Creo en la resurrección de los muertos

Mons. Gerardo Melgar              La Palabra de Dios de este domingo es la realidad más importante para un creyente: la Resurrección. Para un creyente en Cris­to, la muerte no se puede entender como el final de todo, como el aquí se acabó todo. Un seguidor de Jesús sabe y cree que después de esta vida aquí en la tierra, existe otra vida mu­cho más plena y feliz, que nuestro destino último no es la muerte sino la vida, la resurrección.

Esta Palabra nos habla de dos rea­lidades que el mundo actual se niega admitir y se niega a pensar y creer: la muerte del ser humano y la vida después de esta muerte terrena.

El ser humano actual es alérgico a pensar en la muerte como el hecho más cierto de su vida. Más tarde o más pronto nos llegará el día de en­frentarnos con esa realidad dura de la muerte, de la terminación de la vida aquí en la tierra. De tal manera se resiste a pensar en la muerte que vive su vida como si nunca le fuera a llegar este momento.

Por otra parte el ser humano ac­tual se niega a pensar que la muerte humana no es el final de todo, sino que tendremos una vida eterna, mu­cho más plena, en la que ya no es po­sible ni el llanto ni el dolor, sino que será la paz y la felicidad de la que gozaremos para siempre si somos ca­paces, de vivir nuestra vida desde lo que el Señor nos pide.

El ser humano actual cree en lo tocante y sonante, en lo que se pue­de palpar, en lo que se puede expe­rimentar, pero se resiste a creer en aquello que no puede ver, que no puede palpar, de lo que no tiene una experiencia.

Muchos, incluso cristianos, tienen una fe en la resurrección por un por si acaso, porque tal vez sea verdad, que algo tiene que haber después de esta vida, pero sin estar demasiado convencidos y por lo mismo no tiene peso en su vida, porque su fe en la resurrección no es tal.

Podríamos decir que al ser hu­mano actual le cuesta creer en la Resurrección, porque le cuesta la fe en Dios, porque ha puesto su fe y su confianza en otros valores o en otras cosas, y no en Dios.

La primera lectura nos ilustra cla­ramente sobre la fe de aquellos sie­te hermanos y su madre, que creían en las leyes de sus antepasados y las guardaban escrupulosamente, creían en el Dios de sus padres y querían ser fieles a lo que Él mandaba. Por eso, no les importa la muerte terrena, porque están seguros en que el Rey del universo los resucitará a esa otra vida que no se acaba, por ser capaces de morir por guardar sus leyes.

En el Evangelio Jesús confiesa cla­ramente que la Resurrección de los muertos es una realidad que todos debemos creer. No podemos expli­carnos como será esa otra vida, por­que va a ser muy distinta de la de aho­ra, pero que los muertos resucitan, ya lo testi­monia Moisés, cuando invoca a Dios como Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

Cristo es el primer muerto que ha resucitado, venciendo así el poder de la muerte sobre el hombre, para siempre, y hacernos partícipes a to­dos de la gloria de la Resurrección. Él es quien pone las condiciones para poder resucitar con Él: Creer en Él, porque el cree en Él, «aunque haya muerto vivirá y todo el que vive y cree en mi no morirá para siempre».

Tenemos que pensar que el Señor un día nos pedirá cuentas de nues­tra fe y si hemos vivido nuestra vida aquí en la tierra desde los paráme­tros y valores que Él nos pide, recibi­remos el premio de la da eterna.
Vivamos, pues, nuestra vida des­de el mensaje de Jesús y con la fe puesta en él, para que un día pueda decirnos a todos: «Venid benditos de mi Padre y heredad el reino que os tenía preparado, porque habéis trata­do de encarnar el vosotros la exigen­cias de mi vida».

+ Gerardo Melgar

Obispo de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.