«Transparencia con el dinero de la Iglesia»

OmellaOmellaJoseMons. Juan José Omella              Con el lema «Somos una gran familia contigo», hoy se celebra el Día de la Iglesia diocesana, más conocida entre nosotros como la Jornada de “Germanor”. Es el único día del año que se hace una colecta para ayudar a cada diócesis y asegurarle los recursos económicos necesarios para llevar a cabo todas sus actividades sociales y religiosas.

Cualquier proyecto pastoral tiene un presupuesto económico. Tiene un coste la construcción de un nuevo templo o la conservación de los templos ya existentes, y este coste de mantenimiento no es pequeño cuando se trata de edificios antiguos. Tienen un coste económico las salas de catequesis y los centros juveniles, como lo tienen la ayuda a los necesitados y otras actividades de tipo cultural, social o pastoral.

La Iglesia no es ni debe ser rica. Sin embargo debe atender las necesidades pastorales propias de su misión. Desde hace años -según me han informado- nuestra diócesis trabaja para disponer de una economía diocesana con tres características: suficiente, solidaria y transparente.

Una economía suficiente conlleva que pueda disponer de los recursos necesarios para el cumplimiento de su misión. La ayuda que llega a nuestra diócesis por la vía de la llamada asignación tributaria -por la vía de los ciudadanos que libremente asignan a la Iglesia un pequeño porcentaje del impuesto del rendimiento sobre las personas físicas- representa sólo un tercio del presupuesto diocesano. El resto debe venir de las donaciones directas, sea mediante las suscripciones, las colectas u otros medios.

La colecta que se hace hoy en todos los templos es uno de esos medios. Una economía solidaria tiene que ser también otra característica de nuestra diócesis. Todo esto se hace realidad por medio del Fondo Común Diocesano. El Fondo Común Diocesano es sostenido por las aportaciones de las parroquias. Me complace decir que entre las 215 parroquias de nuestra diócesis de Barcelona no llegan a media docena las que no hacen la aportación que tienen asignada según una previsión razonable de sus posibilidades económicas. El Fondo Común hace un reparto equitativo porque funciona como una caja de compensación. De este modo, la parroquia que tiene más, da más, y la que tiene menos, da menos y, si lo necesita, recibe más.

También ya hace años que nuestra diócesis trabaja para disponer de una economía transparente. Y esta cualidad es ahora de una especial actualidad.

La Conferencia Episcopal Española ha aprobado un Plan de Transparencia que actualiza y reforma los criterios hasta ahora vigentes y que permitirá también el cumplimiento de las nuevas disposiciones legales en este ámbito. El Arzobispado de Barcelona, en algunos aspectos, ya cumple estos compromisos de transparencia, como son la realización de una auditoría anual externa e independiente de sus recursos financieros y tener un portal de transparencia en su página web, un plan contable adaptado y software informático de tratamiento general de datos, entre otros.

Sin embargo, no queremos detenernos, sino que, como en tantos otros aspectos, debemos seguir andando. La Delegación Diocesana de Economía ha aprovechado la ocasión de la Jornada de “Germanor” de este año para explicar a las parroquias y a los equipos que llevan su economía estos nuevos criterios de transparencia, que –repito- son un paso adelante y una mejora de los criterios que se están aplicando estos últimos años.

Feliz domingo y que Dios os bendiga a todos.

+ Juan José Omella Omella

Arzobispo de Barcelona

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.