Se clausura el Año Jubilar de la Misericordia, pero no la misericordia

Mons. Francesc Pardo i Artigas               El próximo domingo, 13 de noviembre, todas las diócesis celebraremos la clausura del Año Jubilar de la Misericordia.

El domingo 20 de noviembre, solemnidad litúrgica de Jesucristo Rey del Universo, se clausurará en Roma. Ofrezco aquí algunas reflexiones en relación a esta celebración conclusiva para que nos sirvan de memoria, acción de gracias y compromiso. No se trata de un punto y final, sino de un punto y seguido.

El propio Papa escribe en la bula del jubileo, Misercordiae Vultus: “En ese día, cerrando la Puerta Santa, tendremos ante todo sentimientos de gratitud y de reconocimiento hacia la Santísima Trinidad por habernos concedido un tiempo extraordinario de gracia. Encomendaremos la vida de la Iglesia, la humanidad entera y el inmenso cosmos a la Señoría de Cristo, esperando que derrame su misericordia como el rocío de la mañana para una fecunda historia, todavía por construir con el compromiso de todos en el próximo futuro. ¡Cómo deseo que los años por venir estén impregnados de misericordia para poder ir al encuentro de cada persona llevando la bondad y la ternura de Dios! A todos, creyentes y lejanos, pueda llegar el bálsamo de la misericordia como signo del Reino de Dios que está ya presente en medio de nosotros”.

– Ciertamente somos humanos y el tiempo nos pide cerrar el Año Jubilar como un tiempo especial, pero que en forma alguna debemos olvidar lo que hemos vivido durante este año de manera muy intensa: la inmensa misericordia y bondad recibidas de Dios y el esfuerzo en practicar las obras de misericordia.

–  El Año Jubilar ha sido un tiempo de gracia, de fiesta, de conversión, de perdón, de servicio, que debemos continuar en nuestra Iglesia Diocesana, en las parroquias, instituciones pastorales, grupos eclesiales y en nuestra vida personal,  en nuestro proceder.

–  Se clausuran materialmente las Puertas de la Misericordia, pero no lo que han significado, por lo que han de permanecer siempre abiertas: tanto las puertas del corazón de cada cual, como las puertas de nuestras comunidades e instituciones.

– Recordemos lo que hemos vivido para dar gracias: la apertura de las Puertas de la Misericordia en nuestra Catedral y en otros templos y santuarios de nuestra Diócesis, para que todo el mundo experimentase por medio del signo de la bondad y el amor de Dios que perdona y salva; la designación de los cuatro misioneros de la misericordia, que, con las facultades recibidas del Papa, nos han ayudado a reconciliar con Dios y también a vivir este año con su predicación y enseñanza; las celebraciones jubilares desde su inicio hasta hoy, tanto en la Catedral como en las otras iglesias y santuarios; las peregrinaciones de la Hospitalidad a Lourdes, la de algunos jóvenes a Santiago de Compostela y Cracovia con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud , a Taizé, y otros encuentros y vivencias.

–  El sacramento de la reconciliación.

Finalizo con el texto que cierra la promulgación del Año Jubilar: “Que la Iglesia nunca se canse de ofrecer misericordia y sea siempre paciente en el confortar y perdonar. La Iglesia se haga voz de cada hombre y mujer y repita con confianza y sin descanso: « Acuérdate, Señor, de tu misericordia y de tu amor; que son eternos » (Sal 25,6).

 

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
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Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.