Nada hay más necesario para el bien común y la sociedad que la santidad

Mons. Rafael Zornoza              Nos acercamos a la festividad de Todos los Santos. Celebramos en esta gran solemnidad el triunfo de Cristo y de la gracia sobre el pecado y la muerte en tantas almas que, en virtud de Su Sangre redentora, han sido dignas de participar de la gloria de Cristo Resucitado. ¿Tienen los santos algo que ver conmigo?

Nos puede parecer una celebración ajena a nuestras vidas si no nos damos cuenta de que se trata de la meta para la cual hemos sido creados. Sí, estamos en esta tierra nada más que de paso, en camino hacia la Patria del cielo. Hemos sido creados por puro don de la infinita bondad de Dios y no tenemos otro fin que Dios mismo, el Único en quien la criatura humana encuentra su plenitud. Que celebremos a continuación el Día de los Fieles Difuntos, pidiendo por su purificación para que puedan gozar del gozo de Dios, es el contraste perfecto para comprender nuestra vida a la luz de la eternidad y percibir el valor que tiene vivir aquí en el amor de Dios y haciendo su voluntad.

A algunos la santidad les parece algo irreal, un privilegio de pocos, pero que de ninguna manera les concierne –una buena excusa para seguir viviendo con mediocridad, o según los criterios del mundo, abocados a los bienes de esta tierra, sin tomarse de una vez por todas en serio la vida cristiana-. Pero ciertamente se trata de una excusa no válida.  El Señor nos pide ser santos. Dice: «Sed santos para mí, porque yo, el Señor, soy Santo» (Lev 20, 26), «Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial» (Mt 5, 48), “Sed misericordiosos, como el Padre es misericordioso” (Lc 6,36). Se trata, pues, de una llamada universal, como indica el Concilio Vaticano II en el capítulo V de la Constitución Lumen Gentium. Todos los hombres estamos llamados a la perfección evangélica, a santificarnos por una conformidad amorosa con la voluntad de Dios. Esto es lo único necesario y lo que debiera ocuparnos continuamente, por lo que hemos de comprender que nada hay tan útil para nuestra felicidad, y para el bien de los que nos rodean, y de toda la sociedad, y tener así la plena confianza de que Dios nos da su gracia para vivirlo con perfección.

En nuestro tiempo se necesitan santos, testigos del amor de Dios, que gasten su vida amando de verdad, con verdadera experiencia de fe, como auténticos discípulos de Cristo en el mundo, aunque no pocos le den la espalda o le dejen. Confiemos en que no habrá de faltarnos el auxilio de la gracia, que nos precede, nos sostiene y nos acompaña en todas nuestras luchas.

+ Rafael Zornoza

Obispo de Cádiz y Ceuta

Mons. Rafael Zornoza
Acerca de Mons. Rafael Zornoza 283 Articles
RAFAEL ZORNOZA BOY nació en Madrid el 31 de julio de 1949. Es el tercero de seis hermanos. Estudió en el Colegio Calasancio de Madrid con los PP. Escolapios, que simultaneaba con los estudios de música y piano en el R. Conservatorio de Madrid. Ingresó en el Seminario Menor de Madrid para terminar allí el bachillerato. En el Seminario Conciliar de Madrid cursa los Estudios Teológicos de 1969 a 1974, finalizándolos con el Bachillerato en Teología. Ordenado sacerdote el 19 de marzo de 1975 en Madrid fue destinado como vicario de la Parroquia de San Jorge, y párroco en 1983. Impulsó la pastoral juvenil, matrimonial y de vocaciones. Fue consiliario de Acción Católica y de promovió los Cursillos de Cristiandad. Arcipreste del Arciprestazgo de San Agustín y miembro elegido para el Consejo Presbiteral de la Archidiócesis de Madrid desde 1983 hasta que abandona la diócesis. Es Licenciado en Teología Bíblica por la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, donde también realizó los cursos de doctorado. Preocupado por la evangelización de la cultura organizó eventos para el diálogo con la fe en la literatura y el teatro e inició varios grupos musicales –acreditados con premios nacionales e internacionales–, participando en numerosos eventos musicales como director de coros aficionados y profesor de dirección coral. Ha colaborado además como asesor en trabajos del Secretariado de Liturgia de la Conferencia Episcopal. En octubre de 1991 acompaña como secretario particular al primer obispo de la de Getafe al iniciarse la nueva diócesis. Elegido miembro del Consejo Presbiteral perteneció también al Colegio de Consultores. Inicia el nuevo seminario de la diócesis en 1992 del que es nombrado Rector en 1994, desempeñando el cargo hasta 2010. Ha sido profesor de Teología en la Escuela Diocesana de Teología de Getafe, colaborador en numerosos cursos de verano y director habitual de ejercicios espirituales. Designado por el S.S. el Papa Benedicto XVI obispo titular de Mentesa y auxiliar de la diócesis de Getafe y fue ordenado el 5 de febrero de 2006. Hay que destacar en este tiempo su dedicación a la Formación Permanente de los sacerdotes. También ha potenciado con gran dedicación la pastoral de juventud, creando medios para la formación de jóvenes cristianos, como la Asociación Juvenil “Llambrión” y la Escuela de Tiempo Libre “Semites”, que capacitan para esta misión con la pedagogía del tiempo libre, campamentos y actividades de montaña. Ha impulsado además las Delegaciones de Liturgia, Pastoral Universitaria y de Emigrantes, de importancia relevante en la Diócesis de Getafe, así como diversas iniciativas para afrontar la nueva evangelización. Pertenece a la Comisión Episcopal de Seminarios de la Conferencia Episcopal Española –encargado actualmente de los Seminarios Menores– y a la Comisión Episcopal del Clero. Su lema pastoral es: “Muy gustosamente me gastaré y desgastaré por la salvación de vuestras almas” (2Cor 12,13). El 30 de agosto de 2011 se ha hecho público su nombramiento por el Santo Padre Benedicto XVI como Obispo electo de Cádiz y Ceuta. El 22 octubre ha tomado posesión de la Diócesis de Cadiz y Ceuta.