Carta a los palentinos

Mons. Antonio Gómez       A vosotros palentinos. A todas las comunidades de la Iglesia en Palencia: laicos en parroquias, movimientos y asociaciones, consagrados de vida contemplativa y de vida activa, seminaristas, diácono permanente y hermanos sacerdotes, entre todos, especialmente, a aquellas personas que sufren por diversas causas.

A los dos queridos obispos de nuestra diócesis a D. Nicolás, nuestro obispo emérito que me ordenó y admiro en su pasión por los pobres y a D. Manuel, que preside en la caridad a esta amada Iglesia diocesana. Aquí estoy, como el que está en blanco ante un examen, sin saber por dónde empezar.

Me debo a esta diócesis porque pertenezco a ella y no he hecho más que aprender día a día de todos y cada uno de vosotros. Ahora todo es mirar el camino recorrido. Estoy agradecido a mis párrocos de Carrión de los Condes y a los sacerdotes que me han marcado a lo largo de mi itinerario espiritual: a los rectores, formadores y profesores de los Seminarios, Menor y Mayor, que me han sabido conducir y modelar. Doy gracias a mis compañeros de curso y a todos los sacerdotes con los que he convivido y que tanto he aprendido de ellos en la tarea pastoral: primero, los cinco años de seminarista en la Parroquia de María Estela y en la etapa pastoral, en la parroquia de san Marco. Después el servicio militar en Colmenar Viejo, en el año 1981, y en noviembre del 1982 con los sacerdotes de la parroquia de san Lázaro; en la pastoral juvenil (junto a los laicos) y en la pastoral vocacional (junto a los religiosos). Estos años, todos los veranos iba de campamentos con las Hijas de la Caridad, a las que tanto les tengo que agradecer por su entrega. Gracias a los equipos de formadores del Seminario Mayor y Menor de los que he formado parte, y a todos los seminaristas con los que he convivido y acompañado durante 17 años. También a los consiliarios y educadores del Movimiento Junior A.C. de Palencia y de Castilla, que con tanta ilusión y empeño nos dedicamos a los niños, así como al equipo Internacional del MIDADEN y a todos los que he conocido en los distintos países del mundo, me habéis dado la perspectiva católica de la Iglesia. Pienso en los Equipos de Nuestra Señora, sobre todo en el equipo 18, donde tanto he aprendido de la vida en familia. Recuerdo con cariño a la Hospitalidad Diocesana de Lourdes y a todos los jóvenes que peregrináis y hacéis más fácil la vida de los enfermos. Gracias a las hermanas Nazarenas que me han ayudado, con su sencillez de vida y entrega, a conocer más y mejor a nuestro Obispo san Manuel.

La parroquia de san Lázaro es mi vida. He estado entre vosotros dos veces, tres años cuando comencé la andadura de sacerdote y estos últimos doce años. Tengo vuestros rostros grabados en mi corazón: junto con todos con los compañeros sacerdotes con los que he vivido y que tanto bien me habéis hecho… cambiamos el templo de arriba abajo, lo adecuamos a esta época y lo embellecimos con el esfuerzo de todos. Suspiro por todos vosotros: los 30 catequistas, que considero uno de los pilares más importantes dentro de la comunidad, y los casi 250 niños y adolescentes; los grupos “C” de post-comunión, el coro de niños y el coro de jóvenes que dais otra vida a nuestras eucaristías y celebraciones; el grupo de Cáritas que atendéis a muchas familias y a todo el que se acerca, con amor y paciencia; el grupo de pastoral de la salud; el grupo de pastoral familiar, las dos tandas de cursillos prematrimoniales; los 12 ministros extraordinarios de la comunión y los monaguillos; los consejos que programáis y nos ayudáis a tomar decisiones… También los que participáis de los encuentros de cada jueves: Adoración, Biblia, Lectio Divina y Teología. El grupo de “Marcha Familiar san Lázaro”, matrimonios jóvenes con niños pequeños que nos organizamos para que nuestros hijos se conozcan, y ya desde muy pequeños se sientan de la parroquia. Los “encuentro de Simeón y Ana” de todos aquellos que habéis dedicado a vuestra parroquia los mejores años de vuestra vida y en la ancianidad os reunís a orar, reflexionar y a formaros. Y no quiero olvidarme de los grupos de Acción Católica General, de Juventud Estudiante Católica, de los Profesionales Cristianos, de Matrimonios jóvenes, de la Cofradía Sacramental, de la Legión de María, de la Orden Franciscana Seglar y finalmente el Grupo Oikós, de profesionales en la parroquia. La parroquia es la “casa de todos” y construyendo fraternidad mostramos el rostro de Dios, nos decimos unos a otros. (Seguro que aunque lo repase cien veces se me olvida alguno, pido perdón).

