Una experiencia amorosa y gozosa de la Virgen

Mons. Francisco Pérez             Queridos diocesanos: De María nunca es bastante”, decía San Bernardo. Efectivamente de María nunca hablaremos lo suficiente, ni hablaremos con Ella demasiado tiempo.

El acontecimiento del domingo fue muy especial y emocionante: marcó un hito en la piedad de Navarra. Para mí fue un magnífico regalo que no olvidaré fácilmente, uno de los momentos más importantes de mis años como arzobispo de esta querida Iglesia de Pamplona y Tudela.

En el recibimiento de las imágenes que contemplé a la puerta de San Saturnino, iba saludando una a una con la misma oración: “¡Dios te salve, Reina y Madre de misericordia!” y añadiendo la advocación correspondiente, al hilo de la presentación que hacía con esmero y gracejo D. Javier Leoz. Y sentía como si todas las voces de los que la tenéis como Patrona se unieran a la mía. Era un grito que me salía de dentro, erais vosotros, cada uno, los que saludabais a la Señora con el mejor cariño de hijos: ¡Dios te salve, María!

La procesión fue sentida y emotiva. Miraba a un lado y otro en las aceras y estaban llenas de los navarros o foráneos que querían ver las imágenes y que, a la vez, querían dejar sitio en la Catedral para que pudieran entrar los que habían venido de fuera acompañando a su Patrona. Me pareció un gesto hermoso de solidaridad y de misericordia. Cuando entrasteis a la Catedral es como si llevarais en volandas a la Patrona, pero pensé enseguida: ¡No, es Ella la que lleva en volandas a cada devoto, a cada pueblo, a cada comunidad, a cada parroquia…, y a la Diócesis entera! ¡Qué bien sonaban vuestros cantos de los auroros, vuestras bandas, vuestra música!

La ceremonia fue entrañable, solemne y a la vez íntima. No cabía un alfiler, pero todo se desarrolló con decoro y devoción. La Capilla de Música de la Catedral ayudó a ello con sus canciones bien escogidas e interpretadas con primor, como siempre. ¡Qué gran silencio! Ayudaba a rezar, a vivir la celebración, a unirnos en una alabanza grande a Dios nuestro Señor. Y María nos miraba con ojos de ternura y de misericordia ansiando que todos sus hijos un día participemos unidos en el mismo altar, porque como Madre no se cansa de esperar.

Y llegamos a la última parte, la despedida de las imágenes. ¡Cómo me emocionó el beso de San Miguel de Aralar a Santa María la Real que preside la Catedral! Y luego cada una de las imágenes, haciendo una sencilla, pero intensa reverencia. Y ¡qué decir de la Dolorosa, que nos encogía el corazón al girar para salir hacia la Calle Curia! En ese momento me venía a los labios y la repetí muchas veces la canción que ha llenado vuestras romerías y vuestras celebraciones anuales: “¡Tomad, Virgen pura, nuestros corazones!” y ponía a los pies de cada imagen los vuestros, vuestros afanes, vuestros sufrimientos, vuestros niños y vuestros jóvenes y vuestras familias y, sobre todo, vuestros mayores, vuestros enfermos que han mantenido la fe y os la han transmitido. Y repetía: “¡No nos abandones, jamás, jamás!”

Muchas personas me han dado las gracias y la enhorabuena, y lo mismo quiero expresar al Obispo Auxiliar, a los Abades de Leyre y de la Oliva, a los Deanes y Cabildos de Pamplona y Tudela, a los Vicarios Episcopales, a los Delegados Episcopales y de modo especial a D. Javier Leoz Ventura (Delegado de Religiosidad Popular) a los sacerdotes, a los diáconos, a los religiosos de la vida contemplativa y activa, a los consagrados y a los seminaristas y a todas las familias, a las autoridades y a todo el pueblo fiel. Pero a quien hay que dárselas es a Nuestra Señora. Ha sido Ella la que os ha traído a Pamplona, la que os acerca cada día a Jesús. Ella es, de verdad, la “Madre de la Misericordia” y que nunca se cansa ni se cansará de esperar. ¡Gracias, María!

Y ahora, ¿qué? Ahora empezamos lo mejor. Hemos comprobado que hay mucha fe en Navarra, que hay mucho amor a la Virgen, que somos muchos, que podemos y tenemos que hacer mucho más en favor de nuestros hermanos, en favor de los más necesitados y pobres. Quiero felicitaros y debo hacerlo, pero, ante todo, quiero y debo animaros a seguir con ilusión y audacia. María es la Mensajera de la Nueva Evangelización que queremos impulsar con el Nuevo Plan de Pastoral para toda la Diócesis. ¡Adelante, que Dios está con nosotros y no nos abandona!

Suelo terminar mis cartas semanales con la misma frase: ¡Con mi bendición, vuestro arzobispo! Hoy debo cambiarla por esta otra: ¡Con la bendición de la Virgen, Madre de nuestro Señor, que seáis muy felices y sigáis siendo muy devotos de vuestra Patrona!

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
Acerca de Mons. Francisco Pérez 316 Artículos
Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).