Día de la Fraternidad en la Iglesia Diocesana

Mons. Enrique Benavent           Por el Bautismo, los cristianos hemos sido hechos miembros de la gran familia de los hijos de Dios, que es la Iglesia.

Formamos un pueblo que peregrina por este mundo como hermanos de toda la humanidad, de la que también nosotros formamos parte, por lo que “el gozo y la esperanza, la tristeza y la angustia de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de todos los afligidos, son también gozo y esperanza, tristeza y angustia de los discípulos de Cristo” (GS 1). Para un cristiano auténtico “no hay nada verdaderamente humano que no tenga resonancia en su corazón” (GS 1). La Iglesia no es una secta, ni una sociedad de perfectos que vive al margen del mundo: está formada por hombres y mujeres de esta tierra y quiere estar al servicio de todos.

Sin la colaboración y el compromiso de todos los que nos sentimos cristianos, la Iglesia no puede realizar plenamente la misión que Jesús le confió y para la que ella existe. Es cierto que Dios, en su omnipotencia, hubiera podido escoger otros caminos, pero forma parte de su humildad respetar la dignidad y la libertad de todos los seres humanos y pedir nuestra colaboración para sembrar su Reino en nuestro mundo. El Señor nos pide que trabajemos y cooperemos con Él; nos anima a vivir la fraternidad y la generosidad; espera de nosotros una entrega al hermano tal como Él la vivió en la Cruz; que pongamos nuestra persona y nuestras cualidades y que empleemos las cosas que hemos recibido de Él poniéndolas al servicio del Reino de la Verdad y la Vida, de la santidad y la gracia, de la justicia, el amor y la paz. De ese Reino, la Iglesia es instrumento, germen y comienzo (LG 5).

Como la Iglesia tiene la misión de ser la cercanía de Reino para las personas de todos los tiempos y lugares, adquiere una forma concreta en las distintas iglesias particulares que, presididas por los obispos, están extendidas por todo el mundo. Sentirse miembro de la Iglesia nos debe llevar a amar nuestra diócesis, en la que se integran las distintas comunidades parroquiales. En la Iglesia diocesana tenemos a nuestro alcance todo lo que necesitamos para poder vivir plenamente la vocación a la santidad: la plenitud de la gracia y del organismo sacramental, asegurada por el ministerio del obispo, y la Palabra de Dios predicada en comunión de fe con las otras iglesias.

Somos conscientes de que quien va edificando su Reino es el mismo Dios, pero no lo quiere hacer sin nosotros. Nuestra diócesis necesita la colaboración de todos para poder realizar más eficazmente su misión. El próximo domingo celebraremos la jornada de solidaridad con nuestra diócesis. Deseo que esta jornada nos ayude a todos a sentirnos miembros de ella de un modo más intenso; a renovar nuestro compromiso como cristianos viviéndolo en comunión con la Iglesia; a cumplir con el deber de ayudarla en sus necesidades, también con nuestra aportación económica, para que continúe realizando la tarea de evangelización y de solidaridad con todos, que es su misión.

Quiero manifestar mi agradecimiento por los gestos de compromiso y de generosidad que voy descubriendo en tantas personas que, en nuestras parroquias, sienten la vida de la Iglesia como algo propio. Estoy convencido de que el Señor lo recompensará con creces.

Con mi bendición y afecto.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

Mons. Enrique Benavent Vidal
Acerca de Mons. Enrique Benavent Vidal 198 Articles
Nació el 25 de abril de 1959 en Quatretonda (Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Moncada (Valencia), asistiendo a las clases de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” donde consiguió la Licenciatura en Teología (1986). Es Doctor en Teología (1993) por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos de Juan Pablo II el 8 de noviembre de 1982, durante su primera Visita Apostólica a España. CARGOS PASTORALES En su ministerio sacerdotal ha desempeñado los cargos de: coadjutor de la Parroquia de San Roque y San Sebastián de Alcoy (provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia) y profesor de Religión en el Instituto, de 1982 a 1985; formador en el Seminario Mayor de Moncada (Valencia) y profesor de Síntesis Teológica para los Diáconos, de 1985 a 1990; y Delegado Episcopal de Pastoral Vocacional, de 1993 a 1997. Durante tres años, de 1990 a 1993, se trasladó a Roma para cursar los estudios de doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana. Es profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia”, desde 1993; profesor en la Sección de Valencia del Pontifico Instituto “Juan Pablo II” para Estudios sobre Matrimonio y Familia, desde 1994; Director del Colegio Mayor “S. Juan de Ribera” de Burjassot-Valencia, desde 1999; Decano-Presidente de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia, desde 2004, y Director de la Sección Diócesis de la misma Facultad, desde 2001; además, desde 2003, es miembro del Consejo Presbiteral. Fue nombrado Obispo Auxiliar de Valencia el 8 de noviembre de 2004. El 17 de mayo de 2013 el Papa Francisco le nombró Obispo de Tortosa. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE, desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y desde 2005 de la de Seminarios y Universidades.