María, estrella de la evangelización y madre de misericordia

PerezGonzalezFranciscoMons. Francisco Pérez             Dentro de pocos días celebraremos la clausura del “Año Jubilar de la Misericordia” y en nuestra Diócesis realizaremos una magna procesión, desde la parroquia de San Lorenzo hasta la Catedral de Pamplona, con las tallas más significativas de la Virgen María. El Papa Francisco nos ha invitado a poner en el centro de este año, tan significativo, a la Virgen María como “Madre de Misericordia”. En esta reflexión, tomando ciertos hitos de la exhortación apostólica del beato Pablo VI sobre el “Anuncio del Evangelio”, quiero hacer un recorrido sobre cómo María evangeliza con sus palabras y sus silencios. La denomina “Estrella de la Nueva Evangelización”. Y así nos la imaginamos, y con acierto, austera, sobria en palabras, pero dulcemente comunicativa. Tenemos varios ejemplos en el Evangelio.

En la Anunciación pregunta lo indispensable para entender el alcance del mensaje del ángel Gabriel; y esclarecido su excelente contenido, pronuncia las palabras precisas, que aún no hemos desmenuzado plenamente: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38). El mismo Jesús proclama la excelencia del silencio que escucha la palabra de Dios y la cumple (Lc 11, 28). Y el evangelista subraya el comportamiento reflexivo de la Virgen, de hondura interior ante las palabras del ángel: “Guardaba todos estos recuerdos y los meditaba en su corazón” (Lc 2, 19). Silencio en los labios, pero su corazón era un volcán de amor en ebullición para con su Hijo, para Dios. En su interior había diálogo constante, continuo sobre lo que veía y oía en su Jesús.
María evangeliza siendo testigo cualificado de la vida de Jesús. El misterio de Cristo es inseparable del misterio de María. “Los misterios de Cristo son también, en cierto sentido, los misterios de su Madre, incluso cuando ella no está implicada directamente, por el hecho mismo de que ella vive de él y para él” (Juan Pablo II, Rosar. V.M. n. 24). La Encarnación del Verbo de Dios, “misterio escondido desde los siglos en Dios” (Ef 3, 1) se realiza en el tiempo en el seno purísimo de la Virgen por expreso y formal consentimiento de Ella. Su ‘SI’ es identificación total, completa, sin fisuras alguna: “Hágase en mi según tu Palabra” (Lc 1, 30).

No se puede evangelizar sobre el misterio inefable de la Encarnación del Hijo de Dios sin evangelizar sobre María, en cuyas virginales entrañas se realiza el admirable y sobrecogedor misterio del anonadamiento (Fil 2, 7). Si Jesús evangeliza manifestándose verdadero Dios y verdadero hombre, la Virgen evangeliza aceptando ser Madre de Jesús de Nazaret, el mismo Hijo de Dios. El ángel le anuncia el mensaje de salvación y ella hace suyo el mensaje angélico diciendo sí y consistiendo en ser Madre de Dios. La celebración del misterio asombroso de la Encarnación es igual y necesariamente la celebración y proclamación del misterioso e inefable ‘SÍ’ de la Virgen que, para siempre, será bellísimo y singular ejemplo de fidelidad a la voluntad de Dios para todo el que quiera recibir la palabra de Dios dócilmente y cumplir el querer divino; modelo de escucha, diálogo y obediencia.

Si habla más, será únicamente para cantar las grandezas del Señor que ha hecho las maravillas más sorprendentes al ver la humillación y la humildad de su esclava (Lc 1, 46-55). Canto de alabanza, verdaderamente singular y programa de vida cristiana para los que desean y aspiran sinceramente a la perfección. Evangelización y catequesis espléndida para los que buscan a Dios por los senderos que conducen indefectiblemente a Él. Espíritu de misericordia para los que aman al Señor. Sólo desde la humildad se puede vivir la misericordia que es la entraña y garantía del auténtico amor.

Jesús dice que ha venido a evangelizar a los pobres y sanar los corazones desgarrados (Lc 4, 18). La Virgen en su canto del “Magníficat” muestra y anuncia la conducta de Dios con los humildes, a los que amorosamente acoge y llena, mientras rechaza a los soberbios y poderosos. Es suficiente desgranar y meditar sus palabras para percibir el latido del Corazón del Evangelio. Escucha, acepta, se ofrece, canta la misericordia infinita de Dios. Llevaba muy dentro, en el corazón de Madre, las necesidades de sus hijos. En las bodas de Caná padece anticipadamente el apuro y vergüenza de aquellos privilegiados novios y abre sus labios para decir a Jesucristo algo que parece nada: “No tienen vino” (Jn 2, 3) y por si el “desplante” de Jesús les había arrancado del corazón la confianza, los evangeliza mostrando a Jesús como verdadero amigo y cercano a los necesitados: “Haced lo que Él os diga” (ibid. 5).
Durante años parece que había enmudecido. “Excepto en Caná, la presencia de María queda en el transfondo” (Juan Pablo II, Rosarium V.M. n. 21). El ropaje de su humildad ante Dios la ha ocultado. Sus labios se han sellado de tal manera para los humanos que ni al pie de la cruz nos deja una palabra, que guardaríamos como un inapreciable tesoro. Tenemos que dar las gracias al discípulo amado que, atento con solicitud de Hijo amantísimo a todos los gestos de la Madre en el Calvario, queda impresionado por la firmeza y valentía de la que estaba junto a la Cruz y nos ha legado, como herencia el “stabat” que la Iglesia ha recogido en su corazón para cantarla con perdón y amor. Es el bálsamo que mitiga los dolores, sana las heridas y fortalece los corazones de los hijos que quieren participar con María en la salvación del género humano.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).