¿Sepultura o cremación? Con motivo de la Instrucción “Ad resurgendum cum Christo”

Mons. Celso Morga        Queridos fieles, entramos en el mes de noviembre, tradicionalmente dedicado, en la Iglesia, a la meditación sobre las realidades últimas de nuestra vida y a la oración por los difuntos. Inicia el mes con la solemnidad de Todos los Santos, que nos recuerda nuestra vocación a la santidad, a la amistad con Dios, a ejemplo de tantos y tantos hermanos y hermanas que nos han precedido en la fe y ya gozan de Dios en el cielo.

Al día siguiente, conmemoramos a los fieles difuntos. Todos tenemos en el corazón y en el recuerdo esos seres queridos a los cuales nos sentimos muy unidos por lazos de familia, amistad y agradecimiento. La oración y el recuerdo de nuestros queridos difuntos será una constante durante este mes.

A propósito de los fieles difuntos, la Congregación para la Doctrina de la Fe acaba de publicar una Instrucción titulada Ad resurgendum cum Christo sobre la sepultura de los difuntos y la conservación de las cenizas en caso de cremación. El documento atañe a todos los fieles. Como decía el Cardenal Gerhard L. Muller en la presentación de esta Instrucción, la cremación del cadáver ha registrado un aumento significativo en muchos países, además de la difusión de la conservación de las cenizas en el propio hogar o su dispersión en la naturaleza.

Ante este hecho, la Iglesia sigue recomendando vivamente que los cuerpos de los difuntos se entierren en el cementerio o en otro lugar sagrado. En memoria de la muerte, sepultura y resurrección del Señor, la inhumación es la forma más adecuada para expresar la fe y la esperanza en la resurrección corporal. Además, la sepultura en los cementerios u otros lugares sacros responde adecuadamente a la piedad y al respeto honrando a los cuerpos de los fieles difuntos.

Si por razones legítimas se opta por la cremación del cadáver, las cenizas del difunto, por regla general, deben mantenerse en lugar sagrado, es decir, en el cementerio o, si es el caso, en una iglesia o en un área especialmente dedicada a este fin. No está permitida la conservación de las cenizas en el hogar. Solo en casos graves y excepcionales circunstancias, el Ordinario, de acuerdo con la Conferencia Episcopal, puede conceder el permiso para conservar las cenizas en el hogar. Para evitar cualquier malentendido panteísta, naturalista o nihilista no se permite la dispersión de las cenizas en el aire, en tierra, en agua o en cualquier otra forma.

La Instrucción pretende ayudar a los fieles cató- licos a que tomen mayor conciencia de su dignidad como “hijos de Dios” (Rom 6,16). Estamos ante un nuevo desafío para la evangelización de la muerte. La Instrucción nos pide a los pastores de la Iglesia y a los restantes fieles a que ayudemos a evangelizar el sentido de la muerte, a la luz de la fe en Cristo resucitado, como escribió Tertuliano, un autor cristiano del siglo II, «la resurrección de los muertos, de hecho, es la fe de los cristianos: creyendo en ella, somos tales» (De resurrectione carnis, 1,1).

+ Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

Mons. Celso Morga Iruzubieta
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Mons. Celso Morga Iruzubieta nació en Huércanos, La Rioja, el 28 de enero de 1948. Completó sus estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Logroño y fue ordenado sacerdote el 24 de junio de 1972. Posteriormente, cursó la licenciatura en Derecho Canónico en la Universidad de Navarra, donde obtuvo el Doctorado en 1978.morga_iruzubieta_celso Más tarde desarrolló su labor pastoral en diversas parroquias de La Rioja y fue vicario judicial adjunto del Tribunal Diocesano entre 1974 y 1980. Ese año se trasladó a Córdoba (Argentina) para impartir la docencia de Derecho Canónico en el Seminario Archidiocesano. También ejerció de juez en el Tribunal Eclesiástico y de capellán de un colegio religioso. A su regreso a España en 1984, le nombraron párroco de San Miguel, en Logroño, y en 1987 fue llamado a Roma para trabajar en la Congregación para el Clero, el dicasterio vaticano que se ocupa de los asuntos que se refieren a la vida y ministerio de 400.000 sacerdotes católicos en todo el mundo. Allí ha trabajado de jefe de Sección y, desde noviembre de 2009, de subsecretario, cargo que ha ocupado hasta su nombramiento de secretario y Arzobispo titular de Alba Marítima, siendo ordenado obispo por el Papa Benedicto XVI en la Basílica de San Pedro el día 5 de febrero de 2011. Además de su responsabilidad en la Curia Romana, Mons. Celso Morga ha desarrollado una intensa labor pastoral en diversas parroquias de la capital italiana, entre ellas la parroquia de los Santos Protomártires Romanos. Es autor de algunos libros de teología espiritual y ha publicado varios trabajos sobre la vida y el ministerio de los sacerdotes, en L’Osservatore Romano y otras revistas. En la Conferencia Episcopal Española es miembro, desde noviembre de 2014, de la Comisión Episcopal del Clero.