Durante estos últimos 12 años he dialogado largo y tendido con muchos de vosotros los jóvenes, casi todas las tardes y a veces por la noche, he quedado con uno o dos, a veces tres, casi cada día. Es una tarea por la que doy gracias a Dios y por la que nunca he escamoteado tiempo, vosotros me habéis hecho vivir en el presente y me habéis mantenido joven, también me habéis ayudado a repensar mi fe y cómo transmitirla hoy en la Iglesia. Pienso ahora en vosotros, los tres grupos de “confirmación” que acompaño este curso y en los jóvenes que preparo “cara a cara”, porque no tenéis día que os cuadre. Vale la pena vivir en Iglesia. Doy gracias a Dios por los dos seminaristas que han pertenecido al grupo jóvenes de la parroquia y que este año terminan ya sus estudios. Ojala Dios siga suscitando nuevas vocaciones y sacerdotes para esta Iglesia.

En los límites de la parroquia están dos Colegios de la Iglesia: el Santo Ángel y La Salle, tanto las hermanas como los hermanos siempre habéis colaborado en la vida de la parroquia, es un signo de comunión que os honra, además del inmenso trabajo que hacéis en vuestros colegios. También un recuerdo cariñoso a los PP. Jesuitas y la Ermita de la Soledad, que comparten con nosotros centro de culto; y a las hermanas del Monasterio de Santa Clara, que no sólo viven al lado de nuestra iglesia, sino que se sienten y las sentimos profundamente parte de nuestra parroquia. Gracias por la atención que nos prestáis también a los sacerdotes, que somos vuestros.

Desde hace ocho años he trabajado codo con codo como Vicario General, primero con D. José Ignacio Munilla, luego con D. Esteban Escudero y ahora con D. Manuel Herrero, gracias por la confianza y por todo lo que me habéis enseñado. Pero quiero dar las gracias también al Pro-Vicario y al Vicario de Pastoral junto con toda la Curia Diocesana. Hemos vivido momentos difíciles y otros cargados de esperanza, tanto en unos como en otros hemos estado apoyándonos unos a otros y unidos a nuestros obispos. Recuerdo también agradecido a D. Ricardo y a D. Rafael, de todos y cada uno me he quedado con alguna de sus virtudes. Al secretario Canciller y al secretario particular, que tanto me habéis ayudado en la etapa de Administrador diocesano, muchas gracias, amigos.

También una mención agradecida a todo el esfuerzo que tanta y tanta gente ha puesto en el espacio de Villagarcía de Campos y en los “Encuentros de la Iglesia en Castilla” que allí hemos celebrado durante décadas. Ha sido y seguirá siendo un espacio de reflexión y de aliento sinodal que nos ayude a seguir ilusionados en la misión evangelizadora de nuestra tierra en cambio.

Quiero hacer un descanso. Gracias al Rector de Ciudad Rodrigo conocí esa pequeña ciudad fortificada y a muchos de sus seminaristas y jóvenes civitatenses (también a algún sacerdote). Por medio de dos de ellos me introduje en el mundo del cine y de los pequeños papeles en las películas y cortos de Contracorriente Producciones. Participé con ellos en el Primer Encuentro Internacional sobre Cine y Fe, en Roma. Nunca les estaré lo suficientemente agradecido por todo lo que han contado conmigo y por la reflexión que van construyendo sobre la presencia actualizada de la Iglesia en la Cultura de hoy, como catapulta de evangelización.

Palencia es “mi ciudad amable”. He vivido en ella desde los 17 años, cuando vine al Seminario Mayor y a estudiar COU en el IES Jorge Manrique. La he visto crecer y embellecerse. Es una ciudad que enamora. Estos años en los que he tenido que trabajar y dialogar con dos Alcaldes y tres Presidentes de la Diputación, así como con el Delegado de la Junta de Catilla y León, y las diferentes administraciones, Cultura, Patrimonio… os digo de verdad, que a todos vosotros os he sentido como verdaderos amigos. Hemos hablado mucho y hemos defendido, cada uno desde nuestro sitio, al pueblo palentino, a nuestra gente. Nuestra Calle Mayor, es el pasillo central de un gran museo, que debemos de potenciar, por todos los medios. Y la provincia, es una tierra de contrastes y de muy buena gente, masa de buen pan. Un recuerdo agradecido a los medios de comunicación, tan necesarios para poder encontrarnos. Siempre me he sentido muy bien tratado. Nuestra Delegación de Medios diocesana nos facilitáis y hacéis fáciles tantos encuentros. Gracias.

