Ser «lámpara» ante el «sagrario»

Mons. Ángel Pérez Pueyo          Aquella carta de Agustina —de la que ya os he hablado en alguna ocasión— indicándome cómo deseaba que celebrara sus exequias, me dejó realmente «tocado». Sobre todo el final cuando me decía: “Sabes cuánto hubiera deseado tener un hijo sacerdote…

No pudo ser porque Dios me regaló dos hijas. Sin embargo, me ofreció tu amistad para que fueras mi «lámpara» ante el «sagrario»”. Es ella desde el cielo y las cuatro comunidades contemplativas de nuestra Diócesis quienes son mis grandes intercesores ante el Padre. Nunca podré agradecerle cómo aquellas palabras me hicieron entender la función mediadora de mi sacerdocio y de [email protected] [email protected]… como verdaderas «lámparas» ante el «sagrario» de cada uno de los que el Señor nos ha confiado su cuidado pastoral.

La oración cristiana efectivamente no es, como algunos imaginan, una «máquina expendedora», que echas una moneda y te sale indefectiblemente el producto solicitado. Cuántas veces me habéis pedido que intercediera ante Dios o le habéis reprochado no haber sido dignos de su favor. La oración es un ejercicio de fe, no se la puede encerrar en el ámbito de la magia ni de la superstición, instrumentalizando a Dios. Nuestras peticiones pueden chocar con su silencio. Silencio que nunca se debe a la resistencia de Dios ya que es Él mismo quién las suscita: “Pedid y recibiréis”, sino que sirven para purificar y profundizar nuestra fe y la confianza de nuestra oración. El clamor de la plegaria continúa el grito de la fe de tantas personas que suplicaron a Jesús por los caminos de Palestina. Basta con que tengamos fe aseguró Jesús. La oración, cuando es auténtica como la que nos enseñó y practicó el Maestro, brota de una fe viva, que la expresa y la alimenta. Toda nuestra vida cristiana ha de ser oración y diálogo con Dios a nivel personal y familiar, comunitario y eclesial. La oración es el clima apropiado y la temperatura ambiente ideal para que funcione bien nuestra vida espiritual.

La oración, aunque no hayamos obtenido lo que humanamente deseábamos, es siempre eficaz porque Dios nos garantiza su Espíritu Santo. Es la voz de Dios, como en el bautismo o en la transfiguración de Jesús, que nos garantiza su protección, que nos invita a abandonarnos en sus brazos porque somos sus hijos muy amados. Y por ende, hermanos de todos los hombres. Es el Espíritu quien nos hace más creyentes y más humanos, más sinceros ante Dios y mejores por dentro, más fuertes en nuestra debilidad y más personas, más alegres y generosos, más entregados y esperanzados, más serviciales y transparentes… porque permanecer en la fe y en la oración nos conduce a obrar el bien, a practicar la misericordia ¿Quién no ha experimentado que cuando pide por un enfermo o por una necesidad no siente el anhelo de ayudar o consolar? Al rezar nos adentramos desde el corazón de Dios en los problemas del mundo, de las personas y descubrimos la forma de afrontarlos a la vez que adquirimos la fuerza para compartirlos y sobrellevarlos juntos.

Tened la certeza de que Dios es Padre y no nos va a abandonar aun en medio de las dificultades que podamos tener, ni de los miedos, de las depresiones, de la soledad o de los desengaños. Aquí está la eficacia de la oración hecha con fe. Oración verdadera que surge de una actitud de confianza, suceda lo que suceda, estamos en las manos de Dios. Conscientes de que no sabemos pedir lo que nos conviene, el Espíritu mismo es el que intercede por nosotros…. Por eso, orar no es más que abandonarse al Espíritu. No es sólo pedir favores a Dios, ni es un monólogo contigo mismo sino un encuentro personal con Dios, un diálogo abierto que nos libera y llena de sentido nuestra vida.

A Dios lo podemos escuchar y le podemos hablar cuando entramos en contacto íntimo con su Palabra, en la Eucaristía, en los demás sacramentos, en la oración personal, a través de la naturaleza, de los acontecimientos de la vida, en el encuentro con las personas…

Mantengamos alzados los brazos como Moisés intercediendo por los que están peleando en el llano. La Eucaristía, se torna canto de alabanza, de acción de gracias, de petición de ayuda o de perdón… de silencio o del Amén.

