde la cruz con su amor.

El Año de la Misericordia y nuestro Plan Diocesano de Pastoral

Durante este Jubileo extraordinario hemos podido experimentar la gracia y la misericordia. Providencialmente estrenábamos nuestro Plan Diocesano de Pastoral, fruto de un trabajo de comunión y participación de todos, cuando el Papa había convocado el Año de la Misericordia. Ambos acontecimientos eclesiales se han fecundado y complementado mutuamente. El Año de la Misericordia no ha sido un duplicado, que nos haya distraído nuestra atención pastoral, sino una convergencia enriquecedora.

Nuestra Iglesia de Zaragoza, en el Plan Diocesano de Pastoral 2015-2020 ha optado por una Iglesia misericordiosa, servidora y pobre. Transcribo aquí algunos párrafos de nuestro Plan: “La misericordia cualifica la sacramentalidad de la Iglesia. La Iglesia, podemos decir parafraseando a San Juan pablo II, está llamada a ser transparencia del rostro misericordioso de Cristo, aponer compasión en el centro de su vida y de su actuación. Es la gran herencia de Jesús: “Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo” (Lc 6, 36). Mas, antes, hemos de rescatar la compasión y la misericordia de una concepción excesivamente sentimental y moralizante, para convertirla en el gran principio de actuación de la Iglesia que la impulsa a comprometerse con los más pobres en la construcción de un mundo más justo y mejor. Mientras los poderosos tienen en cuenta todo menos el sufrimiento del pueblo, la Iglesia está urgida a recuperar y patentizar el clamor. “La Iglesia, guiada por el Evangelio de la misericordia y por el amor al hombre, escucha el clamor por la justicia y quiere responder a él con todas las fuerzas” (EG188). “Vive un deseo inagotable de brindar misericordia, fruto de haber experimentado la infinita misericordia del Padre y su fuerza difusiva” (EG 24). El Papa habla de comunidades samaritanas, verdaderos hospitales de campaña, capaces de salir a las periferias del dolor para sanar las heridas, curar, dar calor…” (Plan Diocesano de Pastoral 2015-2020, página 35).

A la Virgen del Pilar hemos confiados los frutos del Año de la Misericordia y seguimos pidiendo su intercesión para la aplicación de la Programación Pastoral Diocesana 2016-2017.

Con mi afecto y bendición,

+ Vicente Jiménez Zamora
Arzobispo de Zaragoza

Mons. Vicente Jiménez Zamora
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Mons. D. Vicente Jiménez Zamora nace en Ágreda (Soria) el 28 de enero de 1944. Fue ordenado sacerdote diocesano de Osma-Soria el 29 de junio de 1968. Es licenciado en Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, en Teología Moral por la Pontificia Universidad Lateranense de Roma y en Filosofía por la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino de Roma. CARGOS PASTORALES Su ministerio sacerdotal y episcopal está unido a su diócesis natal, en la que durante años impartió clases de Religión en Institutos Públicos y en la Escuela Universitaria de Enfermería, además fue profesor de Filosofía y de Teología en el Seminario Diocesano. También desempeñó los cargos de delegado diocesano del Clero (1982-1995); Vicario Episcopal de Pastoral (1988-1993); Vicario Episcopal para la aplicación del Sínodo (1998-2004) y Vicario General (2001-2004). Fue, desde 1990 hasta su nombramiento episcopal,abad-presidente del Cabildo de la Concatedral de Soria. El 12 de diciembre de 2003 fue elegido por el colegio de consultores administrador diocesano de Osma-Soria, sede de la que fue nombrado obispo el 21 de mayo de 2004. Ese mismo año, el 17 de julio, recibió la ordenación episcopal. El 27 de julio de 2007 fue nombrado Obispo de Santander y tomó posesión el 9 de septiembre de 2007. Desde el 21 de diciembre de 2014 es Arzobispo de Zaragoza, tras hacerse público el nombramiento el día 12 del mismo mes. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro del Comité Ejecutivo desde el 14 de marzo de 2017. Además, ha sido miembro de las Comisiones Episcopales para la Doctrina de la Fe (2007-2008) y Pastoral Social (2008-2011). Desde 2011 era presidente de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada, tras ser reelegido para el cargo el 13 de marzo de 2014. El sábado 29 de marzo de 2014 la Santa Sede hizo público su nombramiento como miembro de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.