Finalmente gracias a mi familia (en este espacio incluyo a mi familia de Betania) y a mis amigos de la infancia. Ahora me toca hablar de mi “pequeña ciudad” de Carrión de los Condes. Allí está mi casa y mis raíces, y a tanta gente que quiero y de los que me siento tan querido. Nací en Quijas (Cantabria) porque mi padre era Guardia Civil (aunque mi familia paterna son cántabros y vascos). Con casi dos años me llevaron a casa de mis tíos, a Carrión, mientras mis padres buscaban casa en Lugones (Asturias). Me quedé con mis tíos, que no tenían hijos, hasta el final de sus vidas. Tengo tres familias: la de mi padre, Gómez Ortiz, eran 8 hermanos; la de mi madre, Cantero Fernández, eran 8 hermanos; y la de mi tío, Montes Diez, eran 5 hermanos. Vive mi madre, Esperanza, con 93 años y 4 hermanos, de 7 que nacimos. Tengo tres sobrinos y más de cuarenta primos hermanos y sus hijos… es una bendición de Dios.

Carrión para mí es la calle “La Rúa”, mi casa, mi familia, mis vecinos y mis amigos; es el Monasterio de San Zoilo (el Seminario Menor) donde pasé mi adolescencia; es la iglesia de Santa María y San Andrés, mis antiguas parroquias; son los miles de peregrinos que pasan por mi puerta hacia Santiago y contemplaba desde niño; es el río y sus plantíos y el puente, lugar de juegos infantiles; eran las antiguas escuelas públicas donde aprendí a dibujar y a recitar poesías con tan solo 7 años, con Doña Amalia, mi maestra, a la que recuerdo con tanto cariño; son los maristas, las hijas de la caridad, las filipenses, y las mercedarias; era el cine Sarabia y sus películas de indios y vaqueros; es la Biblioteca Pública donde pasábamos tantas horas leyendo y, una vez cerrada al público, algunos jóvenes fraguábamos la peña “el Rabí”, la revista “Caminando”, la obras de teatro, los autos sacramentales y las fiestas populares (ay, esos tiempos donde todo se hacía a base de ilusión y sin dinero); son los conventos de clarisas y carmelitas a las que me siento tan unido; y es su religiosidad: el Corpus y sus dos kilómetros de alfombras de flores que hacen con primor los vecinos, y la Semana Santa, sobria, castellana, con mis hermanos de la Vera Cruz a los que estoy tan agradecido. Es la Virgen de Belén, “reina y madre de Carrión”.

Ahora dirijo mis pasos a Teruel con la misma ilusión que he vivido. Deseo también pediros a todos perdón, siempre hay algo que hago mal, aunque sea sin intención. Atrás quedan 60 años. Todo es gracia. Que el Señor os bendiga a todos. Me toca coger la alforja y el cayado y peregrinar, como un discípulo de Emaús, a esta bendita Iglesia que me espera con los brazos abiertos. Voy alegre y esperanzado. Rezad por mí. Os llevo conmigo porque sois parte de mí.

De corazón, ánimo y adelante.

+ Antonio Gómez Cantero
Obispo electo de Teruel y Albarracín

Mons. Antonio Gómez Cantero
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Antonio Gómez Cantero nació en Quijas (Cantabria) el 31 de mayo de 1956. Cursó estudios de bachillerato en el seminario menor de Carrión de los Condes y eclesiásticos en el seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 17 de mayo de 1981. Obtuvo la licenciatura en Teología Sistemática-Bíblica en el Instituto Católico de París, en 1995. Su ministerio sacerdotal lo ha desarrollado en la diócesis de Palencia, donde ha desempeñado distintos cargos pastorales: en 1982 fue nombrado vicario parroquial de San Lázaro y vocal del Consejo Presbiteral por consiliarios; además de consiliario diocesano del Movimiento Junior A.C. y coordinador de consiliarios de Castilla y León. En 1983 fue nombrado delegado diocesano de Pastoral Juvenil y Vocacional; en 1984, párroco solidario de San Lázaro; en 1985, formador del seminario mayor de Palencia; en 1986, delegado para el acompañamiento vocacional para el presbiterado; en 1990, delegado de Pastoral Juvenil-Vocacional y miembro del Consejo de Consultores; en 1992, consiliario internacional del MIDADEN (Acción Católica de Niños) en París, cargo que ocupó hasta 1995; en 1995, vice-rector y profesor del seminario menor; en 1996, rector del seminario menor y delegado diocesano de Pastoral de Vocaciones; en 1998, rector del seminario mayor, en el que permaneció hasta 2004; en el 2000, profesor extraordinario del Instituto Teológico del seminario mayor de Palencia y miembro del consejo de consultores; en 2001, administrador del seminario mayor y de la casa sacerdotal, y desde 2008 miembro del Colegio de Consultores. Desde el año 2004 es párroco de San Lázaro de Palencia y desde 2008 el vicario general y moderador de curia. Del 8 de mayo de 2015 hasta el 18 de junio de 2016 fue el administrador diocesano de Palencia. El 21 de enero de 2017, se celebró su Ordenación Episcopal y toma de posesión de Don Antonio Gómez Cantero como Obispo de la Diócesis de Teruel y Albarracín.