Sebastián Mora: «En Cáritas, cuando la realidad reclama, los voluntarios responden»

burgos-sebastian-moraEn la mañana del martes 18 de octubre intervenía en las XVI Jornadas Autonómicas de Cáritas de Castilla y León el secretario general de Cáritas española, Sebastián Mora. Durante su conferencia, ha reflexionado sobre el acto de misericordia que supone la acción del voluntariado con los más desfavorecidos de la sociedad.

Sebastián Mora Rosado nació en Málaga en 1966. Casado y con tres hijos, es licenciado en Filosofía por la Universidad Pontifica de Comillas, y posee una larga experiencia de trabajo en el campo de la acción social. Desde 1993 está vinculado a Cáritas, y en 2009 fue nombrado secretario general, cargo que fue renovado posteriormente en 2013 para un cuatrienio. Como secretario general de Cáritas Española, ha desarrollado un papel activo tanto en los espacios de la confederación internacional de Cáritas como en los organismos estatales de coordinación en acción social. En estos últimos años, en los que el impacto de los efectos sociales de la crisis ha sido especialmente intenso, se ha involucrado a fondo en el impulso de los análisis sociales de Cáritas, en la adecuación de las respuestas a las nuevas pobrezas y al incremento de la precariedad mediante la puesta en marcha del Modelo de Acción Social de Cáritas, y en la denuncia y propuestas de nuevos marcos de relaciones sociales y económicas centrados en la dignidad de las personas más desfavorecidas.

Hoy ha acudido a Burgos para estar presente en el las XVI Jornadas Autonómicas de Reflexión, donde ha intervenido con la conferencia «El voluntariado de Cáritas: las manos de la  Misericordia».

-¿En qué ha incidido su intervención sobre el voluntariado?

Se ha tratado de una conferencia centrada en realizar una mirada a la realidad, una realidad que se manifiesta como inmisericorde y de cómo tenemos necesidad de relatos y parábolas de misericordia, tan grandes como la del hijo pródigo o el buen samaritano. Estoy convencido de que el voluntariado es una de esas parábolas, una buena noticia en mitad de este mar de malas noticias. De cómo el voluntariado desde su trabajo, está escribiendo nuevas parábolas que nos ayudan a todos a descubrir a Dios y que guían a los no creyentes hacia buenas prácticas de solidaridad.

– ¿Cómo han afectado estos años de crisis al voluntariado?

El voluntariado ha aumentado muchísimo, hemos crecido en torno a 15.000 voluntarios desde el inicio de la crisis. Aunque año a año hemos ido creciendo, no me centraría en lo cuantitativo, y eso que es un dato importante que hay que tener en cuenta, sino en cómo los voluntarios se han desgastado con una intensidad enormemente atendiendo al sufrimiento, a la demanda y a las necesidades de las personas más desfavorecidas. Una voluntaria de Castilla la Mancha me decía que anteriormente iba a Cáritas los jueves un rato y ahora va de lunes a viernes a echar todos los días un par de horas. Y eso en detrimento de su familia, de su salud, de sus ocupaciones, de su tiempo libre, etc. Porque cuando la realidad reclama, los voluntarios responden.

– ¿A qué se debe esta implicación de los voluntarios, a costa de su comodidad y tiempo libre?

Influyen tres factores: En primer lugar, nos mueve el espíritu, y cuando el espíritu te remueve, las manos son prestas para ayudar. En segundo lugar, la crisis ha tenido una extensión muy grande y no ha habido persona que en su familia no tuviese un impacto de la misma. Hemos visto el sufrimiento muy de cerca, no solo en los telediarios ni en los proyectos sociales, sino también en las familias. Ante la visión tan cercana del sufrimiento y la pobreza, la implicación ha crecido. Y en tercer lugar, también porque la Iglesia en su conjunto y Cáritas en particular han hecho esfuerzos para llamar a más gente a que colaboren y lo hagan de una forma más intensa.

