Concluye el Año de la Misericordia (y II)

Mons. Enrique Benavent         El primer fruto del jubileo de la misericordia que este domingo, solemnidad de Jesucristo Rey del universo, se clausura en Roma, debería ser tener siempre abierto el corazón a la misericordia del Padre, y vivir el momento de la reconciliación con Él con humildad, gratitud y alegría. La semana pasada os ofrecí unas breves reflexiones sobre este tema.

El lema escogido por el Santo Padre para este año de gracia nos ha recordado la invitación que el Señor nos hace a ser misericordiosos como el Padre. En la parábola del fariseo y del publicano que subieron al templo a orar (Lc 18, 9-14) Jesús nos presenta a un fariseo que, orgulloso por lo que era y por lo que hacía, era incapaz de abrirse a la misericordia de Dios porque pensaba que no estaba necesitado de ella. Este personaje es también incapaz de sentir misericordia hacia el publicano que, reconociéndose pecador con profunda humildad, sólo sabía pedir perdón a Dios. En su oración se dedicaba a juzgarlo y a condenarlo. La misericordia para con el prójimo es el signo de que de verdad hemos abierto nuestro corazón a la misericordia del Padre.

Al final de este tiempo de gracia, todos los cristianos nos tendríamos que preguntar: ¿tengo para con mis hermanos los mismos sentimientos de misericordia que quiero que Dios tenga para conmigo? ¿Ha cambiado en algo mi actitud hacia el prójimo?

Como guía para responder con sinceridad a este interrogante, el Papa Francisco, en la bula Misericordiae vultus, con la que nos invitaba a participar en este tiempo de gracia y de renovación eclesial, nos recordaba unas palabras de Jesús: “No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados, perdonad y seréis perdonados, dad y se os dará” (Lc 6, 37). Las dos primeras invitaciones, formuladas en forma negativa lo que indica una prohibición absoluta, están estrechamente unidas: quien juzga al hermano, en el fondo de su corazón, ya lo ha condenado. El carácter radical de estas prohibiciones se entiende porque el juicio de cualquier persona es algo que únicamente corresponde a Dios.

Las otras dos invitaciones expresan unas exigencias positivas en las que hay que ir avanzando día tras día: la disponibilidad para el perdón, que ha de ser ilimitada y es condición absolutamente necesaria para recibir el perdón de Dios (Mt 6, 14-15); y la generosidad para ayudar al necesitado, que es el criterio para entrar en el Reino de los cielos (Mt 25, 34).

Para avanzar en este camino hemos recordado las catorce obras de misericordia que forman parte de la mejor tradición espiritual de la Iglesia. Todas son necesarias: si vivimos las materiales y olvidamos las espirituales, caemos en un activismo que piensa más en los resultados que en las personas; si nos limitáramos a las espirituales y olvidásemos las materiales nuestra fe sería palabrería vacía. Además son algo accesible para todos: para los sabios y los sencillos; para los ricos y los pobres; se pueden practicar con medios materiales, pero también con la palabra y con el silencio.

Pidamos al Señor que nos conceda vivir en profundidad estas actitudes espirituales. Si lo hacemos, habremos vivido un tiempo de gracia.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

Mons. Enrique Benavent Vidal
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Nació el 25 de abril de 1959 en Quatretonda (Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Moncada (Valencia), asistiendo a las clases de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” donde consiguió la Licenciatura en Teología (1986). Es Doctor en Teología (1993) por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos de Juan Pablo II el 8 de noviembre de 1982, durante su primera Visita Apostólica a España. CARGOS PASTORALES En su ministerio sacerdotal ha desempeñado los cargos de: coadjutor de la Parroquia de San Roque y San Sebastián de Alcoy (provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia) y profesor de Religión en el Instituto, de 1982 a 1985; formador en el Seminario Mayor de Moncada (Valencia) y profesor de Síntesis Teológica para los Diáconos, de 1985 a 1990; y Delegado Episcopal de Pastoral Vocacional, de 1993 a 1997. Durante tres años, de 1990 a 1993, se trasladó a Roma para cursar los estudios de doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana. Es profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia”, desde 1993; profesor en la Sección de Valencia del Pontifico Instituto “Juan Pablo II” para Estudios sobre Matrimonio y Familia, desde 1994; Director del Colegio Mayor “S. Juan de Ribera” de Burjassot-Valencia, desde 1999; Decano-Presidente de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia, desde 2004, y Director de la Sección Diócesis de la misma Facultad, desde 2001; además, desde 2003, es miembro del Consejo Presbiteral. Fue nombrado Obispo Auxiliar de Valencia el 8 de noviembre de 2004. El 17 de mayo de 2013 el Papa Francisco le nombró Obispo de Tortosa. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE, desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y desde 2005 de la de Seminarios y Universidades.