Los Santos desconocidos

Mons. Jaume Pujol          He leído el relato de una persona que guardaba en el alma la amargura de un mal recuerdo de su padre ya fallecido. Le hubiera gustado amar su memoria, pero no podía.

Con esta losa en el corazón, se apuntó a una peregrinación a Roma. Durante la peregrinación, en cierto momento, sus sentimientos se trastocaron y por primera vez el recuerdo de su padre fue positivo y notó despertarse el cariño que deseaba y no conseguía. Acudió al sacerdote que acompañaba la peregrinación en busca de la clave de lo ocurrido y el sacerdote, invocando la creencia en la comunión de los santos, le dijo: «Es que con la muerte el parentesco no desaparece».

Estos días tan señalados en nuestra liturgia –Todos los Santos y el Día de Difuntos– nos llevan a pensar en las personas que nos han precedido en el camino de la vida eterna con Dios en el cielo, comenzando por la propia familia.

Cada año el 2 de noviembre celebro una misa en la Catedral por todos los fieles difuntos de la Archidiócesis. El templo se llena para recordarlos y rezar por ellos, y sobre todo para ofrecerles los méritos del sacrifico de Cristo, que son sobreabundantes. Son momentos de petición por sus almas, por si necesitan aún de la purgación para disfrutar de la patria celestial, y para darles gracias por lo que nosotros somos gracias a ellos y a sus cuidados.

Estas fechas nos facilitan también pensar en la santidad, que no es un premio a quienes logran algo reservado a muy pocos. Esta excelencia competitiva es propia de la vida terrena, donde solo unos cuantos logran un campeonato olímpico, un Premio Nobel o inscribir su nombre en la lista Forbes de los más ricos del mundo.

La santidad no se mide tanto por el propio esfuerzo como por el abandono en manos de Dios. Y son muchos los santos que nos rodean, de todas las épocas y también de la nuestra. Juan Pablo II quiso acentuar la llamada universal a la santidad y la posibilidad de alcanzarla, beatificando durante su pontificado a más de 1.300 personas y canonizando a más de un centenar. Son modelos de una vida en consonancia con la voluntad divina, que solo quiere el bien para sus criaturas; pero sólo una pequeñísima parte de los santos desconocidos, que no son anónimos a ojos de Dios: religiosos, sacerdotes y seglares, hombres y mujeres de todas las edades y profesiones. La fiesta de Todos los Santos es su fiesta y la nuestra, que celebramos con ellos.

† Jaume Pujol Balcells

Arzobispo metropolitano de Tarragona y primado
Mons. Jaume Pujol
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Nace en Guissona (Lleida), el 8 de febrero de 1944. Cursó los estudios primarios en los colegios de las Dominicas de la Anunciata y de los Hermanos Maristas de Guissona. Amplió sus estudios en Pamplona, Barcelona y Roma. Realizó el doctorado en Ciencias de la Educación en Roma, donde cursó estudios filosóficos y teológicos. Es doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, en Madrid, el 5 de agosto de 1973, incardinado en la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. CARGOS PASTORALES Fue profesor ordinario de Pedagogía Religiosa en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desde el año 1976 y hasta su consagración episcopal, dirigió el Departamento de Pastoral y Catequesis, y desde el 1997, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, los dos de la misma Universidad. Ocupó distintos cargos en la Facultad de Teología: director de estudios, director del Servicio de Promoción y Asistencia a los Alumnos, secretario, director de la revista Cauces de Intercomunicación (Instituto Superior de Ciencias Religiosas), dirigida a profesores de religión. Durante sus años en Pamplon dirigió cursos de titulación, formación y perfeccionamiento de catequistas, profesores de religión y educadores de la fe, y tesis de licenciatura y de doctorado. Su trabajo de investigación se ha centrado en temas de didáctica y catequesis; ha publicado 23 libros y 60 artículos en revistas científicas, obras colectivas, etc. También ha desarrollado otras tareas docentes y pastorales con jóvenes, sacerdotes, etc. El día 15 de junio de 2004 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Tarragona, archidiócesis metropolitana y primada, responsabilidad que, hasta hoy, conlleva la presidencia de la Conferencia Episcopal Tarraconense, que integran los obispos de la provincia eclesiástica Tarraconense y los de la provincia eclesiástica de Barcelona. El día 19 de septiembre de 2004, en la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona, fue consagrado obispo y tomó posesión canónica de la archidiócesis. El día 29 de junio de 2005 recibía el palio de manos del Papa Benedicto XVI, en la basílica de San Pedro del Vaticano. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y Seminarios y Universidades. Cargo que desempeña desde 2004. Además, ha sido miembro de la Comisión Permanente entre 2004 y 2009.