– ¿Vale cualquiera como voluntario de Cáritas o hay que cumplir unos requisitos?

Cualquiera puede valer, pero no cualquiera vale para cualquier cosa. Por ejemplo, una persona de 80 años  igual no es la más apropiada para trabajar el tiempo libre deportivo con los chavales. Es decir, todo el mundo tiene algo que hacer, pero no todo el mundo vale para todo. Hay proyectos de más exigencia, de más dedicación, que necesitan más conocimiento. Nadie puede trabajar como voluntario-abogado si no es abogado. Es decir, que hay una serie de requisitos dependiendo de los proyectos y de los programas.

-¿Cómo ve el trabajo que se desarrolla en Cáritas Castilla y León? ¿Qué peculiaridades presenta que no hay en otras regiones?

Hay una base común que es la atención a los colectivos más excluidos: migrantes, drogodependientes, personas sin hogar, etc.,  y que son el tronco común en todas las Cáritas: la atención a los últimos no atendidos, a aquellos que nadie quiere atender. En Cáritas respondemos a una triple cuestión: queremos estar donde nadie quiere estar, queremos estar con los que nadie quiere estar y queremos estar como nadie quiere estar, que es desde la cercanía y la proximidad.

En Castilla y León hay una peculiaridad que es su geografía y demografía. Tiene un ámbito rural muy grande y una población muy envejecida, y esa atención a las personas mayores, a la soledad de los pueblos, a la articulación de ese tejido social que muchas veces vive en pueblos pequeños de pocas personas es algo muy propio de Castilla y León, y que están afrontando y confrontando con energía.

– Pasando al ámbito nacional y con los datos que maneja Cáritas, ¿se está avanzando en la superación de la pobreza que tanto ha aumentado en los últimos años?

Tenemos que ser cautos con las palabras y las afirmaciones: Depende de lo que llamemos salir de la crisis, estaremos saliendo o no saliendo. Si por salir entendemos un incremento del Producto Interior Bruto, entonces es verdad que hay grandes síntomas de mejoría. Pero si salir de la crisis significa erradicar la pobreza y la injusticia, estamos en plena crisis. Sí es verdad que en los dos últimos años ha sucedido que la extensión de la pobreza ha disminuido un poquito, o más bien se ha estancado, pero también tenemos que afirmar con mucha contundencia que la pobreza se intensifica, es decir, que los pobres son más pobres. Ha habido un empobrecimiento de la pobreza y estamos construyendo una sociedad cada vez más dual. Y en ese sentido no estamos saliendo de la crisis, sino que estamos profundizando en ella. Los pobres son cada vez más pobres, están más ausentes los derechos sociales y la participación en el acceso en las necesidades básicas para la vida, lo que está provocando que se abra una brecha entre los que tenemos acceso a bienes y servicios y los que no lo tienen.

– En muchas ocasiones ha hablado sobre economía solidaria, ¿en qué consiste?

Diría que la economía solidaria es una economía que surge de la Doctrina Social de la Iglesia, y está hecha a la medida de la persona, siendo además una economía de la gratuidad, como decía Benedicto XVI. Eso quiere decir que pone en el centro no el beneficio económico, sino la persona  y que en todo su proceso quiere fomentar y potenciar la gratuidad. La economía solidaria es ese conglomerado de acciones que va desde la economía social, y que son empresas de base social, al comercio justo, que es aquel comercio con países del Sur y respeta que no trabajen niños, que los trabajadores cuenten con derechos laborales y sociales; también pasa por la banca ética, que está hecha a la medida de las personas y sus necesidades, no simplemente del lucro y del enriquecimiento fácil. Es por tanto una economía responsable.  En resumen, es la articulación de esos cuatro elementos: una economía de base social, una fianza ética, un comercio justo y un  consumo responsable.

(Archidiócesis de Burgos)

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