Oremos por la Iglesia perseguida: el testimonio de la Iglesia copta

Mons. Carlos Escribano             Una de las Iglesias más antiguas de la cristiandad es la Iglesia copta que tiene su principal arraigo en Egipto.

El término copto significa egipcio en griego, y alude a todos aquellos que se mantuvieron fieles al cristianismo tras la invasión árabe del siglo VII. Su lengua, procedente del antiguo egipcio –más tarde sustituida por el árabe– se ha mantenido en la liturgia. E incluso han conservado un alfabeto y un calendario propios. La Iglesia copta nació tras la separación operada en el Patriarcado de Alejandría de Roma a causa de las divergencias creadas por el Concilio de Calcedonia en el año 451. Egipto fue evangelizado por el apóstol San Marcos a partir de las comunidades hebreas residentes en Alejandría. Fue allí donde se adoptó como símbolo cristiano la cruz, que los cristianos coptos siguen tatuando en su muñeca como signo de ser seguidores de Jesucristo. Existen dos grandes grupos que reciben la denominación de copto: los ortodoxos y los católicos, aunque los primeros son mayoría muy amplia. La Iglesia católica copta, como el conjunto de los católicos, está en comunión con el Papa y tiene por cabeza al patriarca de Alejandría, que reside en El Cairo.

Los cristianos coptos, católicos y ortodoxos, sufren de manera reiterada una silenciada persecución que solo en ocasiones muy puntuales llega a los medios de comunicación y trasciende sus fronteras mostrando el dolor y el rechazo en el que muchos hermanos nuestros deben vivir su fe. Cuando esas noticias llegan a nosotros siempre nos conmueven y preocupan, especialmente por la gran violencia que contra ellos se emplea. Seguro que está en nuestra memoria el asesinato de aquel grupo de coptos en las playas de Alejandría que fueron degollados ante las cámaras vistiendo unos monos naranjas. Fueron escenas de gran dureza y de un inmenso valor testimonial, pues muchos de ellos entregaron su vida con el nombre de Jesús en sus labios. El Papa Francisco se ha referido en múltiples ocasiones a esta persecución y nos ha pedido que recemos por estos hermanos nuestros, mártires y confesores de la fe en el siglo XXI.

Son muchos los derechos humanos que se han visto conculcados en estos lugares de conflicto, pero hay uno, el de la libertad religiosa, que si se olvida o se ignora hará muy difícil la reconstrucción pacífica de esas sociedades. El Papa Benedicto XVI nos lo recordaba en su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz del 1 de Enero de 2011: “invito a los Católicos a rezar por sus hermanos en la fe, que sufren violencias e intolerancias, y a ser solidarios con ellos. En este contexto, siento muy viva la necesidad de compartir con vosotros algunas reflexiones sobre la libertad religiosa, camino para la paz. En efecto, se puede constatar con dolor que en algunas regiones del mundo la profesión y expresión de la propia religión comporta un riesgo para la vida y la libertad personal….. Los cristianos son actualmente el grupo religioso que sufre el mayor número de persecuciones a causa de su fe. Muchos sufren cada día ofensas y viven frecuentemente con miedo por su búsqueda de la verdad, su fe en Jesucristo y por su sincero llamamiento a que se reconozca la libertad religiosa. Todo esto no se puede aceptar, porque constituye una ofensa a Dios y a la dignidad humana; además es una amenaza a la seguridad y a la paz, e impide la realización de un auténtico desarrollo humano integral”.

El próximo día 14, tendremos un encuentro de oración por la Iglesia perseguida. Será en la Iglesia de San Bartolomé de Logroño a las 20 horas. Podremos rezar por ellos, los cristianos perseguidos, y con ellos, pues un sacerdote egipcio, copto católico, nos acompañará y nos dará su testimonio cercano y conmovedor sobre esta Iglesia hermana que sufre persecución.

Os invito a participar en este encuentro de oración y os pido una plegaria por estos testigos de la fe, que están sufriendo persecución en el Siglo XXI por querer seguir siendo discípulos del Resucitado.

+ Carlos Escribano Subías
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

Mons. Carlos Escribano Subías
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Monseñor Carlos Manuel Escribano Subías nació el 15 de agosto de 1964 en Carballo (La Coruña), donde residían sus padres por motivos de trabajo. Su infancia y juventud transcurrieron en Monzón (Huesca). Diplomado en Ciencias Empresariales, trabajó varios años en empresas de Monzón. Más tarde fue seminarista de la diócesis de Lérida -a la que perteneció Monzón hasta 1995-, y fue enviado por su obispo al Seminario Internacional Bidasoa (Pamplona). Posteriormente, obtuvo la Licenciatura en Teología Moral en la Universidad Gregoriana de Roma (1996). Ordenado sacerdote en Zaragoza el 14 de julio de 1996 por monseñor Elías Yanes, ha desempeñado su ministerio en las parroquias de Santa Engracia (como vicario parroquial, 1996-2000, y como párroco, 2008-2010) y del Sagrado Corazón de Jesús (2000-2008), en dicha ciudad. En la diócesis de Zaragoza ha ejercido de arcipreste del arciprestazgo de Santa Engracia (1998-2005) y Vicario Episcopal de la Vicaría I (2005-2010). Como tal ha sido miembro de los Consejos Pastoral y Presbiteral Diocesanos. Además, ha sido Consiliario del Movimiento Familiar Cristiano (2003-2010), de la Delegación Episcopal de Familia y Vida (2006-2010) y de la Asociación Católica de Propagandistas (2007-2010). Ha impartido clases de Teología Moral en el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón desde el año 2005 y conferencias sobre Pastoral Familiar en diferentes lugares de España. Finalmente, ha formado parte del Patronato de la Universidad San Jorge (2006-2008) y de la Fundación San Valero (2008-2010). Benedicto XVI le nombró obispo de Teruel y de Albarracín el 20 de julio de 2010, sucediendo a monseñor José Manuel Lorca Planes, nombrado Obispo de Cartagena en julio de 2009. Ordenado como Obispo de Teruel y de Albarracín el 26 de septiembre de 2010 en la S. I. Catedral de Teruel.