La misión es misericordia

Mons. Jesús Murgui                 Queridos hermanos y hermanas: A pocas jornadas de clausurar el Año Jubilar Extraordinario de la Misericordia, y a su luz, nos disponemos a celebrar la Jornada Mundial de las Misiones, el DOMUND 2016.

Desde el inicio de su pontificado el Papa Francisco ha insistido en el mensaje de vivir un cristianismo que sale, que vence inercias, que es misionero por definición, siempre y en todo lugar, hasta el punto de dejar acuñada una expresión que muestra de forma gráfica su sueño de ver una “Iglesia en salida” (EG 24), llegando a afirmar: “Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades” (EG 49). Un “salir” que nace del mandato que Cristo entrega a sus discípulos: “Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado” (Mt 28, 19-20).

El mandato del Señor como afirma el Papa en su Mensaje para el presente Domund (n. 6). “no está agotado, es más nos compromete a todos, en los escenarios y desafíos actuales, a sentirnos llamados a una nueva “salida” misionera; como he señalado también en la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium: <> (n. 20)”.

El lema elegido para el Domund 2016, son las palabras de Dios a Abrahán, “sal de tu tierra” (Gen 12,1); y son una invitación a todos nosotros, llamados en este Año de la Misericordia de modo especial, a abandonar el recinto cerrado de nuestro yo, para salir del aislamiento al encuentro, para salir hacia el Padre y salir hacia los hermanos, acogiendo el don de la Misericordia, y entrando en el camino de ser misericordiosos como nuestro Padre. La Misión es Misericordia: reflejo de la Misericordia del Padre, y tarea de la misericordia debida para con tantos hermanos.

Nuestros misioneros, los misioneros de la Iglesia, son el más vivo ejemplo del cristiano que deja de mirarse a sí mismo, y vence los propios aislamientos, los propios egoísmos y miedos, porque se fía del Señor –como Abrahán, modelo de creyente- y por ello sale de “su tierra”, apoyándose confiadamente en el Señor que le ha prometido “otra tierra”: la “tierra sagrada” del otro como hermano; la “tierra sagrada” del que sufre necesidad y en el que Cristo pobre se manifiesta misteriosamente.

Como todos los años, la Jornada Mundial de las Misiones –instituida por Pío XI en 1926, es su 90 “cumpleaños”- nos pide que tengamos siempre presentes las necesidades del mundo y la impresionante labor, ejemplar y callada, de los misioneros que se dejan la piel y la vida al servicio de los demás, en los lugares más olvidados y difíciles. Recemos con toda el alma por ellos, seamos generosos en nuestra ayuda que se multiplicará en sus manos a favor de tantos necesitados.

Que al escuchar el lema del presente Domund: “Sal de tu tierra”, mirándolos a ellos, misioneros, pidamos por sus personas, por las vocaciones misioneras, y mirándonos a nosotros mismos también nos sintamos llamados a la misión, para que saliendo de nosotros mismos y nuestras cosas seamos los testigos del Evangelio que esta tierra está necesitando.

Es bueno recordar, en este inicio de curso, que nuestro Plan Diocesano de Pastoral para estos años nos orienta al “encuentro” con el Señor, a la experiencia de su misericordia, para, ahí, encontrar la fuente de nuestra convencida e ilusionada tarea misionera, la fuente y la fuerza para ser misioneros en esta tierra, también sedienta de la verdad y el consuelo del Evangelio.

La Misión es Misericordia en toda la tierra. A ella somos llamados, y en ella nos preceden nuestros misioneros. En esta Jornada Mundial de la Misiones, DOMUND 2016, recemos, ayudemos, tomemos todos conciencia de ser llamados a cumplir, por caminos diversos, el mandato del Señor: ofrecer a todos la luz del Evangelio.

Que Santa María, Madre de la Iglesia, nos sostenga en la misión recibida. Que sea, especialmente, consuelo y esperanza para nuestros misioneros en su luminosa tarea.

+ Jesús Murgui Soriano

Obispo de Orihuela-Alicante

Mons. Jesús Murgui Soriano
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Mons. D. Jesús Murgui Soriano nace en Valencia el 17 de abril de 1946. Recibió la ordenación sacerdotal el 21 de septiembre de 1969 y obispo desde el 11 de mayo de 1996. Estudió en el Seminario Metroplitano de Moncada (Valencia) y está licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca y doctorado en esta misma materia por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. CARGOS PASTORALES Fue coadjutor entre 1969 y 1973 y párroco, en distintas parroquias de la archidiócesis de Valencia, entre 1973 y 1993, año en que es nombrado Vicario Episcopal. Fue Consiliario diocesano del Movimiento Junior entre 1973 y 1979 y Consiliario diocesano de jóvenes de Acción Católica de 1975 a 1979. Fue nombrado Obispo auxiliar de Valencia el 25 de marzo de 1996, recibiendo la ordenación episcopal el 11 de mayo de ese mismo año. Entre diciembre de 1999 y abril de 2001 fue Administrador Apostólico de Menorca. El 29 de diciembre de 2003 fue nombrado Obispo de Mallorca, sede de la que tomó posesión el 21 de febrero de 2004. El 27 de julio de 2012 se hizo público su nombramiento como Obispo de Orihuela-Alicante. El sábado 29 de septiembre de 2012, tomó posesión de la nueva diócesis. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Liturgia desde marzo de 2017. Cargo que desempeña desde el año 2005. Anteriormente, ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral desde 1996 a 1999 y de la Comisión Episcopal del Clero desde 1999 a 2005.