Con mi afecto y bendición

+ Ángel Pérez Pueyo
Obispo de Barbastro-Monzón

Mons. Ángel Pérez Pueyo
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- Mons. Ángel Javier Pérez Pueyo, natural de Ejea de los Caballeros (Zaragoza), nace el 18 de agosto de 1956. Es el segundo hijo del matrimonio (+) Rodrigo Pérez Fuertes (1.III. 1924 – 1.III.2012) y (+) Carmen Pueyo (21.II.1929 – 19.IV-2005). Su hermana, (+) Mª Concepción (19.V.1954 – 27.VII.1998), se queda paralítica cuando tenía catorce meses como consecuencia de una poliomielitis aguda. - A los 10 años de edad ingresa en el Seminario Metropolitano de Zaragoza. De 1966 a 1971 cursa sus estudios de bachillerato en el Seminario Menor. En 1972 pasa al Seminario Mayor donde estudia COU y como es demasiado joven para iniciar los Estudios Eclesiásticos los formadores le recomiendan que inicie la Etapa Introductoria y estudie Magisterio en la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado de Educación General Básica “Virgen del Pilar” que se hallaba ubicada en el mismo edificio del Seminario. En 1974 inicia sus Estudios Eclesiásticos en el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). - En 1977 va a Salamanca al Aspirantado “Maestro Ávila”, ¾casa de formación que los Sacerdotes Operarios tienen en España¾, donde cursa los tres últimos años de Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca. Posteriormente realiza estudios de licenciatura en Filosofía y Ciencias de la Educación en la Universidad Civil de Salamanca. - A los 23 años, el día 19 de marzo de 1980, es ordenado sacerdote por Mons. Antonio Vilaplana Molina en Plasencia (Cáceres) donde había sido enviado por los Superiores de la Hermandad para realizar la Etapa de Pastoral como formador y profesor en el Seminario Menor de dicha Diócesis. - Al finalizar el curso 1979/80 es destinado al Seminario de Tarragona. Desde 1980 a 1985 desempeña su labor formativa en el Seminario Menor como responsable de los seminaristas y como tutor y profesor del Colegio-Seminario. - En 1985 es nombrado Rector del Aspirantado Menor de Salamanca. Colabora como profesor y tutor en el Colegio “Maestro Ávila” impulsando el trabajo de pastoral juvenil y vocacional con los alumnos y profesores del mismo colegio. - En julio de 1990, en la XVIII Asamblea General, es elegido miembro del Consejo Central y se le responsabiliza de la Coordinación Pastoral de la Hermandad. Durante este tiempo coordina la preparación y dirección de los Cursos para Formadores de Seminarios que se impartieron en Buenos Aires (Argentina), en Caracas (Venezuela), en Lima (Perú); colaboró en el diseño del Curso para Formadores de Seminarios organizado por la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la Conferencia Episcopal Española que se viene celebrando durante el verano en Santander; y colabora como profesor en el Curso para Formadores de Seminarios de lengua española-portuguesa, organizado por la Congregación para la Educación Católica, que se imparte en el Pontificio Colegio Español de San José y en el que participan formadores de diferentes países Lati­noamericanos. En 1994 participa en Itaicí (Brasil) en el I Congreso Continental Latinoame­ricano de Vocaciones. - En julio de 1996, en la XIX Asamblea General es elegido Director General de la Hermandad de Sacerdotes Operarios hasta el año 2002. En 1997 participa en el Congreso sobre secularidad del presbítero diocesano organizado por la Comisión Episcopal del Clero de la Conferencia Episcopal Española. – En julio de 2002, en la XX Asamblea General, celebrada en el Pontificio Colegio Español de San José de Roma (Italia) es reelegido por mayoría absoluta en primera votación. −El pasado 22 de mayo de 2008 la Hermandad ha recibido de la Santa Sede la aprobación como Asociación Sacerdotal de Derecho Pontificio, tal como soñó desde el comienzo Mosén Sol. Y en julio de 2008, por coincidir con el 125 aniversario de la Fundación de la Hermandad y el I Centenario de la muerte del Beato Manuel Domingo y Sol, se celebrará en Tortosa la XXI Asamblea General. – En septiembre de 2008, al concluir su mandato como Director General, es nombrado Director del Secretariado de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la Conferencia Episcopal Española. – El 2 de agosto de 2013 es nombrado Rector del Pontificio Colegio Español de San José en Roma por la Congregación del Clero. – El 27 de diciembre de 2014 es nombrado por el Papa Francisco Obispo de Barbastro-Monzón.