Presencias y ausencias

Mons. Agustí Cortés            ¡Qué pobre sería nuestro mundo si la relación de pareja (el matrimonio) fuera buscada sólo como “remedio” para la tensión sexual; o si el tener hijos (la paternidad o maternidad) se considerara únicamente como solución para la soledad y para satisfacer el instinto de proyectarse en la descendencia!

Da miedo pensar que esta posibilidad sea ya más real de lo que uno pueda imaginar. Nuestro mundo opulento y todopoderoso está saturado de miserias. Y decimos esto sin dejar de amarlo.

Porque, en relación con nuestra inquietud, nos vienen no pocas imágenes sacadas de la vida real, unidas a pensamientos y mensajes de personas realmente lúcidas.

Los catequistas de nuestras parroquias tienen serias dificultades para encontrar una hora a la semana en que los niños estén libres para tener una sesión de catequesis. ¡Todo el tiempo extraescolar está lleno de actividades y enseñanzas complementarias, a cuál de ellas “más indispensable”! Hemos visto a un padre con el rostro desencajado gritando contra el árbitro, que había pitado una falta contra su hijo en un partido de fútbol; el mismo padre que “por el bien de su hijo” le había educado para ser el primero en todo. También hemos visto padres y madres extenuados a causa de una actividad desbordante y diversa, incapaces ya del suficiente sosiego para atender las exigencias educativas de sus hijos. Y esos mismos padres, empleados en empresas multinacionales de gran envergadura, entregados en cuerpo y alma a su trabajo para alcanzar la cota de rendimiento que se les exige.

¿Cuestión de dinero? Quizá. Pero sin duda cuestión de cultura, de mentalidad, de estilo de vida.

Da qué pensar lo que leemos en la ponencia del sociólogo Javier Elzo, en el n. 233 de la revista Quaderns de Pastoral, “Notes precipitades davant els canvis familiars”. Tras afirmar que “la secularización (y el feminismo) es la única civilización que no tiene un discurso sobre la maternidad”, cita a la filósofa y psicoanalista Julia Kristeva en su artículo “Oser l’humanisme”, para responder a la pregunta “¿qué es ser madre?”: es ser “centinela de la vida y de la muerte, entre la acogida erótica del hombre y la gestación de un desconocido en casa…” Y a la pregunta sobre qué es ser padre responde, citando el testimonio de Sibylle Lacan, hija del famoso psiquiatra y psicoanalista Jacques Lacan: ella acaba confesando que se encuentra psíquicamente enferma, hasta no poder desarrollar su profesión, precisamente por la ausencia efectiva del padre en sus años infantiles, causada por su entrega a los múltiples compromisos profesionales y por la inclinación preferente a la segunda mujer y a la hija de ambos…

Presencias excesivas, ausencias flagrantes. ¿Qué está pasando? ¿Eso de ser padre o madre se ha dejado en manos de los mecanismos instintivos? ¿Realmente no se sabe, o no se quiere saber, cuál es el secreto, la tarea y la riqueza que encierra ser padres? ¿Y si descubriéramos que en ello existe una llamada especial al amor concreto, a la salida de uno mismo, de sus propios intereses, para hacer vivir a otros? Y si realmente aquel secreto no se descubre ni esta llamada se oye, ¿qué lo está impidiendo?; ¿qué llena nuestra vida tan obsesivamente y tan “abusivamente”?

Lo más triste es que en la maternidad o paternidad fallidas no sólo está en juego la vida de los padres adultos, sino también la de los hijos, que, como una temeridad, ha sido depositada en sus manos. Por eso, cuando hallamos familias que, más allá del éxito profesional o social de los hijos, sonríen y están en paz solo porque han intentado amar, nos nace una sincera y gozosa bendición a Dios Padre, que hace bien las cosas.

 

Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.