¿Cerrar la Puerta de la Misericordia?

Mons. Manuel Herrero          El domingo 20 de noviembre, solemnidad de Jesucristo Rey del Universo y final del Año Litúrgico en la liturgia de la iglesia, el papa Francisco cerrará en la Basílica de San Pedro, en Roma, el Año Jubilar de la Misericordia, y una semana antes, el domingo día 13 de noviembre, se cerrarán las distintas Puertas Santas en las Catedrales de todo el mundo, también en la nuestra de Palencia.

El Año Jubilar de la Misericordia fue convocado por el papa Francisco el 11 de abril de 2015 por medio de la Bula “Misericordiae Vultus” -el rostro de la misericordia-, y comenzó el día 8 de diciembre del mismo año, solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María. «Esta fiesta litúrgica -decía el papa- indica el modo de obrar de Dios desde los albores de nuestra historia. Después del pecado de Adán y Eva, Dios no quiso dejar la humanidad en soledad y a merced del mal. Por eso pensó y quiso a María, santa e inmaculada en el amor, para que fuese la Madre del Redentor del hombre. Ante la gravedad del pecado, Dios responde con la plenitud del perdón. La misericordia siempre será más grande que cualquier pecado y nadie podrá poner un límite a amor de Dios que perdona… En esta ocasión será una Puerta de la Misericordia, a través de la que cualquiera podrá experimentar el amor de Dios que consuela, que perdona y ofrece esperanza» (MV, 3). En las distintas Catedrales, también en la nuestra, la llamada “la bella reconocida”, se abrió el domingo 13 de diciembre. También en las distintas diócesis se señalaron otros templos en los que también se abrieron las distintas puertas de la misericordia.

A lo largo de este año se han llevado a cabo distintas iniciativas como peregrinaciones, conferencias, publicaciones, celebraciones penitenciales, obras sociales, etc., para que viviéramos este año, personal y comunitariamente, con sentimientos de gratitud y reconocimiento hacia Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. «La primera verdad de la Iglesia es el amor de Cristo. De este amor, que llega hasta el perdón y el don de uno mismo, la Iglesia se hace sierva y mediadora ante los hombres. Por tanto, donde la iglesia esté presente, allí debe ser evidente la misericordia del Padre» (MV, 12). Es más: el papa nos ha invitado a caer en la cuenta de que «la misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia. Todo en su acción pastoral debería estar revestido por la ternura con la que se dirige a los creyentes; nada en su anuncio y en su testimonio hacia el mundo puede carecer de misericordia. La credibilidad de la Iglesia pasa a través del camino del amor misericordioso y compasivo. La Iglesia vive un deseo inagotable de brindar misericordia» (MV, 10). Y nos recordaba que las clásicas obras de misericordia, las corporales y las espirituales, deben despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada por el drama de la pobreza, y así entrar en el corazón del Evangelio donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina. «No caigamos en la indiferencia que humilla, en la habitualidad que anestesia el ánimo e impide descubrir la novedad, en el cinismo que destruye» (MV, 15). Debemos abrir el corazón, para curar las heridas de tantos que no tienen voz porque sus gritos se han debilitado o silenciado, aliviarlas con el óleo de la consolación, vendarlas con la misericordia y curarlas con la solidaridad y la debida atención.

¿Toda esta gran iniciativa y enseñanza, se acabará cerrando una puerta con llave? No puede ser. Jesucristo es el Puerta permanentemente abierta que nos da acceso libre al Padre. Él crucificado que ha resucitado sigue teniendo las llagas de las manos, los pies y el costado abiertas para que accedamos a su interior, a su corazón misericordioso y compasivo. Se cierran unas puertas simbólicas, pero la Puerta verdadera (Cfr. Jn 10, 1-10) está siempre está abierta de par en par. Ser cristiano es entrar por esa Puerta, experimentar la bondad del Buen Samaritano, Cristo, el Buen Pastor, y ser apóstoles y misioneros de la misericordia. Quiera Dios que así sigamos creyendo, celebrando y testimoniando la misericordia de Dios. Vivamos en nuestra Diócesis la cultura del encuentro que entraña aceptación mutua de unos y otros, diálogo sincero, claro, confiado, no ofensivo ni hiriente, humilde y prudente y colaboración fraterna viviendo las obras de la misericordia y cuidando todos de la casa común.

Con san Agustín podemos decir y pedir todos y cada uno. «Toda mi esperanza estriba sólo en tu muy grande misericordia. Da lo que mandas y manda lo que quieras» (Conf10, 40).

+ Manuel Herrero Fernández, OSA

Obispo de Palencia

Mons. Manuel Herrero Fernández
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Mons. Manuel Herrero Fernández, OSA, nació el 17 de enero de 1947 en Serdio-Val de San Vicente, (Cantabria). Ingresó en el Seminario Menor “San Agustín” de Palencia. Estudió Filosofía y Teología en el Monasterio Agustino de “Santa María de la Vid” (Burgos), en el “Estudio Teológico Agustiniano” de Valladolid y en el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial (Madrid). Obtuvo el Bachillerato en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas (Madrid) y la Licenciatura en Teología Pastoral por la Universidad Pontificia de Salamanca, sede de Madrid. Hizo Profesión Solemne el 25 de octubre de 1967, siendo miembro de la Orden Agustina, Provincia del “Santísimo Nombre de Jesús de España”. Fue ordenado sacerdote el 12 de julio de 1970, por el entonces Obispo de Palencia, Mons. Anastasio Granados. Ha desempeñado los siguientes cargos: • Formador en el Colegio Seminario Agustino de Palencia. • En Madrid: Director Espiritual del “Colegio Nuestra Sra. del Buen Consejo”; Párroco de “Ntra. Sra. de la Esperanza”; Delegado del Vicario de Religiosas; Prior de la Comunidad de “Santa Ana y La Esperanza”; Arcipreste de “Ntra. Sra. de la Merced”; Profesor de Pastoral en los Centros Teológicos agustinos de El Escorial y de Los Negrales; Vicario Parroquial de “San Manuel y San Benito”. • En Santander: Primer Párroco de “San Agustín”; Delegado Episcopal de “Caritas y Acción Social”; Profesor del Seminario Diocesano de Monte Corbán; Delegado Episcopal de Vida Consagrada; Vicario General de Pastoral; Párroco de “San Agustín”; del 22 de diciembre de 2014 hasta el 30 de mayo de 2015 Administrador Diocesano de Santander durante la sede vacante; Profesor del Instituto Teológico de Monte Corbán, Vicario General y Moderador de la curia de la diócesis desde 2002, y párroco de “Ntra. Sra. del Carmen” desde 2014. El 26 de abril de 2016 fue nombrado Obispo de Palencia por el Papa Francisco y el 18 de junio del mismo año fue ordenado Obispo e inició su Ministerio Episcopal en la Sede palentina.